La Tercera expresa pánico en su editorial por obligación de 4 horas de programación cultural

Observatorio Fucatel.

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Resultan sorprendentes las inquietudes de la página editorial del diario La Tercera del sábado 30 de agosto por obligación que tendrán los canales de TV de ofrecer 4 horas semanales de programas culturales, dos de ellas en horario de alta audiencia, acusando que se trata de una intervención a la línea editorial de los canales, en circunstancias que son los mismos canales los responsables de interpretar la obligación.

El editorialista se pregunta primero si tendrá esto algún efecto. Para responder a ello, habría que preguntarse cuál es el efecto de la programación que estaríamos entendiendo como no cultural. No creo que lo sepan y es bien probable que con esas cuatro horas ocurra que tengan un gran éxito de audiencia como lo han probado diversos programas de aporte cultural tales como “4to medio” , “Los archivos del Cardenal” y “Las imágenes prohibidas”.

Luego, La Tercera se  queja de la ambigüedad de la definición de programa cultural en la ley de la necesaria intervención del Consejo Nacional de Televisión en la precisión sobre el alcance de esta exigencia. Esto resulta contradictorio con la sentencia que se hace más adelante sobre el peligro de la intervención del  Estado en materia de contenidos. Justamente la amplitud de la definición de programa cultural, permitirá que los programadores de los canales comiencen un dialogo con la ciudadanía expresada en la representación del Consejo sobre qué se entenderá por cultural,  y  mejoren así sus propuestas libremente. En la actualidad se sabe poco cómo los canales entienden su aporte a la sociedad chilena, ya que la programación sea cual sea siempre tiene efecto y la mala calidad de la televisión es cuestionada fuertemente por las audiencias.

Mejor sería que el diario de La Tercera, en vez de tomar la vocería de los detractores de estas mínimas regulaciones a la televisión, nos contara algo sobre qué se puede entender por cultura, cosa  sobre lo cual tienen una opinión a juzgar por el alto nivel e interés en sus páginas culturales.

Para ir abriendo el debate, como Observatorio nos preguntamos sobre si nuestra oferta televisiva se conecta con las grandes inquietudes nacionales, pues en esta conexión encontramos concretamente una noción de cultural que se relaciona con la definición del reglamento del CNTV. Por ejemplo, en un país con tan altos índices de depresión y de consulta a especialistas de la salud mental, ¿no podríamos entender como programas culturales series, documentales o debates sobre las distintas corrientes terapéuticas que existen en el mundo, o sobre filosofía abordando la idea de la felicidad, de la realización personal, del suicidio, todo esto de manera crítica, ligado a los discursos cotidianos de nuestra vida social?

Este rechazo y miedo a la TV cultural expresado por La Tercera, no se sabe si es compartido por los canales de TV, pero de él se desprende que es muy probable que los programadores tengan muy claro el carácter no cultural de su oferta, justificado por la necesaria rentabilidad. Esta disposición de la ley es un excelente recordatorio para ellos que tienen obligaciones al recibir una concesión de explotación de un medio de comunicación que forma opinión como ningún otro y es por lo tanto fundamental para el desarrollo democrático y para la vida de las personas.

Compartimos a continuación editorial de La Tercera.

 

TV digital y cultura

Editorial 30 de agosto 2014.

A CONTAR del 1 de octubre regirán nuevas exigencias para los canales de televisión abierta -también para operadores de cable- en relación a la programación cultural, en virtud de la ley de televisión digital. Conforme la nueva disposición, los canales deberán aumentar la programación obligatoria de este tipo de una hora semanal a cuatro, lo cual, además de vulnerar la libertad editorial de los canales y constituir una carga económica injustificada, tendrá escaso efecto sobre la audiencia.

De las cuatro horas, a lo menos dos deberán ser emitidas de lunes a viernes en horario de alta audiencia -de 18.30 a 0 horas-, y las dos restantes podrán ser emitidas los fines de semana, entre las 9.00 y las 0 horas. Previsiblemente, los canales se verán obligados a modificar su programación normal para cumplir con esta exigencia, lo que podría dañar seriamente sus ingresos por publicidad, considerando que la franja vespertina es donde se concentra el mayor nivel de audiencia. A esta carga cabe añadir la futura obligación de difundir campañas estatales de interés o utilidad pública, todo lo cual resulta en una discriminación arbitraria hacia la industria televisiva. Puesto que la ley no especifica cuál es el horario de “alta audiencia”, sino que lo determina el Consejo Nacional de Televisión (CNTV), cabría esperar que el consejo flexibilice dichos criterios.

La definición de programación cultural resulta aún más ambigua que la actual, al entenderla como valores que emanen de identidades multiculturales o que promuevan el fortalecimiento de las identidades, o promuevan el patrimonio universal, y en particular el nacional. Tal forma de entender la cultura probablemente abrirá espacios para calificaciones arbitrarias del CNTV sobre si un programa cumple o no con esta definición, programación que, además, deberá armonizarse con los nuevos criterios de “pluralismo” que contempla la ley de TV digital. Esta regresiva forma de imponer -y entender- la cultura difícilmente capturará audiencias, con la agravante que entregará al Estado un inconveniente poder de intervención sobre contenidos televisivos.