Los Herrera lo hicieron de nuevo

los 80Larry Moe / LUN /Anoche volvió“Los 80” y lo hizo a lo grande. Literalmente remeciendo la pantalla con el recuerdo del terremoto de marzo de 1985. Las panderetas destruidas y el fin del negocio de exportación de cerezas del suegro televisivo de Daniel Muñoz promediaron, entre las 22.14 horas y las 23.35, la friolera de 29 puntos. Dejó muy atrás al “Animal nocturno” de TVN (17 puntos), al “Adiós al séptimo de línea” de Mega (8 unidades) y a “Tolerancia cero” de Chilevisión (otros 8).

Además del recuerdo de cómo se movió la Tierra por estos lados y cómo nos fastidió el sacudón de hace 25 años, la serie dirigida por Boris Quercia acometió con un generoso surtido de guiños. Por ejemplo, la entrada en acción de un nuevo personaje, la locataria Mónica, que irrumpió con la canción de “La chica de rojo” y vestida de ese color, dejando prendado tanto a Tomás Verdejo (Martín) como a Exequiel (Daniel Alcaíno, su pareja en la vida real, aunque acá, en la más Yonni Barrios tiene ocupado su corazón con el personaje de Katty Ko).

Tampoco nos dejó indiferentes la metáfora del gigante egoísta que el guionista Rodrigo Cuevas le asignó a Don Genaro (Fernando Farías, el mejor actor que tenemos en clave cascarrabias). Luego de romper los corazones de los niños de la serie (Pablo Freire y Lucas Escobar) al oponerse a seguir con su campaña “Don Genaro ayuda a Chile” se sensibiliza y todo termina con un happy end.

Otro regalito: la constatación de que a estas alturas hacer aparecer a Pinochet en nuestra televisión es un recurso más cercano a lo humorístico que a cualquier otra cosa. Dígame que ese “las casas que hay que habitar se habitan, las casas que hay que reparar se reparan y las casas que hay que demoler se demuelen”, hoy no forma parte de una suerte de prehistoria política.

Y otro más. Viendo “Los 80” anoche uno termina por convencerse de que si Don Francisco hubiera estado vivo en la época de Cristóbal Colón, seguro le habría organizado una campaña solidaria para emprender su expedición y así el navegante no habría tenido necesidad de mendigarle las joyas a la reina Isabel.

Es extraño lo de “Los 80” porque por definición una serie ambientada hace un par de décadas y que más encima nos describe muchos episodios que ya vivimos no debería aportar nada nuevo. Paradójicamente, resulta de una originalidad brutal ver y/o recordar en pantalla cómo era la vida antes de los celulares, las redes sociales y toda esta inmediatez comunicacional a ratos agobiante. Cómo era Santiago cuando estábamos en pañales tecnológicos y por lo mismo éramos más humanos y nos comunicábamos a la antigua, a la cara.