La Nación: por un diario público no estatal

diario niño bañoOBSERVATORIO / Desde que se anunció que La Nación dejaría próximamente de aparecer en versión papel para seguirlo haciendo sólo en formato digital, nadie se sorprendió demasiado. Desde su campaña el Presidente Piñera lo tenía en la mira: el único periódico que lo enfrentó desde la trinchera periodística en ese período fue precisamente el diario estatal que cumplió ya 93 años de existencia. Entonces era cuestión de sentarse a esperar como se las arreglaría durante su mandato para desbaratar al solitario matutino que rompía –no siempre de manera muy lúcida- con la monotonía ideológica de los medios en Chile. Una tentación para el gobernante podría haber sido sumar un diario más al concierto de medios que lo aplaude sin contrapeso y lo apoyó con generosidad en su camino a la presidencia de la República, pero optó por otro camino: mandarlo a ración de pan y agua con destino a la Red, poniendo en jaque, de paso, el tremendo negocio de los socios dueños de un porcentaje del periódico que lucran por el flujo de ingresos del Diario Oficial editado al alero del matutino.

¿Qué pasará con La Nación online? Es un misterio. Sin embargo, el Gobierno tiene todavía una tregua, antes de erradicarla de los quioscos, para meditar sobre lo sano que sería la creación de un verdadero diario público que contribuya a la difusión minuciosa de las políticas del Estado, a la toma de decisiones informada de los ciudadanos, y compense las tremendas desigualdades existentes en el país en materias tan sensibles como el derecho a la comunicación y el pluralismo informativo, en uno de los escenarios más concentrados de la región en lo que a propiedad de los medios se refiere.

Dependencia política: pan para hoy, hambre para mañana

Los propios periodistas del diario saben por experiencia que no hay nada peor para un medio estatal que convertirse en la caja de resonancia de los gobiernos de turno, tentación que se acrecienta, como sucedió en 2009, en las temporadas de contienda electoral. Por eso, ante la amenaza de cierre, difundieron una propuesta de diario público con una estructura parecida a la de Televisión Nacional de Chile, que garantizaría su independencia editorial y autonomía financiera, y el desarrollo de un periodismo de calidad, independiente, investigativo, al servicio de los intereses ciudadanos.

La propuesta parte por proponer la formación de un comité que estudie la situación legal del periódico y cree un estatuto con el fin de garantizar su autonomía y estudiar las experiencias mundiales de diarios de esta naturaleza.

A reglón seguido, el texto define la forma en que ese diario público enfrentaría la agenda noticiosa (“de manera objetiva, independiente, imparcial resguardando el respeto por las fuente, con especial preocupación por las informaciones de utilidad pública”) y la misión del periódico que sería entregar un diario de calidad que cumpla su rol social de fiscalizar los distintos poderes del Estado y de dar cabida a la diversidad de actores sociales sin exclusiones de ningún tipo. Asimismo, en el proyecto elaborado por el sindicato periodístico número 3 de La Nación, se considera necesario definir un estatuto público con los principios que regirían los contenidos del diario, los cuales no debieran estar supeditados a lineamientos partidistas de ninguna especie y elaborarse con prescindencia de los intereses políticos, religiosos y económicos.

¿Estará  Sebastián Piñera dispuesto a suscribir un proyecto de este tipo? ¿Tendrá la audacia de contribuir al pluralismo con un medio que le puede pisar los talones, fiscalizando la labor gubernamental? ¿Se atreverá a desafiar a la prensa conservadora con un diario serio, creíble y competitivo tanto en las redes virtuales como en los quioscos? Audacia es el juego y eso Piñera lo sabe muy bien.