Karen Doggenweiler defendió su rol en “Tolerancia Cero”

karen D.La prensa sigue recogiendo reacciones por el caso Doggenweiler. En El Mercurio dominical el columnista Carlos Peña reflexiona sobre la relación entre fama y política afirmando que el oficio de una persona no debe ser razón para inhibir la libre expresión de sus preferencias políticas y la agencia Orbe recoge las principales intervenciones de la conductora anoche en el programa “Tolerancia Cero”, donde defendió su rol en la campaña presidencial de su esposo.

Lea a continuación la columna de Peña y el artículo de la agencia Orbe:

Carlos Peña / El Mercurio / Fama contra fama

¿Es justo quejarse porque una conductora de televisión participa en una campaña presidencial?

Las reglas no establecen prohibiciones de ninguna índole para que cualquiera, gastando su tiempo y su dinero, lo haga. El oficio (salvo el de las armas) no debe ser motivo para inhibirse de manifestar, incluso en forma altisonante, las propias preferencias.

En suma, el derecho de una persona a participar en una campaña es independiente de la forma en que se gana la vida.

Por eso las críticas que insinuó el comando de Frei por la participación de Karen Doggenweiler en la campaña de Enríquez-Ominami no sólo fueron erróneas (puesto que no había ninguna razón que las amparara) sino que además fueron torpes (no parece sagaz maltratar a quien es mecida por la cultura de masas).

Lo que se dice de Doggenweiler vale también, sin embargo, para los funcionarios públicos.

Si no emplean los recursos del Estado -si hacen campaña en sus horas libres y no usan su cargo para extorsionar a nadie a favor de su candidato- esos funcionarios tienen todo el derecho de hacer campaña. Al final, no hay mucha diferencia entre un funcionario cuya influencia deriva del hecho que participa del aura y del poder del Estado, y una figura de televisión cuya popularidad y capital simbólico deriva del hecho que participa en programas de alta audiencia.

Bajo este respecto Karen Doggenweiler y un ministro de Estado deben ser tratados igual.

En una sociedad abierta usted puede hacer con su tiempo libre lo que le place. Invertirlo en actividades filantrópicas, egoístas, religiosas o lo que fuere. Es su tiempo. Y entonces también puede, si así lo decide, donarlo a la campaña política de su preferencia. Pero si una persona común y corriente puede dedicar parte de sus horas a una campaña ¿por qué no podrían hacerlo los funcionarios públicos o las figuras de la televisión?

Lo que ocurre -suele decirse- es que las figuras públicas poseen una reputación que no les pertenece. Su prestigio y su influencia son el resultado de un conjunto de recursos, publicitarios o de otra índole, que les son ajenos. Por lo mismo, cuando esas personas utilizan su prestigio para favorecer una opción política, estarían usando, se dice, recursos que no son suyos. Un rostro de televisión sería fiduciario de las audiencias, del mismo modo que un ministro sería custodio de los recursos de todos. Y ni la figura de televisión podría aprovechar la confianza del público a favor de sus opciones personales, ni el funcionario la inevitable aura del Estado a favor de la suya.

Suena plausible; pero no lo es.

Como nadie puede separar qué parte de su reputación es suya y cuánto de ella se debe a la institución donde se desempeña (Doggenweiler no puede saber cuánto de su reputación es talento y cuánto resultado del embrujo televisivo, ni el ministro cuánto de su prestigio se debe a él y cuánto al aura del Estado), el alegato anterior conduce a algo inadmisible: para evitar del todo que se usen recursos ajenos, habría que prohibir que ciertas personas, en razón de su oficio, participaran activamente en política ¿Habrá alguien dispuesto a defender eso que, en el extremo, obligaría a enmudecer al mundo de la cultura y el entretenimiento?

No hay duda. Todos (salvo los que van armados) tienen derecho a participar activamente en las campañas. Es parte del derecho que asiste a los ciudadanos de apoyar con sus recursos (sea dinero o sea prestigio) a la opción de su preferencia.

Pero si no cabe duda de que todos pueden participar, tampoco la hay que el gasto electoral no puede ser ilimitado.

La regla vigente (la misma que permite que un ministro o una animadora participen) exige que el gasto electoral no exceda un cierto límite. Por ello el Servicio Electoral está obligado a avaluar en dinero el trabajo del personal de campaña (artículo 2, letra i, Ley 19.884) ¿Deberá incluir el valor del tiempo de las figuras televisivas echando mano, por ejemplo, a los valores del mercado publicitario?

Parece justo; pero no es sensato.

Como el tiempo de cada uno vale distinto (en el mercado el tiempo de un obrero, por ejemplo, es más barato que el de un profesor) si esa regla se aplicara a ultranza, el resultado sería ridículo: habría que valorar el trabajo de quienes participan en campañas atendiendo a su oficio. Algo así es posible; pero es infernal.

Y la política ya es suficientemente parecida a un infierno.

Karen defiende su participación en campaña de su esposo

ORBE/ Ante los dichos de la semana pasada emitidos por el vicepresidente de la DC, Andrés Palma, sobre la participación de Karen Doggenweiler en la campaña presidencial de su esposo, Marco Enriquez-Ominami, la conductora de tele visión, se defendió, afirmando que estos ataques forman parte de “una campaña del terror, que ha sido terriblemente sucia e injusta”.

“Estos ataques a mi también me duelen. Si dicen algo de Marco en sentido común también me afecta, cuando lo tratan mal. Lo que pasó esta semana fue muy duro. Todo esto que ha pasado ha sido muy pesado, muy cruel”, aseguró la periodista.

En este sentido, Doggenweiler indicó que a Enríquez “de verdad lo han tratado muy mal. Marco lo que ha hecho es defenderse y defenderme, y que en verdad ha sido un nivel de agresividad que a mi me cuesta encontrar otro ejemplo grande”.

Consultada sobre si ha recibido ataques verbales de parte de personajes ajenos a la campaña política de su marido, la conductora de TVN confesó, en entrevista con Chilevisión que “me ha pasado, creo que va a ser cada vez más. Esto partió de una manera, y Marco dejó de ser un candidato testimonial, y se está transformando en una real opción de ser Gobierno y Presidente de Chile.