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Las imágenes prohibidas y la construcción en conjunto de la realidad y la memoria

28 agosto 2013 • Columnas de opinión, Documentos del Observatorio, La Opinión de FUCATEL

Daniela Gutiérrez, Observatorio Fucatel.

 


 

 

 

 

 

Eliseo Verón plantea que  en las sociedades modernas altamente mediatizadas las prácticas sociales, para ser comprendidas, requieren por lo menos de la orientación de una discursividad mediática. Así, los medios masivos de comunicación orientan la comprensión de la realidad social y participan de la cohesión social, derivando de esto no sólo un gran poder a estos medios  sino que especialmente una gran responsabilidad. En esta misma línea, el gran valor de las imágenes audiovisuales registradas y transmitidas por televisión es que, además, son los registros más fieles que se pueden tener sobre un hecho o suceso histórico.

 

Durante los años ochenta, lo que mostraba la televisión distaba mucho de reproducir  lo que ocurría en Chile. Las imágenes en TV sobre nuestra realidad social y política se reducían sólo a aquellas que era funcionales para la dictadura: el general Pinochet y su esposa,  políticos jóvenes, bonanza del país y violencia atribuida a sectores “terroristas” que buscan generar un caos social  sin ninguna razón. Casi 30 años después, en horario prime, aparece el programa “Chile, imágenes prohibidas”, donde nos encontramos por primera vez con imágenes censuradas de la época, que en su momento no se les permitió participar de la construcción del imaginario colectivo, pero ahora, en cambio,  son exhibidas  como fragmentos fundamentales e imprescindibles para comprender la historia reciente de nuestro país.

 

Y es que así es. Las imágenes de la dictadura son  fragmentos de  una historia que fue vivida de diferentes maneras por cada uno de sus actores, pero que nos es común. Para muchos, particularmente jóvenes, las imágenes expuestas en el programa materializan  recuerdos de la dictadura como la represión, los allanamientos, las luchas de los familiares de detenidos desaparecidos. Todas estas historias que antes eran relatos pero que ahora aparecen  encarnadas en sus testigos y  protagonistas, mostrando que los hechos  fueron reales, y  tienen rostros, lugares, voz.

 

Sostener que estas imágenes incitan al odio es vetarlas. Es violento lo que se muestra, si, pero es Real. Más violento sería seguir censurando en TV las historias, testimonios, vivencias y pedazos de realidad que se contienen en ellas.

 

Es muy valioso que la televisión aporte en la construcción de la memoria histórica considerando una pluralidad de visiones y de experiencias vividas, porque así,  demuestra que comprende su responsabilidad como actor relevante en la disputa simbólica de la realidad nacional. Además “Chile, las imágenes prohibidas”, ha contado con la aprobación de la audiencia y con altas cifras de rating, lo cual revela la alta demanda de las audiencias porque no pase indiferente en la programación nacional una fecha tan importante como es la conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado.

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