Modernidad y miseria del periodismo

En el corazón de Pekín un edificio llama la atención: la sede de la televisión estatal china, CCTV. Es una estructura de acero y cristal diseñada por el arquitecto holandés Rem Koolhas que desafía las leyes de la física; dos torres inverosímiles unidas por un pasillo imposible que hace ángulo recto. Los arquitectos que pasan por aquí dicen que el edificio pasará a la historia de la arquitectura.

En Nueva York se le ha rendido culto con una sensacional exposición. Pues bien, nada hay más chocante para la futurista modernidad del edificio, aun inacabado, que su contenido, pues la televisión estatal china, que dentro de unos meses será su inquilina, es un aparato arcaico y burocrático, firmemente controlado por comisarios, en el que se trabaja con manifiesta ausencia de libertad.

Son legión los asuntos tabú, las directivas del Departamento de Propaganda -sobre no dar tal tema, o en tal otro ceñirse única y exclusivamente a los despachos de la agencia oficial Xinhua- que privan de oxigeno a una profesión que bulle en deseos de ejercer su vocación natural: denunciar lo que no funciona, contribuir a limpiar la corrupción, mejorar el país, en fín; los propósitos ideales de todo periodismo.

La frustración de la prensa china, que, pese a todo informa de muchas cosas y contribuye notablemente a empujar el pesado carro de la modernización, quedó patente en una concurrida rueda de prensa con periodistas nacionales y extranjeros que dio el viceministro de medio ambiente. El funcionario dijo, textualmente, “animamos a los periodistas a que informen y denuncien los desmanes medioambientales, porque sin su ayuda no podremos cambiar las cosas”. La frase toco fibra sensible y todos los informadores chinos presentes estallaron en un cerrado, emotivo y espontáneo aplauso, que nos dejó extrañados a los extranjeros. Expresaba una viva frustración profesional.

Trabajar en un medio de comunicación chino es algo comparable a hacerlo en un hospital donde ves como los pacientes mueren por negligencia. El 80% de ellos declaran en las encuestas que quieren cambiar de oficio. Hay tantas cosas que denunciar que no se pueden destapar… Pero los documentos programáticos del Partido Comunista Chino son claros: la información seguirá estrictamente controlada en los próximos diez, quince, veinte años… Ese es un recurso que no puede irse de las manos. Una liberalización informativa mal calculada y caótica podría llevar a China al caos, ahí está el precedente soviético-ruso. Esa es la mentalidad. El caos puede venir también por el otro lado, pues la falta de pluralismo y la censura pudren asuntos banales hasta hacerlos explosivos, y ciega a quienes toman las decisiones sobre lo que realmente está ocurriendo en la sociedad. Esa enfermedad es mucho más significativa para China que la suerte de esos 32 periodistas chinos entre rejas por delito de opinión.

En las últimas elecciones de Zimbawe, el canal en español de la CCTV, fundado en 2002 con treinta empleados, y emitiendo 24 horas al día, informó de que se abrían los colegios electorales, cuando ya se conocían los resultados. El canal funciona traduciendo los contenidos de su homologo inglés, que a su vez recibe mucho del canal matriz chino. No se crea nada y lo más importante es no comprometerse, no desentonar, no meter la pata. Hasta la lengua se descuida. Los correctores chinos han decidido, por ejemplo, que la franja de Gaza es la “faja de Gaza” y que una holoturia, el cohombro de mar, ese pepino marino tan apreciado en la cocina china, se llame “estropajo”. “El absurdo es evidente, pero es imposible luchar contra ello, porque no te pagan por hacer las cosas bien y mejorarlas, sino por ser correcto y disciplinado”, señala uno de los 15 empleados iberoamericanos del canal. Estas realidades recuerdan que China, pese a los rascacielos modernos, es todavía un país retrasado en aspectos fundamentales.

En el centro de prensa olímpico ya se puede acceder a la BBC

Los periodistas extranjeros que trabajen en el centro de prensa olímpico de Pekín ya pueden acceder por Internet a las paginas de la BBC, Deutsche Welle, Amnistía Internacional y a los diarios de Hong Kong, cuya torpe censura causó escándalo esta semana, por el incumplimiento del compromiso chino de brindar un acceso libre a la red durante los juegos. Una reunión entre el Comité Olímpico Internacional (COI) y las autoridades chinas, concluyó anteanoche con el acuerdo de que sólo las páginas manifiestamente “sensibles”, desde la pornografía hasta las del exilio tibetano, la secta Falung Gong y el nacionalismo uigur, se mantendrán bloqueadas. Centenares de páginas web están bloqueadas en China, la polémica era únicamente sobre la censura de Internet en el Centro principal de prensa de la zona olímpica, donde hay unos 5000 periodistas acreditados.

Paralelamente, en su primera conferencia de prensa con medios extranjeros, el Presidente de China, Hu Jintao, dijo que aunque, “es inevitable que gente de diferentes países del mundo no vean ciertos temas de la misma forma, politizar los juegos no aporta nada bueno a esos temas y contradice el espíritu olímpico”. Hu observó que, “aunque continuaremos ayudando a los periodistas extranjeros que vienen a China a informar, esperamos que ellos se atengan a la ley china y sus normas”. “También esperamos que ustedes informen objetivamente de lo que vean aquí”, añadió.

China calificó como “ruda interferencia” la resolución que el Congreso de Estados Unidos aprobó el jueves instando a “acabar inmediatamente con los abusos de derechos humanos, cesar la represión de ciudadanos tibetanos y uigures y dejar de apoyar a los gobiernos de Sudán y Birmania”. La resolución, “expresa la malévola intención de un puñado de legisladores para interrumpir, politizar y sabotear los juegos”, dijo el portavoz de exteriores chino Liu Jianchao.
Modernidad y miseria del periodismo

por Rafael Poch /Pekín / Corresponsal / La Vanguardia