La nube sobre internet

internetAlfredo Sepúlveda / Revista El Sábado /  Internet está en peligro. Pero una legión de héroes a los que nadie les rinde tributo mantiene viva su frágil arquitectura. Jonathan Zittrain, un abogado de Harvard experto en regulaciones cibernéticas, se ha tomado los medios explicando por qué internet tal como la conocemos podría desaparecer, y qué podemos hacer para evitarlo.

Internet está en peligro, y grande. De acuerdo a Jonathan Zittrain, abogado de Harvard, experto en legislación sobre temas digitales, y uno de los “perros guardianes” de la red más reconocidos del mundo, internet enfrenta una amenaza mayor: cesar de proveernos de programitas que desarrollan trasnochados nerds, pero que de un momento a otro se convierten en el nuevo e-mail, el nuevo Facebook, el nuevo YouTube, el nuevo, por qué no, Google.

¿Por qué podría ocurrir este sombrío panorama? Zittrain lo explica en su último y muy comentado libro: El futuro de internet y cómo detenerlo. La red, dice Zittrain, se construyó en forma análoga a la manera en que los asistentes a un partido pasan la cerveza desde el barman hasta el último rincón de la barra (desde luego, Zittrain está hablando de Estados Unidos). Hay un ethos de buena conducta, en el que por decencia y sentido común nadie sorbetea el vaso.

Quienes inventaron el protocolo de internet, en otro ambiente habrían recibido un portazo en la nariz si hubieran querido venderlo. En vez de enviar el código de un punto a otro, ellos determinaron dividir el código en paquetes distintos y hacer que alcanzara su destino hasta en 30 saltos. ¿Confiaría usted en un servicio de carga así? Y sin embargo, funcionó. Y funcionó porque internet, dice Zittrain, permite que el maestro chasquilla de los códigos binarios se transforme, perfectamente, en la próxima gran empresa.

Y todo por la arquitectura abierta de la red: los 30 saltos son las manos que pasan el vasito. Nadie pregunta para qué sirve el código, ni qué va a hacer el receptor con él. Simplemente lo pasa de buena fe, suponiendo, confiando, que cuando uno lo necesite, los otros harán lo mismo por uno.

Pero esta misma actitud comunitaria, esta colaboración digna de anarquistas de los años 30, viene con un costo: virus, caballos troyanos, programas que colapsan los navegadores, robos de contraseñas y de números de tarjetas de créditos, phishing, acoso cibernético y el insoportable spam, que según Zittrain, hoy constituye el 90 por ciento de todos los e-mails que circulan en el mundo. Los malos se aprovechan de la misma arquitectura que los buenos.

Como respuesta a eso, dice Zittrain, el péndulo está volviendo al lugar donde estuvo a comienzos de los 90, cuando grandes compañías como America Online o Compuserve tenían, como modelo de negocios, su “propio” internet, una red que conectaba millones de personas, pero en la que el código estaba debidamente autorizado por los propietarios de la red y los usuarios no contribuían al desarrollo de esas redes. De ellos se esperaba que consumieran. No que crearan.

El iPhone es un ejemplo de esto, argumenta Zittrain. No hay creatividad en iPhone a menos que Apple, la compañía madre, cuyo dueño es el señor Steve Jobs, la encargue o apruebe.

El punto es que el iPhone funciona, y funciona muy bien. La llamada no se corta. No hay ningún eco raro. Cumple con lo que promete. Y, por fin, el usuario está libre de virus. Pero es muy poco probable que la ley de Moore, aquella que dice que el número de transistores que caben en un circuito integrado crece exponencialmente cada dos años, corra en el iPhone. Si no hay colaboración libre, gratis, desinteresada, aún con todos los problemas que ella conlleva, iPhone mantendrá sus caracterísiticas actuales a lo largo de los años. Incorporará, probablemente, aquellas novedades que la compañía a la que pertenece quiera que incorpore. Pero, de acuerdo a Zittrain, se perderá lo loco, lo demente, las ideas que partieron siendo una estupidez, pero cambiaron el mundo.

Y si progresivamente la red se mueve hacia la seguridad y eficiencia de iPhone, y abandona la creatividad y libertad del PC, lo más lógico es que ocurra lo mismo a lo largo y ancho de ella.

internet ciber caféEn la nube

De hecho, progresivamente la red se mueve hacia la seguridad y eficiencia que representa el espíritu del iPhone.

Avanza hacia un “lugar” que los teóricos digitales y los desarrolladores de programas han denominado “la nube”.

Es un concepto sobre el que no hay consenso para definir, pero para efectos de este artículo es bastante simple: todo aquello que hoy hace el PC, lo puede hacer la nube. Por ejemplo, una función tan simple como almacenar documentos, hoy la puede realizar un servicio en red como Google docs. Gmail y el correo de Yahoo son servicios que están totalmente en la nube. Microsoft tiene un “Office Live”, un espacio de trabajo al que uno puede subir los típicos documentos en Word, Excel, Powerpoint y acceder a ellos desde cualquier lugar.

En otras palabras, la mayor parte del PC existe en la propia internet. Esto, desde luego, tiene sus ventajas. Los PCs se han jibarizado a niveles que hace cinco años eran considerados ciencia ficción. El netbook hace parecer dinosaurios a los otrora versátiles notebooks. Cada vez será menos importante olvidar el maldito pendrive en el bolsillo de la chaqueta que cambiamos justo esta mañana.

Sin embargo, el punto de Zittrain es que esto tiene varios peros. En una columna del New York Times, el autor identificó tres grandes problemas. El primero es confiar la custodia de los datos personales a otros. “Pueden decepcionarte o derechamente traicionarte”. La otra es que esos datos en la “nube” tienen menos protección legal que aquellos guardados en el PC. Esos datos pueden ser atacados por piratas o espiados por el Gobierno. Y sin que uno se dé cuenta.

Pero la mayor amenaza para Zittrain es la pérdida de libertad que conlleva la nube.

Recientemente Zittrain fue invitado al programa humorísitico-político “The Colbert Report”. El conductor, Stephen Colbert, le preguntó por qué estaba contra el iPhone. Estar contra el iPhone, le dijo, es como estar en contra del pan recién horneado. “Como el pan recién horneado”, le respondió Zittrain, “el iPhone es deliciosamente seductor. Pero resulta que (…) Steve Jobs dice que si vas a escribir nuevo código para el teléfono, él debe aprobar todo, y puede cambiar de opinión. Así que puedes crear el próximo gran programa, y él una mañana puede decidir terminarlo o el Gobierno puede intervenir y decirle a Steve que mate esa aplicación”.

Chicos buenos

El 22 de julio, Zittrain subió al escenario de la cada vez más famosa conferencia TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) en Oxford, Inglaterra. Es una conferencia donde los personajes más potentes del mundo en estas áreas explican durante no más de veinte minutos, qué es lo que hacen o qué es aquello en lo que creen. Zittrain fue invitado, por cierto, para hablar de lo que le espera a internet.

Pero en vez de centrarse en los problemas, se puso optimista. Dijo que lo que salvará a la red son los “actos al azar de generosidad” en los que usuarios de la red se conciertan para resolver problemas y no para crearlos.

En febrero de 2008, el gobierno de Pakistán ordenó al principal proveedor de internet bloquear al sitio YouTube porque había videos que la administración consideraba blasfemos contra el Islam. Gracias a la fragilidad de la arquitectura de la red, en 45 segundos no solo los pakistaníes tuvieron bloqueado YouTube, sino todo el mundo.

En TED, Zittrain recordó que gran parte del esfuerzo por volver a desplegar el popular servicio en la red correspondió a un grupo de usuarios voluntarios a los que nadie conocía y a quienes nadie pagó un peso (NANOG, por si alguien se interesa: North American Network Operation Group).

“Es como cuando tu casa se incendia”, dijo Zittrain a la BBC. “La mala noticia es que no hay bomberos. La buena noticia es que aparecen desconocidos de quién sabe dónde, apagan el fuego y se van sin esperar recompensa ni alabanzas”.

En el libro Zittrain cae rendido ante “la moral” de Wikipedia y de los wikipedistas. Lo que partió como una idea “estúpida” dice él (una enciclopedia escrita por voluntarios, sin que nadie certificara si eran aptos o no para el trabajo), se tranformó en una comunidad en que los usuarios se reglamentan a sí mismos, corrigen lo que hay que corregir y administran un caos de padre y señor nuestro. “Wikipedia siempre está a 45 segundos de su desaparición”, ha dicho Zittrain.

¿Qué hacer? Zittrain no es un enemigo de “la nube”. Iphone no es el malo de la película, porque tiene todo el derecho del mundo a lucrar con el conocimiento generado por Apple. Todo lo que Zittrain quiere es que, cuando lleguemos a “la nube”, no perdamos las características generativas que han determinado la riqueza de internet.

¿Cómo lograrlo? En el libro da varias respuestas. Pero curiosamente, todas ellas implican lo mismo: mentes que colaboren en un ethos de buena onda para solucionar un problema. Tal como lo han hecho los desarrolladores de código para internet a lo largo de todos estos digitales años.