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La Nación: autogol del gobierno

26 de abril de 2010 · Imprimir este artículo

Andrés Jirón / Abogado / blog / la-nacion_003Durante su campaña, el Presidente Piñera anunció en numerosas oportunidades que cerraría el Diario La Nación o le daría un estatuto corporativo tipo TVN. Sin embargo, el Gobierno no hizo ni lo uno ni lo otro… sino todo lo contrario: nombró por menos de 24 horas a un nuevo director, infiriéndose un previsible y evitable autogol.

El nombramiento de Mirko Macari como nuevo director del diario La Nación fue aprobado por la unanimidad del directorio de la empresa, presidido por Daniel Platovsky y compuesto además por Cristina Bitar, Gonzalo Müller, Hernán Larraín Matte, Enrique Alcalde, Luis Eduardo Thayer y Raimundo Valenzuela. Fué Platovsky quién habría avalado el nombre de Macari, en línea con una nueva estrategia de sintonía editorial con la ciudadanía en general. Su contratación estaba dirigida a darle viabilidad editorial al medio y desarrollar un proyecto comercial, transformando la audiencia en un mercado.

La designación del periodista fue bien recibida en amplios círculos profesionales, por su autonomía e independencia demostrada durante años. Macari, ex (y actual) director del diario electrónico El Mostrador, se ha dedicado al periodismo de investigación y cuenta con una reconocida trayectoria en medios nacionales y universidades, convirtiéndose en una de las figuras de mayor credibilidad en el ámbito periodístico.

Sin embargo, su nombre fue vetado por la UDI por la publicación en 2003 de unos artículos que involucraban al senador Jovino Novoa en el caso Spiniak (en Plan B y en La Nación Domingo). Ante la presión de dicha tienda política, el gobierno decidió bajar la nominación, quedando en una incómoda posición ante la opinión pública y con un caso difícil de resolver.

Las responsabilidades fueron de inmediato asignadas a la ministra secretaria general de Gobierno, Ena von Baer, quién transmitió al mandatario la decisión unánime del directorio de La Nación. Surgen varias interrogantes: ¿Qué tanta autonomía tiene la empresa como sociedad anónima cerrada? ¿En qué situación quedan las decisiones tomadas por su directorio? Daniel Platovsky defendió el nombramiento de Macari: “No lo miramos desde el punto de vista de su línea política, lo contratamos por sus habilidades profesionales”. Pero, ¿qué pasó con “el gobierno de los mejores, los más preparados, los más honestos, los con mayor vocación de servicio público”? como lo anunció el mandatario en su Discurso del Triunfo.

De hecho, para relajar tensiones, el Presidente Piñera invitó a Platovsky a pasar el fin de semana a Cerro Castillo junto a los ministros Hinzpeter y Larroulet y los senadores Chahuán, Espina, Matthei y Lily Pérez, probablemente para encontrar una salida a esta situación.

Por de pronto, la idea de buscar un nuevo candidato para la vacante resulta compleja, aún más después de la negativa de varios candidatos. Desde ya, el cargo de director de La Nación se desprestigió al quedar sometido a la aprobación de los partidos políticos. Las permanentes y reiteradas críticas de la Alianza a este medio durante los gobiernos anteriores -“diario de trinchera, poco objetivo, falto de ética, pasquín político, proselitista”- se vuelven ahora en contra del nuevo gobierno.

Por otra parte, tampoco resulta fácil volver a la postura inicial de cerrar el diario, tal como se señaló durante la campaña presidencial, ya que confirmaría la existencia de pugnas de poderes políticos y comerciales. En entrevista dada a Radio Bío Bío, el propio Macari asume su bajada como un ajuste de cuentas entre la UDI y el ministro Hinzpeter, por la ausencia de gremialistas en el gobierno y la reciente alza de impuestos. Además, acusa al grupo económico El Mercurio de intentar cerrar La Nación para llevarse sus avisos y disputar la administración del Diario Oficial. En consecuencia, tanto la opción de cerrar como de vender La Nación tendría un alto costo para la imagen del mandatario: privilegiar a los grupos económicos.

Por otra parte, el senador Hernán Larraín ya señaló en una entrevista de Radio Bío Bío que no se justifica que el gobierno mantenga el diario La Nación. “Más allá de quién dirija este medio de comunicación, considero que el problema de fondo es que el gobierno mantenga un medio de prensa oficialista”, dijo Larraín. A su vez, el senador y Secretario General de la UDI, Víctor Pérez Varela, entrevistado también por el mismo medio, señaló que no tiene sentido que el diario La Nación siga en poder del gobierno. ¿Y qué pasa con Chilevisión entonces?

¿Cerrar La Nación o venderla? Difícil decisión. Con tanta visibilidad, cualquiera de las dos soluciones será probablemente cuestionada por la opinión pública. Por eso, la implementación de un estatuto corporativo como el de TVN puede ser una gran oportunidad para mejorar la gestión de La Nación y diluir la concentración existente en los medios de comunicación chilenos.

Comentarios

Un comentario to “La Nación: autogol del gobierno”

  1. Rafael Cárdenas el 27 de abril de 2010 a las 8:19 hrs.

    Futuro de La Nación

    Respecto del futuro de La Nación, lo que me parece evidente es que no podemos eliminar el único diario que no pertenece al derechista duopolio El Mercurio-Copesa, que copa la prensa escrita en nuestro país. La inexistencia de pluralismo en la prensa escrita -una de las características de nuestra transición pactada a espaldas de la ciudadanía-, es una de las mayores carencias de nuestra inacabada democracia. De hecho, podemos afirmar que esta falta de pluralismo nos convierte en el país con la prensa más pobre del continente americano.

    Creo que el diario La Nación debe seguir existiendo y debe dársele un destino ciudadano que ayude a aminorar la falta de pluralismo actual. Debe abrirse una gran discusión ciudadana al respecto y ello debiera empezar por la apertura de las páginas del propio diario La Nación para que se nos permita a los ciudadanos opinar sobre su destino inmediato. Con tal fin, el diario debe abrir sus páginas a sus lectores y otorgar un amplio espacio para la publicación de cartas sobre su futuro.

    En cualquier caso, el destino de La Nación lo debiéramos decidir nosotros, los ciudadanos y no el actual Gobierno ni ningún otro.

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