Los cínicos no sirven para este oficio

farkas-21Sergio Campos / especial para Ciper-Chile / El dinero del extravagante empresario Leonardo Farkas obnubiló a un grupo de periodistas que cubría el Festival de Viña del Mar. Sin pudor, durante una conferencia de prensa le pidieron que financiara una fiesta para los reporteros. Este caso denigra la condición de quienes ejercen el periodismo a sabiendas que la profesión siempre se ubica en la vereda opuesta de los poderosos y desprestigia a quienes actúan de manera torcida contra la deontología profesional. Pero lo peor es que se tiende un manto de dudas sobre quienes ejercen honestamente la función social de informar.El reciente Festival de la Canción de Viña del Mar, se inscribió con medio siglo de existencia. Poco tiene que ver la puesta en escena de hace 50 años en la Quinta Vergara con la expresión artístico-cultural que conocemos hoy. Ricardo García, su primer animador, lo concibió como una oportunidad para promover la música chilena en la temporada estival, con la posibilidad clara de perpetuar las obras de mayor calidad a través de un disco. Muchas de ellas alcanzaron la fama y otras muchas quedaron en el olvido.

Con el tiempo, los cambios se inscriben en la transformación que experimenta un fenómeno social que fue ampliando su universo hasta transformarse en una parada obligada del verano. La repercusión en los medios es indiscutible. Los transmiten en directo dos canales de TV y los demás dedican generosos espacios para hablar de los pormenores. La radio más importante de Chile destina sus mejores esfuerzos para cubrir hasta el más mínimo detalle. Los diarios y las revistas nos ilustran desde antes con la biografía de los artistas, fotografías y comentarios. La gente compra sus boletos con anticipación y asiste a uno o varios días. Todo el mundo comenta. Incluso los detractores del certamen. Sin duda que es un fenómeno social.

Los periodistas, se supone, deben reportear, informar, comentar y criticar. Sin embargo, la aparición este año de Leonardo Farkas, un millonario extravagante, obnubiló a un grupo de reporteros que no resistió la tentación del dinero. En medio de una conferencia de prensa, uno de los profesionales le pidió que financiara un “carrete” para los periodistas que cubrían el evento. Como en “la fiebre del oro” clamaron por las migajas del personaje para organizar una fiesta con buena música, unos cuantos bocadillos y mucho alcohol. Farkas aceptó y gastó $10 millones en el evento, que tuvo lugar el sábado pasado en el Hotel O’Higgins. Cuando se acabó, pedían más.

El involucramiento con la fuente siempre es un mal precedente para un periodista que pretende representar la realidad para su audiencia. Un caso como el que comentamos denigra la condición de quienes pretenden ejercer el periodismo a sabiendas que la profesión siempre se ubica en la vereda opuesta de los poderosos y desprestigia a quienes actúan de manera torcida contra la deontología profesional. Pero lo peor es que se tiende un manto de dudas sobre quienes ejercen honestamente la función social de informar en cualquier ámbito de interés ciudadano. Cualquier persona tiene el derecho a la duda acerca de la honestidad de quienes lo representan ante la fuente informativa. El grupito viñamarino de periodistas contribuyó a crear un ambiente enrarecido que espero sea motivo de estudio ético en la universidades con los que aspiran a ejercer el periodismo en el futuro. El Colegio de Periodistas tiene la palabra, además.

Un periodista recibe formación teórica y práctica. Y la tercera línea ineludible es la ética. Si falla esta última, de nada sirven las anteriores.

Las amenazas y los peligros mediáticos en la sociedad actual están a la orden del día. La concentración de los medios y el control sobre los periodistas constituyen la mayor demostración de lo que afirmamos y eso representa una amenaza a la libertad y por ende a la democracia. Un derecho humano fundamental está marcado por la libertad de expresión y por consiguiente el derecho a la información. Como periodistas hagamos lo que demanda el deber ser como lo han hecho maestros como el periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Leer su libro Los cínicos no sirven para este oficio, puede ser un paso importante para aquellos que se salieron de madre este verano en Viña.

Sergio Campos es periodista y conductore de Radio Cooperativa