La ley del garrote
Juan Carlos Altamirano / La Cámara de Diputados aprobó recientemente la nueva ley que regirá a Televisión Nacional. Establece, entre otras iniciativas, la obligación de transmitir una vez por semana, en el noticiario central, un resumen de la actividad parlamentaria. Es lamentable que el Poder Legislativo intervenga de esta forma en la programación de TVN, aunque se trate de un medio estatal. Por cierto, atenta contra la independencia del canal, atributo esencial para mantener su credibilidad pública. No obstante, cabe preguntarse: ¿cuáles son los motivos que tuvieron los parlamentarios para impulsar esta ley?
Una razón se refiere al fracaso del canal de televisión que el Parlamento mantiene en el cable para difundir sus actividades. Sin embargo, a mi juicio, hay otro motivo más grave aun. Para ser ecuánime con los parlamentarios, hay que reconocer que los directivos de TVN también son responsables de la imposición de esta medida desesperada. Televisión Nacional desde hace tiempo viene ignorando aspectos cruciales de su misión como canal público. En otras palabras, el Poder Legislativo le está pasando la cuenta por parte de la sociedad civil, la cual reiteradamente ha demostrado su disconformidad con la programación y los noticieros. Cabe preguntarse entonces: ¿por qué TVN ha hecho oído sordo a todas las advertencias y reclamos?
Hay varias razones posibles. La primera, a mi juicio, es que no existe la voluntad real para aplicar la misión. Más bien, el “servicio público” que TVN debería desempeñar es considerado un estorbo. Lo importante para la dirección del canal es llegar con números azules a fin de año. Por otro lado, no hay conciencia de que la autonomía de la cual gozan como canal público no es gratuita. La independencia está siempre limitada por la misión y la línea editorial que todos los canales deben mantener, y ambas son establecidas por los dueños de cada medio. En este caso, el Estado tiene todo el derecho de exigir que TVN se adecue a la misión que se le encomendó. La tontera es hacerlo a través de una ley.
El contraargumento por parte de TVN es que ellos deben programar lo que el público pide. Finalmente, el rating manda. No sólo porque éste refleja la voluntad popular, sino además porque para autofinanciarse hay que vender ratings. Este argumento es válido hasta cierto punto: si para subsistir se ignora la misión, entonces se pierde la razón de existir. Por cierto, no es nada fácil realizar servicio público y a la vez autofinanciarse. Sin embargo, en el pasado se logró realizar dicha proeza. TVN pudo liderar la televisión chilena, equilibrando su misión con los desafíos que planteaban el mercado, la competencia y los cambios de audiencia de aquel entonces.
Volvamos al problema concreto de la franja política que se pretende imponer en TVN. Para cualquier observador internacional no cabe duda que la política está subrepresentada en Televisión Nacional, especialmente si comparamos con la presencia que tiene en Europa y Estados Unidos. Aquí estamos frente a un tema crucial en las democracias avanzadas. Si queremos que la política mejore y tengamos políticos de primera clase, entonces es necesario someterlos al escrutinio público. No hay forma de ejercer este derecho si la política no está adecuadamente presente en la agenda de la TV pública.
La peor falacia es el argumento de que la política no le interesa a la gente, que no tiene rating. Hasta cierto punto esto es real. Pero la culpa no la tiene la política en sí. Para que tenga rating y genere interés, debe estar puesta en escena en forma adecuada, creativamente, y con la perseverancia necesaria para que el público responda y se acostumbre a ella. Actualmente estamos en un período electoral dramático por sí mismo. La radio y la prensa lo están aprovechando al máximo. ¿Por qué entonces TVN mantiene la misma pauta en sus noticiarios y no se adecua al interés popular que existe actualmente por la política?
Está comprobado que todo contenido o personaje en televisión puede ser aburrido o entretenido. El tema es la “forma”: cómo se ponen en escena esos contenidos. En este aspecto nuestra televisión está al debe con la política. Por cierto, la solución no está en legislar, tratándose de un problema de gestión y creatividad. ¿Entonces, qué lección podemos sacar? Una muy simple: la independencia hay que cuidarla como hueso santo. Si se abusa de ella en forma arrogante y se ignora la razón de ser del medio, entonces inevitablemente surge la intervención. Así pues, llegamos siempre a la ley del garrote.


Informar, entretener y educar.
Efectivamente la misión de TVN parece que no estar siendo cumplida, al menos en su espíritu.
La primera y gran restricción, de la televisión pública está precisamente en su autofinanciamiento, esto que parece una cortapiza natural, sin embargo, no justifican por completo el extravío de la parrilla programática que se desentiende una y otra vez de su misión.
Se informa de muchas maneras, pero explícitamente a través de los informativos diarios emitidos, siendo la estrella natural e informativo de las nueve de la noche. Su estructura y sus contenidos debieran ser revisados continuamente para que con ingenios y creatividad sea posible activar a la gran masa, estimularla a participar activamente en la construcción de una mejor nación, pero sabemos que eso no le interesa al Poder, más bien este lo siente como una amenaza Pero para conseguir auspicios rentables en horario premium ha sido necesario que televisión nacional se degrade convirtiendo una carta de crónica roja de manera idéntica a los otros canales de televisión abierta.
¿Dónde están los analistas políticos para mostrar los aspectos de un mundo tan diverso, confrontacional, pero también a veces con cierta acción esperanzadora?
El debate breve respecto de diversas cuestiones del quehacer nacional brilla por su ausencia.
El escrutinio meticuloso hacia nuestras élites políticas, judiciales, empresariales, etc. ha desaparecido.
La manera de entretener actualmente parece más una vacuna del letargo y evasión al espectador. ¿Por qué no reforzar aquellas materias o artistas que tienen que ver con desarrollar a una masa crítica que sea capaz de exigir lo mínimo de sus autoridades, e incluso de sus iguales. Entretener inteligentemente, de manera versátil y proactiva fomentando la responsabilidad cívica de individuos?. ¿Quién puede mostrarle de una mejor manera a las minorías de todo tinte que habitan en Chile?. Esto último, claramente no vende, y aparece allí entonces la necesidad de un financiamiento compartido entre la gestión privada y el Estado.
Respecto al tema de educar, la programación de la estación también está en deuda, para educar es necesario inquietar, proponer, encantar. Todo esto hoy día parece imposible, es mucho más fácil seguir la inercia, negarse al arduo trabajo de pensar, desechar la magnífica oportunidad de ser auténticamente creativos. Hay flojera, decidía. Tenemos entre manos una enorme potencialidad de usar la televisión pública pública en mejorar verdaderamente la calidad de vida de ciudadanos indefensos ante el poder. Lamentable
TNV nunca cumplirá, por diversos factores, con el verdadero espíritu que debe tener la televisión pública, menos el sentir de las regiones, que siguen siendo para los medios capitalinos, lugares de esparcimiento y de vida abúlica, que solo alcanza para hacer programas “rurales” tales como “conectando chile”, “frutos del país”, programas de verano, etc. Incluso el noticiero regional de TVN, es un “saludo a la bandera”, ya que no llega este espacio a todos los territorios, ni tampoco refleja el acontecer de todas las provincias de cada una de ellas, a manera de ejemplos: Las personas de las regiones que son entrevistadas y que pasan el programa los días sábados deben estar con el visto bueno del nivel central, o en el caso de los programas de debate político en tiempos de elecciones los candidatos deben ir a grabar a Santiago.
Por otro lado, las regiones siguen mirando como los “iluminados” de los medios nacionales de comunicación, que a su vez son, concentrados, centralistas y autoreferentes ubicados en Santiago, determinar la agenda de lo que es bueno y conveniente para el país, tergiversando e influyendo en la ciudadanía regional en darle valor a instituciones, formas de vida y problemas que prioritariamente nada tienen que ver con la realidad que se vive en los territorios de nuestro país.
TVN nunca asumirá un rol genuino en pos de las regiones desde el punto de vista de los objetivos de un canal público, ya que representa básicamente al país unitario y al ser su financiamiento autónomo, tiene que alinearse y competir con las variables de un mercado concentrado y territorialmente centralizado.
Por otra parte, si el estado financiara a TVN, sería un error desde el punto de vista de la eficiencia en la utilización de los recursos públicos, ya que esta posibilidad sería socialmente mucho más rentable si se utilizaran para la creación de CANALES PÚBLICOS REGIONALES con un transportador de estas señales idealmente público, que por su naturaleza debiera ser TVN, de forma de llegar al menos a todos los rincones de territorio regional, supliendo genuina y verdaderamente en la práctica el mandato de la televisión pública, y de paso dando solución de alguna manera al centralismo de los medios televisivos de cobertura nacional. Estos canales o emisores públicos de televisión regional debieran tener también la posibilidad de tener señales internacionales de manera de fortalecer en este ámbito a los distintos territorios de las regiones.
Para lograr lo anterior, hay que aprovechar la ley que está en trámite en la Cámara de Diputados respecto a la Televisión Digital Terrestre y que necesita modificaciones para este efecto, requiriéndose también subsidios o subvenciones estatales, de manera que estos canales reflejen el quehacer político, económico, social, deportivo y cultural de cada región en toda la extensión de su territorio, en pos de su desarrollo, autonomía e identidad, de manera democrática y pluralista y que realmente pueda ser una alternativa a la actual televisión condicionada por los criterios y el beneficio privado.
Hay una dura respuesta de comunicaciones de TVN sobre este artículo, donde desautoriza a Altamirano por el hecho de haber trabajado en canal 7 durante 25 años. Insólito!!!!. Por trabajar en TVN uno queda inhabilitado para dar opinión.
Que prepotencia mas grande.
Está en la sección cartas de la Segunda, el viernes siguiente a la publicación.