La amena muerte de los media

verdu_ficha_grandeVicente Verdú / periodista y escritor / Blogs / Los periódicos, los medios de comunicación, poseen su propio y poderoso sistema interior. No un sistema cualquiera para vender más, para subsistir o persistir, sino un sistema intrigante, tan conspirador como mortífero, que le asegure la dotación de una especie de noticia primordial. Porque no toda noticia, por grande que sea, es suficiente para el necesario vigor del sistema sino aquel tipo de noticia que contiene una dosis venenosa, aguda o mortífera, con la que acentuar el adobo de su producto típico que en general gira alrededor del horror.O, dicho de otro modo, así como el negocio de una confitería sería inconcebible sin sacos de azúcar y la organización de confiteros caería en bancarrota con su falta, el medio de información requiere necesariamente del condimento de la muerte para llegar al punto crítico, punto de nieve, en el paladar del comprador.

Sin muerte bajo todas sus formas, como el azúcar en todos sus diferentes preparados, no cabe imaginar la permanencia del periódico y toda su cohorte de satélites en la comunicación. El receptor se dispone ante el papel o la pantalla esperando degustar el inconfundible tono de la mortalidad, la aspereza del accidente, el deleite del asesinato, la amargura de la inundación. O, como en el caso actual, el pringue del miedo pegado a la gripe mortal. La defunción al éxito de la información lo que la caridad al logro de la Salvación. Cuando lo criminal y lo caritativo se juntan forman una combinación de un atractivo incomparable y la razón no es otra que el preparado blanco/negro en que se conjuga como por ensalmo el mal y el bien. Así, en el caso de las grandes catástrofes se mezcla enseguida el dolor de la tragedia y la bondad de la Cruz Roja, los sacos con los cadáveres y los sacos con azúcar, la matanza de muchos seres humanos y la ayuda piadosa que llega en aviones, aunque siempre, según el guión básico, necesariamente insuficiente puesto que en su plétora anularía tanto el crimen como el goteo de una muerte y otra, una noticia y otra más.

En la situación actual y porcina, la epidemia realiza de manera culminante este modelo de alimentación informativa, tanto psicológica como moral o vital. Gracias a la epidemia -y no digamos si es “pandemia”, a escala de la misma globalización- la multitud recibe, en dosis debidamente administradas, sorbos de muerte que sin ser a granel evocan la masacre al espectacular. ¿Una enfermedad misteriosa venida del cerdo? El crimen añade esta vez, a su posibilidad de deleite, la intriga de sus peripecias transmisoras, el misterio de los afectados jóvenes, la magia de un México que enferma con sólo respirar en su vastísimo interior.

El gusto por la ignorancia, la indefinición y el mismo azar, componen la oferta de los mass media que deben servir inexorablemente a los dictados de la amenidad. ¿Una crisis económica? Ella fue la primera pandemia, desde Estados Unidos a Indonesia, desde Nueva Zelanda a Galicia o Castilla-Leóon. Pero no se puede estar sirviendo crisis económica sin término, exigiendo mascar el mismo sabor, meses y meses, a la muchedumbre de por sí aburrida.

La peste porcina acude pues, dentro del sistema general de la información, para cooperar a nuestras vidas introduciendo muertes de una inesperada tonalidad, para rociar nuestra existencia mediante noticias remotas y no remotas que desarrollan la conversación y el temor. De otro modo perderíamos todo interés por la información y perdiendo interés por la información ¿quién podría esperar que existieran medios de información y nuestra vida continuara siendo como la conocemos?

El estremecimiento a causa de la amenaza de la Gran Crisis Financiera o debido a la Gran Crisis Porcina trae consigo la garantía de que la sustantiva industria de la información mantiene su futuro. Muerte y mass media. Mass media y muertes en masa son la pareja de una danza que protege la noticia y con ella la idea de vivir todavía. De vivir incluso pendientes de un hilo, excitadamente, peligrosamente al borde de la rotativa, la web o el rumor.