“La travesía de Darwin”:Una especie en evolución

chilevisionFrancisco Aravena / Wiken / En alguna parte de su parrilla, a alguna hora, Chilevisión tiene programación cultural. Aparte, claro, de la cultura del baile del caño, del teatro de comedia y de la dramatización de crímenes y aventuras sexuales varias. “La travesía de Darwin”, que ya lleva dos episodios y que concluye este domingo (20 horas), es una interesante e iluminadora revisión a los postulados del científico inglés -y su análisis en voz de los más connotados intelectuales del mundo interesados en el tema-, organizados en torno a una recreación dramática de su viaje por Chile a bordo del Beagle. Realizado por la productora Imago, “La travesía de Darwin” está financiado en parte con fondos del Consejo Nacional de Televisión (que encontrar programación de calidad en la TV que no tenga aportes del CNTV sea tan difícil habla muy bien del consejo, pero no tanto de los canales).

“La travesía…” es una producción ambiciosa y en muchos momentos logra resultados a la altura de su promesa: en el relato, el recorrido de Darwin por Chile es apenas una excusa para analizar no sólo su figura, sino principalmente su legado. Que entre sus entrevistados cuente con Steven Pinker, Richard Dawkins, Daniel Dennett, Ian McEwan y Humberto Maturana -y que efectivamente se los deje hablar- es un logro impresionante para una producción local. El relato, sin embargo, tiene ciertos ripios que sugieren que a “La travesía de Darwin” le faltó evolución. Partió con una periodista haciendo las veces de presentadora (desapareció en el segundo capítulo), con Álvaro Fischer -el presidente de la Fundación Ciencia y Evolución- como guía y con la voz en off de “Darwin” haciendo las veces de su propio narrador. Demasiados conductores para una materia en que urge la claridad. Ese primer episodio se centró en qué aprendió Darwin de su primer desembarco en Chile, incluido su encuentro con los nativos. El segundo episodio fue distinto, y tanto mejor que mostró potencial para ser mucho más que la penúltima entrega de una miniserie de tres capítulos: se concentró en la validez -y evolución, si se me permite el término- de sus observaciones sobre el comportamiento humano, la atracción sexual y la reproducción. Un episodio fascinante con un sólo presentador (Fischer), un personaje (“Darwin” paseándose con sus tenidas victorianas sin diálogo alguno) que sólo servía como pausa visual para seguir escuchando lo más interesante: el análisis de los científicos. Quizás el episodio del próximo domingo despeje la duda: ¿Se trata sobre Darwin en Chile o sobre su legado? La segunda parece tener mucho mayor potencial, pero eso puede resultar irrelevante si no hay fondos para una producción como ésta, pero más extendida.

A un canal interesado en hacer notar que efectivamente tiene un “área cultural” quizás debería resultarle atractiva la idea de no depender de una coproducción subsidiada: Darwin es una figura a través de la cual pueden abarcarse algunas de las preguntas más importantes sobre el mundo en que vivimos y sobre quiénes somos los que lo habitamos. Eso sí que sería evolución. Nota 6.2.