La sombra de Kapuscinski

kapuBeatriz Burgos / Revista El Sábado / Artur Domoslawski, el biógrafo del «periodista del siglo XX» / En más de 500 páginas, Kapuscinski Non Fiction -la primera biografía de quien es considerado un mito del periodismo moderno- muestra las luces y sombras que transitaron en sus reportajes, la leyenda que rondó su vida y su desconocido y accidentado paso por Chile.

Domoslawski nunca creyó que Kapuscinski moriría.

No se piensa en la muerte de un amigo querido. No cuando es, además, un mentor y un maestro. Mucho menos si, el día que Ryszard Kapuscinski pidió hablar sobre Latinoamérica con el joven reportero de la Gazeta Wyborcza, para el aludido «fue como si Dios viniera a saludarme».

Un dios vivo del periodismo, entonces. Por eso, cuando el 23 de enero de 2007, Kapuscinski murió de cáncer a los 74 años, Domoslawski recién se dio cuenta de que nunca habló con «Kapu», como le llama, sobre la idea de una biografía. Y se reprochó no haberle preguntado tantas cosas.

Tres años después, Artur Domoslawski (42), su discípulo más cercano, acaba de terminar Kapuscinski, Non Fiction. El hombre, el reportero y su tiempo (Editorial Swiat Ksiazki), que saldrá a librerías en febrero o marzo de 2010. Para acometerla, debió resolver un dilema moral. «¿Voy a revelar todo lo que descubra como reportero de investigación o escribiré las cosas favorables a Kapu, escondiendo las desfavorables?», se preguntó. «Elijo la primera», se contestó el experto en temas latinoamericanos del diario más leído de Polonia.

Dice que «Kapu» nunca le hizo sentir su estatura de tótem. Que era sencillo y cercano. Y que aunque los separaban 35 años de edad y un aura de leyenda, ambos compartieron la forma de mirar al mundo del Sur, antes llamado Tercer Mundo, «desde la perspectiva de los excluidos». Por eso, cuenta, muchos pensaron que sólo él podía escribir la biografía de Ryszard Kapuscinski.

Por teléfono, desde su casa en Varsovia, recién llegado de Caracas, Domoslawski cuenta detalles de su investigación que lo llevó a Angola, Uganda, Tanzania, Kenya y Etiopía, en África, y a varios países de Latinoamérica, siguiendo la pista de quienes conocieron a «Kapu», y detalla los retos de reconstruir la vida de un mito.

«Colorear» la historia

Cuando Kapuscinski murió, junto al pesar de periodistas de todo el mundo se alzaron voces críticas que discutieron el real legado del legendario corresponsal de la Agencia de Noticias de Polonia. El obituario del periódico The New York Times, por ejemplo, lo recordó como un «periodista trotamundos de Polonia, cuya escritura, a menudo teñida de realismo mágico, le trajo la aclamación de la crítica y de un amplio público internacional».

-¿Cómo resolvió el dilema de escribir la biografía de un amigo tan cercano y admirado, so pena de revelar aspectos desfavorables?

-Hace unos años conversé con el historiador norteamericano Clayborne Carson, cuando pasé un tiempo en la Universidad de Stanford. Él es editor de los papeles personales de Martin Luther King, un historiador de confianza de la viuda de King. Hasta que un día, Carson descubrió que King había cometido plagio en su tesis de doctorado. Le pregunté cómo resolvió el dilema de revelar eso o no. Y él me dio una buena respuesta que, años después, recordé cuando me acercaba a la biografía de «Kapu». Él dijo: «Si miramos a Martin Luther King como un ser perfecto, vamos a salir siempre decepcionados. Pero si lo vemos como ser humano, con todas sus fallas y contradicciones, podrá alcanzar su grandeza». Esa frase me guió durante mi trabajo. Trato de ver a Kapuscinski con empatía, como un ser humano, con sus fallas y contradicciones. Así puede alcanzar su grandeza.

-¿Qué aspectos de su biografía lo desmitifican?

-Tengo un problema con eso. Te voy a contestar de otra manera, porque esta es una biografía seria, de más de 500 páginas. Yo sé que incluso en Polonia voy a encontrar gente que sólo va a concentrarse en dos o tres detalles de sus fallas, y harán escándalo o van a divertirse con eso. No puedo evitarlo pero, por lo menos en la entrevista, intentaré hacerlo.

-¿En qué sentido?

-Kapuscinski creó una gran obra de literatura, de reportaje y de periodismo. Pero tenemos que recordar que él viene de un país pequeño, donde se habla un solo idioma que afuera nadie entiende. Entonces, pensaba que para ser escuchado en el mundo, aparte de crear su obra, tenía que inventarse a sí mismo. Si no, nadie iba a escucharlo. Como periodista entendía perfectamente la lógica de los medios. Escuchamos con más atención cuando alguien nos cuenta cosas sensacionalistas o que, por lo menos, no se encuentran todos los días.

-¿Como cuáles?

-El mito que él creó alrededor de sí mismo, por ejemplo, sobre los personajes que encontró o algunas situaciones en las cuales realmente estuvo, pero que «coloreaba» para llamar la atención de la gente y que el mundo lo escuchara. En verdad, no era un periodista mentiroso como hay muchos en el mundo, porque «Kapu» tenía cosas realmente significativas que decir.

-Cuando usa la palabra «colorear», ¿quiere decir que Kapuscinski exageró muchas veces?

-Algunas veces exageraba situaciones. Pero hay que separar las cosas. Una es la leyenda que creó sobre sí mismo, donde aparecen hechos que realmente no sucedieron, como una ficción dentro de su vida real. Y otra, es que provocaba muchas polémicas en el mundo periodístico sobre la rigurosidad de lo que escribía. Ése es un tema ante el cual no hay una respuesta simple porque se trata del uso de técnicas de la literatura de ficción dentro del periodismo o dentro de la literatura non fiction, donde hay fronteras.

-Déme un ejemplo de eso.

-El más famoso libro de Kapuscinski, El Emperador, sobre Haile Selassie, el emperador de Etiopía, no lo podemos considerar un ejemplo de periodismo clásico. Los cortesanos de Selassie no hablaban en el lenguaje barroco antiguo con frases muy pensadas que «Kapu» presenta. Hay que verlo como un texto de similar impacto en la literatura universal al de El Príncipe, de Maquiavelo, que fue un libro de un pensador para un príncipe sobre cómo manejar el poder en el siglo XVI. El libro de Kapuscinski es una descripción crítica, irónica sobre los mecanismos del poder. Entonces, desprestigiar El Emperador como una invención es una tontería. Para un manual de periodismo, El Emperador no sirve. Pero como un libro para entender cómo funciona el poder, sí. Me gusta una definición sobre las obras de Kapuscinski que encontré en un texto de un profesor catalán de literatura y periodismo que dice que «Kapu» cultiva un tipo de periodismo inclasificable, que conjuga en una simbiosis inédita las técnicas documentales del periodismo de investigación y el ejercicio de observación característico de la crónica clásica, y a la vez tiene algo que él llama una especie de verdad poética.

-Pero su biografía ¿establece que Kapuscinski mintió o no mintió en algunos de sus textos?

-Trataba de contestar esa pregunta en los últimos minutos.

-Comprendo, pero hablamos del periodista más relevante del siglo XX y sabemos que unos de los mandatos de la profesión es relatar hechos reales. En ese sentido, ¿su biografía da cuenta de situaciones donde él mintió?

-La palabra mentir contiene un juicio moral muy duro que no comparto. Elaboré el tema en muchas páginas para mostrar la complejidad del asunto. Si te digo simplemente que él mintió o no, la respuesta no vale nada. Y voy a descalificar a «Kapu» y a mi propio trabajo. Imagínate que estás dentro de un huracán, en una situación peligrosa de verdad. Pero después, al contar cómo sobreviviste, lo cuentas de manera más «coloreada» de lo que fue. O las técnicas narrativas que usaste vuelven la historia más dramática. ¿Eres entonces una mentirosa? ¿Sería justo llamarte así o lo que hiciste merece otro tipo de descripción? Por eso la respuesta simple «sí» o «no», no vale. Si tuviera que elegir una, diría que «Kapu» no mintió. A veces, «coloreaba» las historias.

-Respecto de la vida de «Kapu», ¿qué ejemplo «coloreado» puede dar?

-Él dijo que recorrió el camino del Che Guevara en Bolivia. Eso es verdad, porque se fue a Bolivia el 68, meses después de la muerte del Che. Alguna gente quiso creer que él caminó junto al Che. Entonces, en un momento, aparece una editorial que pone en la tapa del libro que Kapuscinski estuvo con el Che Guevara en Bolivia. Probablemente le sirvió a su mito que otra gente creara esta leyenda con un personaje histórico, pero él nunca dijo eso. Entonces, es una cosa mucho más complicada decir si «Kapu» mentía o no mentía.

-Pero no lo corrigió.

-La verdad es que él nunca corrigió ese error.

-¿Kapuscinski fue un gran periodista o un gran narrador literario?

-Ambas cosas, pero si tuviera que elegir, sería un gran narrador literario, porque Kapuscinski hacía experimentos, a veces un poco peligrosos para el periodismo, donde trataba de ver dónde están las fronteras entre periodismo y literatura. Ahora, lo digo sin seguridad total porque no podemos poner como regla periodística que, aparte de los hechos que relatamos, tengamos que poner alguna verdad poética. Hay grandes periodistas-narradores -y Kapuscinski era uno de ellos- que muestran esta ‘verdad poética’. Pero en los textos de alguien menos honesto que él y con talento mediocre, una «verdad poética» puede convertirse en una mentira o en una descripción muy inadecuada. ¡Cuidado con esto! Él no sólo es una figura del periodismo internacional, sino también de la literatura. Fue un candidato muy fuerte para el Premio Nobel de Literatura en los últimos años de su vida.

-¿Quién presentó su candidatura?

-Ciertos escritores tienen lobby. Una persona cercana al comité del Nobel contó a una amiga mía que Kapuscinski tenía un lobby muy fuerte. Y que, de no haber muerto, era muy probable que en unos dos o tres años lo recibiera.

-¿Kapuscinski escribió ficción?

-Nunca escribió ficción, pero era poeta y publicaba poemas.

El colaborador

Nacido en 1932, Kapuscinski era niño cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. El futuro reportero, y estudiante de Historia y Arte en la Universidad de Varsovia, militó en las Juventudes Comunistas como muchos entonces. Ya periodista, Kapuscinski ingresó a la Agencia de Noticias de Polonia, que durante la época comunista, entre 1945 y 1989, era una institución del Estado.

-¿El colaboró con el aparato de inteligencia polaco?

-Quiero ser preciso: él no colaboraba con la policía política dentro del país. Él colaboraba con la inteligencia, que era un servicio fuera del país. Cuando era corresponsal en América Latina, hizo tres o cuatro informes cortos para la inteligencia internacional. Él no hizo daño a nadie, no denunció a nadie ni lastimó a ninguna persona. Era más un análisis político.

-¿Por qué lo hizo?

-No lo hizo con muchas ganas porque, como corresponsal para América Latina, estaba muy ocupado. Pero no lo rechazó cuando se lo pidieron, porque en aquella época él era un creyente verdadero del Partido Comunista, que creía en el socialismo como sistema.

-¿Chile aparece en algún informe?

-No. Pero hay una buena anécdota. Él llega a Santiago en diciembre de 1967. A inicios del 68, Kapuscinski consigue una información que circulaba entre los periodistas, de que los soldados bajo el mando del general Roberto Viaux estaban al borde de una rebeldía militar en contra del gobierno de Frei (Montalva) y que es posible que ocurra un golpe de Estado. Escribió la nota para la agencia de prensa de Varsovia, pero marca en el texto que no es para publicar, sino sólo para que sepan que algo puede surgir de eso. Pero, por falta de cuidado, uno de los editores la publicó y apareció en la primera página del diario más importante.

-¿Y qué pasó?

-Un día o dos después, el embajador de Polonia en Santiago llamó a Kapuscinski y le dijo que lo iban a expulsar. Durante la Guerra Fría importaba mucho la imagen del país, no como ahora.

-¿Es inédita esta historia?

-Aparece en una entrevista que Kapuscinski dio en Polonia unos años antes de su muerte. Yo investigué en los archivos el texto que él envió, y todos los detalles concuerdan con la historia. Además, esta anécdota está mencionada en un informe entre la gente de la inteligencia polaca, que cuenta que quisieron expulsar a Kapuscinski por lo que escribió. Parece que todo es cierto y correcto.

El autor

Artur Domoslawski (42) es periodista, y escribe sobre temas de América Latina para el diario Gazeta Wyborcza, cuyo origen se remonta al regreso de la democracia en Polonia. El nombre del periódico más leído de ese país se traduce como Gaceta Electoral, pues fue el medio que el Partido Comunista permitió circular -como órgano de la oposición democrática- en las primeras elecciones parcialmente libres de 1989.

Kapuscinski Non Fiction es la primera biografía escrita por Domoslawski. Además es autor de cuatro libros, entre ellos una recopilación de ensayos de Juan Pablo II, y de La Fiebre Latinoamericana, prologado por el propio Kapuscinski.

La ruta de «Kapu»

Conocido como el «periodista del siglo XX», Ryszard Kapuscinski es insistentemente citado como testigo de la convulsionada historia moderna, desde la Segunda Guerra Mundial, transitando por la Guerra Fría, hasta el colapso de los socialismos europeos, incluida su natal Polonia. En África, en tanto, asistió a la caída del sistema colonial, y simpatizó con los movimientos revolucionarios de Latinoamérica en los 60 y 70. Y se suele afirmar que presenció 27 revoluciones y golpes de Estado en todo el mundo -incluida la caída del Sha Reza Pahlevi, en Irán-, mientras salvaba ileso de cuatro sentencias de muerte, experiencias que relató en una veintena de libros como los best sellers El Emperador (1978), El Sha (1987), El Imperio (1994), Ébano (1998) y La guerra del fútbol (1992).

Por Beatriz Burgos.