Lesbianismo en los medios: verdad y simulacro

mouliánDiego Moulian / La Nación / Mistral aparece como un ser dominado por los celos, obsesiva, manipuladora y rencorosa. Según escritores y analistas literarios, acceder a la intimidad amorosa de Mistral sirve para comprender mejor su obra. No sé si eso es verdad.

En las últimas semanas, el lesbianismo -un tema tradicionalmente relegado a las catacumbas donde se ocultan las verdades que incomodan a nuestra sociedad- se ha tomado el espacio público nacional. El beso entre Rocío Marengo y Marlen Olivari y las cartas de amor que enviara Gabriela Mistral a Doris Dana han levantado polvareda, y los medios de comunicación no dejaron pasar la oportunidad de avivar la cueca.

En la TV, el breve ósculo entre dos de las más importantes figuras del show business criollo fue objeto de arduos análisis y vehementes polémicas por parte de modelos, actrices, animadores, opinólogos y demases expertos del mundo de la farándula. Con menos glamour, pero igual apasionamiento, escritores, poetas, teóricos literarios y mistralianos -una subespecie del universo académico especializada en la obra de la Premio Nobel- también se enfrascaron en un sesudo debate sobre la condición sexual de la poetisa del Valle del Elqui, que fue reproducido por los diarios, e incluso por la TV, aunque con menor fuerza.

“¿Show televisivo o dos mujeres que se atraen?”. Esa fue la disyuntiva que guió la discusión que se generó en “Primer plano” a raíz del piquito que la argentina Marengo le robó a nuestra Marlen. El espacio farandulero de Chilevisión fue el que cubrió con mayor profundidad este importante acontecimiento, dedicándole su sección “El escándalo de la semana”.

Luego de una larga y acuciosa investigación periodística, el programa señaló que la ex esposa de Roberto Dueñas tendría inclinaciones lésbicas, antecedente que acompañó con declaraciones de la blonda modelo trasandina en las que aseguraba sentirse atraída físicamente por su colega chilena. La tesis del amor sincero, sin embargo, fue refutada con un hecho concluyente que apoyaba la postura de quienes hablaban de una burda maniobra comercial: luego del beso aumentó explosivamente la demanda por los show conjuntos que realizan Marengo y Olivari en pubs y discotecas.

Claramente, la relación entre Gabriela Mistral y Doris Dana no fue un simulacro con motivaciones económicas. En sus cartas hay dolor, pasión, frenesí erótico, desgarro. La poetisa aparece como un ser dominado por los celos, obsesiva, manipuladora y rencorosa. Según escritores y analistas literarios, acceder a la intimidad amorosa de Mistral sirve para comprender mejor su obra. No sé si eso es verdad. Debo reconocer que mi conocimiento de su poesía se limita a los “Piecesitos de niño”, y que nunca antes había estado tan interesado en ella como en estos últimos días. Las revelaciones acerca de la vida de alcoba de nuestra Premio Nobel me han dejado con ganas de leer sus versos. Si sirven para eso, bienvenidas sean.

Hace más de medio siglo, su lesbianismo le costó el ostracismo a Gabriela Mistral; un beso entre dos mujeres -a principios del tercer milenio- significa popularidad y reconocimiento público. ¿El país ha cambiado tanto durante ese tiempo? ¿Somos una sociedad más respetuosa de las opciones sexuales de cada uno de sus habitantes? No estoy tan seguro, lo que sí sé con certeza es que dárselas de liberal y transgresor es un buen negocio en el Chile de hoy.