La venta de Chilevisión y el escenario futuro de la industria

joannonFederico Joannon / Abogado. Miembro del directorio de El Mostrador / Llama la atención la opacidad de los acontecimientos que devinieron en la frustrada venta del canal Chilevisión al fondo de inversión Linzor Capital. Tal hecho demuele parte importante del capital político que el Presidente logró construir con su discurso del 21 de Mayo y el gobierno nuevamente pierde la iniciativa política.

Que los negocios del Presidente de la República y los conflictos de interés que generan estén al centro del debate político o sean el eje de la cosa pública, no es bueno para nadie y puede devenir en un serio daño institucional para el país.

La falta de transparencia en la fracasada compraventa de Chilevisión, es casi total. Y por tratarse de una empresa importante y de propiedad del Presidente estimo que debieran aclararse lo antes posible varios puntos oscuros:

1) El precio exacto y cuándo se pagaría, ya que las informaciones lo hacen fluctuar entre 130 y 140 millones de dólares (¿?).

2) El tiempo de la duración del usufructo de la concesión de televisión, ya que algunos –la mayoría- dicen que concluye el 2018, pero otros afirman que no, incluso no han faltado unos pocos que señalan que este usufructo gozaría de una cláusula de renovación automática por otro periodo de 25 años (¿?).

3) Si la Universidad de Chile quiere de vuelta o no el dominio pleno sobre su concesión de TV, porque el rector Víctor Pérez ha señalado que es un sentido anhelo el recuperarla, pero versiones de prensa han dicho lo contrario y que lo único que de verdad quiere la U. es recibir más dinero por el usufructo de la concesión (¿?).

4) El papel que jugó el anterior rector de la U. de Chile, Luis Riveros, hace 5 años, cuando Sebastián Piñera compró Chilevisión, porque hasta ese entonces la duración del usufructo era de 20 años y no era renovable automáticamente (¿?).

La falta de transparencia en la fracasada compraventa de Chilevisión, es casi total.En todo caso, como lo más probable es que el plazo del usufructo no vaya más allá del 2018, ha quedado claro que para un fondo de inversión (que por definición solamente busca una buena rentabilidad financiera a corto o mediano plazo para sus inversionistas), el precio que se iba a pagar por Chilevisión, sea éste de 130 ó de 140 millones de dólares, era demasiado alto, ya que las utilidades esperables no llegaban siquiera al 8% anual, y el precio de la posterior venta seguramente sería menor al pagado para comprar.

Esto último, como resultado natural de varios fenómenos simultáneos, entre lo cuales están: la creciente pérdida de importancia relativa de la televisión abierta (o de libre recepción) por efecto del crecimiento de la TV por Internet y de la TV por Cable, y por la creciente competencia –con más actores en el mercado- que introducirá la digitalización de la televisión abierta (si se aprovecha –como es obvio y necesario hacerlo- la optimización del espectro radioeléctrico).

A lo anterior debe agregarse la importante inversión que deberán hacer los actuales operadores de la TV abierta analógica para migrar, en un plazo de aproximadamente 8 años, a la tecnología digital, y la incertidumbre que ésta conlleva. Porque aunque dicha tecnología permitirá a los canales desarrollar varios negocios complementarios a la actual venta de publicidad televisiva, sobre todo en el evento que se les entregue 6 mhz (podrán, por ejemplo: vender transporte de datos; emitir señales pagadas que coexistan con señales abiertas; interacción directa con su público; etc.), previo a ello necesariamente deberán invertir varias decenas de millones de dólares en equipos, transmisores, antenas y nuevas torres de TV (o ampliación de las existentes).

Ello le da al futuro del negocio televisivo un grado de incertidumbre que hoy no tiene. Es más, es posible que los nuevos operadores de TV lo hagan mejor que los antiguos y los vayan desplazando, y que la torta publicitaria tienda a repartirse entre más comensales, haciendo más competitivo y difícil el mercado. Por decirlo con nombre y apellido, nada garantiza que el actual rey Midas de la TV abierta, Jaime de Aguirre, siga siéndolo cuando el negocio mute y se complejice.

Por supuesto que tales criterios podrían variar o matizarse si el comprador fuese otro (no un fondo de inversión), ya que –en este caso- la rentabilidad del dinero y la seguridad de la inversión no serían las únicas o principales motivaciones para adquirir el canal de televisión. Porque los medios de comunicación no solo valen por su capacidad de generar rentabilidad, ni tampoco por la seguridad de la inversión para sus propietarios, sino que –principalmente- por su influencia actual o potencial.