La ácida pluma que sepultó a Marcelo Rozas
Felipe Saleh / El Mostrador / Culto y muy respetado por sus amigos, en la DC es uña y mugre con Gutemberg MartÃnez, fue parte del histórico grupo de los “salvadoreños”, y algunos incluso ven su huella en el famoso “Carmengate”. Fanático de los libros y el cine, el filósofo que terminó de irritar a la Presidenta, ya habÃa insinuado en una anterior publicación de prensa que no dejarÃa de cultivar la crÃtica al poder aunque fuera parte del juego. Mal que mal, siempre ha coqueteado con los medios: desde la radio y una editorial, hasta la revista Hoy, a la que intentó convertir sin éxito en la más irreverente de la transición.Marcelo Rozas lleva años asociado a los medios. A fines de los 70′ fue director de la radio Balmaceda, vinculada a la DC, y luego fue el penúltimo director y propietario de la revista Hoy, históricamente asociada a la Falange. Pero nunca una columna como la que escribió el 19 de marzo en Capital le habÃa salido tan cara.
En el texto Rozas criticaba la Cumbre Progresista de la semana pasada refiriéndose a los lÃderes invitados como exponentes del “socialismo de balneario”. Mucho antes de que Bachelet le pidiera a Mariano Fernández que llamara a Rozas para comunicarle que tenÃa 30 dÃas para dejar la embajada en la República Checa, la presidenta ya lo contaba entre los funcionarios que estaban a punto de agotar su lÃnea de crédito con ella.
El 28 de marzo de 2007 Marcelo Rozas firmó en La Tercera una columna titulada “¿Qué hará Mary Poppins si Irán se instala en América Latina?”. En ella Rozas rebate una frase de José Luis RodrÃguez Zapatero para afirmar la tesis de que no cualquiera puede ser presidente, dirigir la orquesta o “mover el palito”, refiriéndose a la batuta del liderazgo. Jamás nombra a Bachelet, pero define a los polÃticos “Mary Poppins”, aquellos que actúan como niñeras de un paÃs que de tan bien que anda, no necesita mayor conducción.
“La orquesta suena bien, pero mientras la economÃa funcione relativamente bien, el precio de las materias primas tenga un nivel internacional aceptable, seguirán existiendo los polÃticos tipo Mary Poppins, que podrán dedicarse a cuidar que fumemos menos, mejorar un poco la salud, otro poco la educación, otro poco la vivienda, como una buena niñera. La pregunta es: ¿que hará Mary Poppins si Irán se instala en América Latina? En esos momentos hay que decirle suavemente a la mujer al oÃdo: “Necesitamos a Zubin Mehta o a Duke Ellington”, escribe Rozas en el último párrafo, tal vez el más ilustrativo, que demuestra también el estilo irreverente que ha cultivado a lo largo de su vida.
El The Clinic que no pudo ser
En 1989 Rozas entró a la propiedad de la revista Hoy, una publicación que por más de doce años estuvo contra la dictadura, pero siempre fiel a la fórmula Time. Desde el primer número en que tuvo el control, dejó entre otras cosas de escribir la columna del director, hasta entonces el baluarte editorial más sagrado de la publicación, que sólo habÃa dejado de aparecer cuando el gobierno de Pinochet la censuró expresamente.
“DirÃa que no hubo cálculo, no hubo un proyecto general que fuera para un lado u otro, si algo nos cargaba era creernos que Ãbamos para algún lado”, dijo Rozas para el libro “Revista Hoy: 1108 ediciones con historia”, de las periodistas Paula Mobarec y Dominique Spiniak.
“Él y su equipo querÃan hacer algo rupturista, como lo hizo The Clinic años después, contra la iglesia y el poder, rompieron con el esquema antiguo y eso provocó que el público y los suscriptores se alejaran”, dice el ex director Abraham Santibáñez. En el equipo que dirigÃa Rozas estaban entre otros Antonio MartÃnez, Mauricio Gallardo ex editor general de LUN, y Axel Pickett.
La idea de Rozas de “seguir la transición pero sin estar dentro de ella” como dijo en el libro, no duró mucho tiempo y en febrero de 1994 se concreta la venta de la editorial Araucaria, gestora de la publicación a un grupo de empresarios encabezados por Sergio Melnick. Rozas quedó con una participación minoritaria mientras el director fue Ascanio Cavallo, hasta el cierre de la revista en 1998.
Descrito por sus amigos como lector compulsivo y fanático de la música, Rozas tiene conexiones que atraviesan la natural esfera polÃtica de la falange. Entre sus amigos en la Alianza se se cuentan Andrés Allamand, Juan Antonio Coloma y Hernán LarraÃn. Mientras, en el PS mantiene buenas relaciones con Ricardo Núñez y Marcelo Schilling, y además comparte membresÃa en el grupo München, junto a Jorge Burgos, José Miguel Insulza y otros notables del llamado Mapu-MartÃnez, suerte de accionistas controladores de la Concertación. Cuando todos coinciden en Chile se juntan sagradamente a comer los jueves.
Carmengate
En la Democracia Cristiana es fácil identificar su tendencia gracias a su amistad con Soledad Alvear y Gutemberg MartÃnez, la que mantiene desde que Rozas estudiaba FilosofÃa en la Universidad Católica y era dirigente de la JDC. Gracias a esa posición, como encargado de relaciones internacionales, viajó a fines de los ’70 hasta El Salvador para apoyar con trabajo polÃtico al presidente DC de ese paÃs, José Napoleón Duarte, en el intento de frenar las guerrillas de izquierda, junto a un equipo de otros decés entre los que estaban el ex alcalde de Chaitén, José Miguel Fritis, Giacomo Marasso y el ex miembro del Tribunal Constitucional Mario “Peta” Fernández, entre otros.
Rozas iba y venÃa a Chile donde mantenÃa la editorial “Andante”, dedicada, con fondos de Estados Unidos, a publicar libros de ciencias sociales contra la dictadura de Pinochet. La amistad con Gutemberg MartÃnez, según fuentes falangistas, lo involucra en el famoso episodio de la adulteración de los padrones del partido en 1988, mediante el que se eligió a Patricio Aylwin como candidato presidencial por sobre Gabriel Valdés. El escándalo se conoce como “Carmengate”. “El Carmengate pasa fundamentalmente por él” asegura un antiguo militante DC que lo conoce desde mediados de los 80′.
Todo este bagaje internacional, incluido su cargo en la Agencia de Cooperación Internacional (AGCI), cargo que ocupaba antes de ser embajador en República Checa, lo convierten en “un analista muy consultado, es una persona muy inteligente”, dice su amigo el diputado Roberto León, quién se comunicó con Rozas horas después de que se conociera su salida del Servicio Exterior por la columna en Capital. “Está muy tranquilo, él no es alguien que necesite trabajar para pagar sus cuentas, lo hace porque le gusta”, dice León.
Marcelo Rozas es casado con Michelle Reymond LarraÃn, que heredó un importante patrimonio, de hecho fue ella la que figuró como propietaria de la revista Hoy cuando se hizo el traspaso de la Editorial Araucaria. Ahora cuando vuelva a Chile el 1 de mayo tal vez pueda cumplir el deseo que siempre transmitÃa a sus amigos: “DecÃa que si pudiera se quedarÃa todo el dÃa leyendo”, cuenta Abraham Santibañez.


Navegando por Internet me encontré con dos piezas interesantes:
La primera, una entrevista a José Miguel Fritis que tuve el gusto de compartir en mi Facebook. Un modesto homenaje a un gran amigo y mejor demócrata cristiano.
La segunda, este artÃculo sobre Marcelo Rozas. Se me vinieron muchos comentarios a la mente, de verdad.
Pero me quedo con uno: Yo no participé en el “Carmengate”. VivÃa y trabajaba en El Salvador, como es sabido. Pero a estas alturas de la historia doy gracias a Dios que el elegido en esa Junta Nacional de 1989 fuera Patricio Aylwin y no el otro.
¿Se imaginan que el primer Presidente de la Concertación hubiera sido uno que poquito tiempo después exhibió una incomprensible condescendencia con el Dictador Pinochet?
¿Y que hace menos de un año atrás grabó avisos radiales para un candidato en perjuicio de otro demócrata cristiano?
De la que nos salvamos…