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Israel en “Mundos opuestos 2″: un mar de dudas

14 enero 2013 • Columnas de opinión

Columna de Jimena Villegas para El Mercurio, donde reflexiona sobre los límites y responsabilidades de la TV con respecto de personajes televisivos con situaciones legales pendientes. Reflexión que en los canales y programas de entretención, lamentablemente, no se ha realizado.

El programa se llamaba “Interviews Before Execution” (entrevistas antes de la ejecución) y era un talk show. En él una afamada conductora del Henan Legal Channel abría ancho micrófono a condenados a muerte, todos protagonistas de hechos muy violentos. Cada capítulo estuvo entre lo más visto del día en una provincia del centro este de China. Pero el año pasado ese espacio rarísimo, que existía desde 2006, fue retratado por un programa de la BBC: desató un escándalo. Finalmente el 12 de marzo el gobierno chino, salpicado por la vergüenza internacional, canceló la emisión.

¿Estamos de acuerdo, verdad? Un programa así es indiscutible: espanta de modo bien transversal. No sólo vulnera los derechos de quienes van a morir. También corre el riesgo de transformar en héroes a villanos de carne y hueso. Es, qué duda cabe, una propuesta extrema en torno a la privacidad. ¿Pero qué pasa cuando, en vez de esa certeza, hay una larga escala de grises? ¿Dónde está el límite? ¿Qué fechorías están permitidas antes de provocar el rechazo? ¿En qué minuto se pierde -o se gana- la vergüenza? ¿Qué sucede, por ejemplo, si a quien se le pasa el micrófono sólo se fugó de Chile en 2008 dejando atrás a una hija de meses, fue imputado en ausencia por hurto y falsificación, tuvo sobre sí una orden de extradición y fue sobreseído gracias a un acuerdo reparatorio con quienes lo perseguían? En tal caso, que es el de Mauricio Israel Avram, ¿el delito ya añejo y semienterrado deja de importar porque lo relevante es el beneficio de la sintonía?

El ex comentarista deportivo -que hoy vive en Estados Unidos- fue fichado por “Mundos opuestos 2″, el nuevo reality show de C13, cuyo debut es esta noche. Desde su llegada al país causó conmoción y, a horas de la partida, era ya una de las grandes cartas ganadoras del espacio. No por eso, sin embargo, la circunstancia de su regreso triunfal a la pantalla deja de merecer dudas. Y muchas.

¿Corresponde que, en la promoción previa, la conductora Karla Constant diga literalmente que Israel “es un crack”? ¿Hay que llamar a “los jóvenes” a ver el reality para “aprender de ese hombre”? Y, más importante, ¿qué hay que aprender? ¿El valor de la seducción representado en cuatro mujeres distintas, como se decía alegremente en el matinal “Bienvenidos”? ¿O -mucho mejor- el mérito del arrepentimiento honesto? ¿O, como transparentó un amigo de Israel a este diario, una estrategia para mejorar la propia imagen en pantalla? ¿Quizá el camino a seguir para embolsarse $20 millones al mes? ¿O, tal vez, un método eficiente para evitar que ese dinero del show pase por bancos chilenos y llegue en vez de eso a una institución norteamericana, donde no hay deudas pendientes?

Sí, son muchas las dudas, la verdad. Tantas que no caben aquí. Y, si bien es cierto que toda persona merece una oportunidad (incluso algunos de esos asesinos de la TV china), no es menos cierto que la redención -si es que la hay- no tiene por qué verse en pantalla. Ni por todo el rating del mundo.

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