Los tres tercios en televisión

tv espadaGonzalo Rojas / El Mercurio /Sucedió unos 10 o 12 años atrás. En la corrida de asientos, al fondo de la micro amarilla, el profesor universitario se sintió algo incómodo por la insistente mirada del jardinero con quien compartía la misma ruta por Las Condes, directo hacia el Cantagallo.

Hasta que, por fin, el hombre de las manos portadoras de tremendas tijeras pasó de la mirada a la palabra: «¿Usted tiene un programa en la tele, no?». «Tenía», fue la respuesta. «¿Era el programa de ‘Los grandes viejos’, no, ese sobre personajes de la historia de Chile?», insistió el jardinero, trabajador de unos 45 años bien gastados. «Sí, pero se terminó», tuve que contestar. Y entonces, la segunda sorpresa: «Ta’ que me gustaba; aprendía tanto», acotó mi interlocutor.

El primer tercio de las personas que trabajan en televisión sabe que la dignidad de todos sus compatriotas está siendo sistemáticamente degradada -teleserie a teleserie, festival a festival, noticiario a noticiario, matinal a matinal-, pero apenas pueden ayudar a los millones de chilenos -todos, los 17- que merecen belleza visual y sonora, pensamiento veraz, información cuidadosa, opinión ponderada. Aquellos son los actores, productores, camarógrafos, maquilladores, directores, guionistas, tramoyistas, locutores, reporteros y de un cuantohay, que se van cada tarde a sus casas con la preocupación de haber logrado muy poco en su empeño por ofrecer algo realmente mejor a través de las pantallas. Y no faltan los que con el paso de los años abandonan el medio, perseguidos o frustrados.

Porque existen los otros dos tercios. Y son de temer.

Un segundo grupo está en televisión porque ahí hay mucha plata; y punto. ¿Negocio legítimo? Por cierto, pero cubierto de pieles falsas: derecho de los telespectadores a ver lo que quieran (pero son los emisores los que deciden qué ponen); pluralismo de la estación respecto de los contenidos (pero salen al aire sólo los que tienen financiamiento, y la mayoría de los empresarios, piensen como piensen, parecen olvidarlo al guiarse por el rating ).

Y no son precisamente sueldos de subsistencia los que se pagan, ni ganancias de sobrevivencia las que se obtienen. O sea que para esta buena gente, si los venenos y las basuras dan mucha plata, deben ser ofrecidos como alimento nutritivo, desde temprano por la mañana hasta bien entrado el trasnoche.

El tercer tercio es el decisivo, porque ha logrado una alianza duradera con el segundo. Son los comunicadores ideológicamente activos, quienes escogen la TV como un campo para diluir más y más las convicciones de los chilenos.

La cultura formal -la Kurtura : artes plásticas, universidades, teatro, arquitectura, letras, cine, música- se la dejan a sus colegas de la izquierda movilizada. Ellos, los de la TV, se dedican con entusiasmo a la farándula comunicacional. Así, la fórmula es perfecta: el telespectador traga en la pantalla una grasa que lo satisface, aunque a veces le cae mal o lo deja con hambre de algo distinto; y entonces consume más de lo mismo o -buscando otra cosa que lo llene de verdad- se deja caer en los amables brazos de la Kurtura … Ganancia completa para la izquierda.

Escribió Antonio Gramsci hace casi 80 años: «Si se trata de dirigir orgánicamente a toda la masa económicamente activa, se trata de dirigirla no según los viejos esquemas, sino innovando, y la innovación no puede hacerse de la masa, en sus primeros momentos, a no ser a través de una élite». Son los hombres de partido, instalados en la cultura. Son los hombres de partido, dominantes en la televisión.

¿Habrá alguna esperanza para el buen jardinero que se lamentaba porque ya no podría aprender más sobre Montt o Bilbao?