La fiesta de Farkas a los periodistas

azocarAndrés Azócar / director de Periodismo UDP / La fiesta que dio Leonardo Farkas a los periodistas y corresponsales de prensa que cubrían el Festival de Viña fue patética por el lado en que se le mire: los periodistas exigiendo una celebración a gritos, el interpelado aceptando mientras filtraba la cifra de la poca espontánea reunión y algunos medios (editores y directores) permitiendo que sus periodistas concurrieran a un “carrete” con cero significado profesional. Pero el hecho no es novedad, por desgracia, en el trabajo periodístico.
No con la misma vulgaridad que la fiesta de Farkas, pero es habitual que algunas empresas de comunicación estratégica hagan fiesta de fin de año para los periodistas de los medios y también que algunas compañías manden regalos a editores para Navidad. La relación entre “protagonistas” o empresas con periodistas es común, compleja y, en muchos casos, digna de una mayor discusión. Como es el caso de lectoras de noticias que aparecen como rostros de multitiendas y algunos periodistas son la voz de las tandas comerciales en las radios. Mal o bien, estás prácticas son un hecho y a pesar de estar muy lejos de la vulgaridad de exigir una fiesta a un millonario de billetera fácil, lo que sorprende es que no se discutan con mayor profundidad.

Los periodistas, lo serios, son sinónimo de credibilidad y es por eso que las empresas quieren sentirse indentificados con ellos. Pero es precisamente la credibilidad, el commodity fundamental de esta carrera.

Esto aparentemente no lo saben los periodistas de la mayor parte de los programas de farándula, que teniendo la posibilidad de crear un tipo de reporteo serio (sin ser grave) prefieren ser parte del show. No me parece negativo que haya programas de farándula. De hecho, se puede hacer muy buen periodismo de Espectáculos, pero el Festival de Viña potencia los peores defectos de la profesión: protagonismo innecesario, ignorancia profunda, falta de sensatez y opinión sin fundamento.
Estoy convencido que la transformación que están viviendo los medios y la forma de hacer periodismo, también modificará los códigos de la profesión. La ética -que siempre fue la reserva moral de los medios para defender su integridad de errores inevitables- ya pertenece a las audiencias, como la generación de contenidos, la distribución y participación. Pero eso no quiere decir que los medios no resguarden una conducta mínima que no deteriore la profesión, porque finalmente la fiesta de Farkas lo que hace es sólo eso. Lo bueno es que los periodistas somos capaces de abrir una discusión sobre nuestras faltas como ninguna otra profesión.