La Tercera columna sobre serie TVN

Una serie en discusión

Se asume que Los archivos del cardenal es un documental y que los espectadores son incapaces de distinguir entre ficción y realidad.

por Alvaro Matus – 11/08/2011 – 04:00

LA TELEVISIÓN chilena no se distingue por realizar productos de calidad y, justo ahora que transmite uno que está muy por encima de los estándares, partidarios del gobierno de Pinochet se han lanzado en su contra al calificarlo de sesgado y reduccionista. Me refiero a Los archivos del cardenal, serie de TVN que para el senador Carlos Larraín sólo contribuiría a «mantener vivo el odio nacional». El grueso de las críticas apunta a que la realización se remite únicamente al período en que funcionaba la Vicaría de la Solidaridad, pasando por alto antecedentes históricos que ayudan a comprender por qué se produjo una fisura tan profunda en nuestra sociedad. Resumiendo, falta el contexto que permita comprender las detenciones, las torturas, los asesinatos.

Se trata de un argumento a todas luces inaceptable. Pero vamos por parte… En un país donde se lee cada vez menos, la historia televisada, incluso en un formato de docudrama, poco menos que viene a sustituir los libros. Sin embargo, en cualquier sociedad que ha alcanzado su mayoría de edad -como anhelaba Kant- se asume que es la historiografía la encargada de pensar el pasado. La ficción y la historia avanzan por carriles separados, sin que ninguna aspire a suplantar a la otra. En EEUU dan una serie como La compañía, sobre cómo operaba la CIA, y a nadie se le ocurre confundir las peripecias de los agentes con «la» historia de la Guerra Fría.  Acá, en cambio, se asume que Los archivos del cardenal es un documental y, peor aún, que los espectadores, al igual que el Quijote, son incapaces de distinguir entre ficción y realidad.

Aunque buena parte del debate se debe a que la serie la emite el canal público, a la base de las objeciones está la confusión -y desconfianza- que suscita la ficción como género. Al contrario de lo que se plantea, la ficción no es lo opuesto a la verdad, sino el medio más apropiado para indagar las complejas relaciones entre lo verdadero y lo falso. Desde La odisea en adelante, en las grandes novelas siempre se produce el cruce entre lo empírico y lo imaginario. Mario Vargas Llosa ha subrayado la inutilidad de documentar los errores históricos de La guerra y la paz sobre las batallas napoleónicas, por la sencilla razón de que la aceptación de la novela no depende de eso. La fuerza de una obra obedece a la eficacia con que pone ante nuestros ojos los miedos, pasiones y resentimientos que abrigan los seres humanos. Los archivos del cardenal no está llamada a abordar episodios como el asesinato de Pérez Zujovic o la Reforma Agraria, pues no sólo aborda episodios de un período posterior, sino que lo hace con la libertad que la ficción tiene para manejar tanto el punto de vista como el tiempo.

Es posible que en Los archivos del cardenal falten más claroscuros y todavía deban mejorar algunas actuaciones, pero es evidente su capacidad para hablarnos de las divisiones, de la fe y de los temores más profundos del Chile de los 70 y 80. A 20 años del Informe Rettig, cuesta entender que todavía haya quienes planteen que una serie así entorpece la reconciliación nacional. Se suponía que si en algo estábamos todos de acuerdo era en que las violaciones a los derechos humanos eran inaceptables.