“Jugar a ser militar por televisión es patético”

trinidadPor Gabriela García / La Nación /Trinidad González dirige “Fiesta” y vuelve a actuar en “Diciembre” en el Centro Mori /Acerca de un Chile nostálgico habla el nuevo proyecto de una de las actrices de Teatro en el Blanco, la compañía joven más destacada del panorama actual. Buscando respuestas para la angustia, aquí se detiene en la sombra de la dictadura, la basura de los realities y los sueldos de las estrellas de televisión.

Trinidad González está en el hospital. Una de sus amigas está internada y la gente que se ubica en la sala de espera no despega los ojos de “Pelotón”.

“El televisor encendido acalla sus tormentos”, piensa en voz baja. Como una canción monótona y chillona, se parece al rumor que despojan las celebraciones de la estupidez. Ésas que la actriz de “Neva” y “Diciembre” intenta representar en el Centro Mori, ahora como directora de “Fiesta”.

Convencida de que “el teatro tiene que tener un valor social y político”, quien ganó un Premio Altazor por su interpretación de Olga Knipper en “Neva” (la mujer que arrulló a Chéjov al momento de su muerte) construye un lenguaje abstracto -inspirado en la danza, la pintura y las películas de Jim Jarmusch- para satisfacer sus obsesiones. Éstas tienen que ver con hombres cansados de llevarse puestos o un Chile que ha perdido el sentido. “El país en el que crecimos, el de la lucha contra la dictadura, ahora es otro y no nos pertenece”, dice González abriendo unos ojos que siempre parecen estar al borde del estallido. “Esa sensación nostálgica es como una sombra. Toda la sociedad está construida para que vivamos de forma exitista, competitiva y absolutamente individual. Y uno empieza a vivir de manera súper sola, a toparse con demasiada angustia, depresión, amargura y desencanto”, agrega.

PAÍS DE NADIE

Ésa es justamente la atmósfera que envuelve el montaje. En el living de una casa, un montón de desconocidos se reúne en torno a una mesa plagada de botellas de alcohol. Las horas van masticándose como un chicle rancio.

“Este carrete no tiene celebración ni música. Al estilo chileno, la risa o el diálogo se inicia producto de la embriaguez y no porque haya algo que celebrar. La sociedad es una fiesta estúpida que baila en silencio con el vacío y el sinsentido”, dice González, pensando en los altos niveles de ravotril que marca un Santiago que se ha vuelto agresivo y atrofiado emocionalmente. “Da lo mismo si la fiesta está empezando o terminando, nadie quiere volver a la soledad de la noche”, cuenta la actriz sobre “Fiesta”, emulando una cadena de risas con resaca que se vuelven ruido.

La melancolía cruza la segunda parte de una especie de trilogía sobre la soledad que la directora partió con “Insomnio” y que rematará en el futuro con “Intimidad”. En “Fiesta”, explica, más que una obra ve una partitura. Una música que González compuso desechando algunos hábitos, como la televisión basura. Y es que no sólo la dictadura es culpable de esa tristeza existencial que se fuma el transeúnte del Paseo Ahumada. “La estupidez tiene que ver con la desmemoria, con la inconsciencia. Y en ese sentido, la influencia de la TV basura es atroz. ¡¿Cuánto tiempo llevan esos pelotudos encerrados y vestidos de época en Canal 13?! ¡Etiquetados de criados y señores! ¡Es terrible! ¿Y “Pelotón? ¡Son milicos! Justo lo que no debiéramos tener. Jugar a ser militar por televisión es patético”, dispara la mujer que junto a su otra compañía, Teatro en el Blanco, también volvió a reponer “Diciembre”, el montaje que desnuda el conflicto entre Chile y Perú.

“La estupidez es tan antigua como la historia de la humanidad. El problema es que ahora hay demasiados espacios para que esa idiotez se manifieste”, insiste González. Y entonces recuerda los exorbitantes sueldos de los actores de teleseries publicados por un diario. “¿Cómo puede ser que por hacer una teleserie ganes ocho millones al mes? Es tan fuera de la realidad”, comenta, “Yo no podría. Lo encuentro inmoral, derechamente. Sobre todo en una sociedad donde hay gente que no tiene cómo mantener su casa. Mi conciencia no lo podría soportar”, agrega sobre un sistema de estrellas que incluso, fuera de pantalla, ya le trae sus propios sufrimientos. “Cuando en un mes he estado en cinco países distintos me da pena pensar en gente que nunca ha tomado un avión, que nunca ha salido de su pueblo. En ese sentido, si yo estoy del otro lado, creo que tengo una responsabilidad al respecto y ésta es hablar de lo que nos está pasando como país. Porque si no, mi vida es sólo mía. Y mi trabajo se traduce en que soy buen actor y que me aplauden bonito. ¿Qué diferencia tiene eso con la Raquel Argandoña?”, dice quien a partir de septiembre y junto a Teatro en el Blanco girará por Brasil, Uruguay, Cuba, Buenos Aires y Rusia, entre otros destinos.