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Mundos opuestos: realities y la necesidad de innovar en la TV

28 enero 2013 • Noticias

Mundos Opuestos 2 no ha liderado el rating como su primera versión, y eso tiene sorprendido no sólo ha productores y ejecutivos de Canal 13 que veían la producción como un éxito seguro, sino que también a críticos y audiencia.

Algunos expertos explican que la atracción por este tipo de programas que muestran la vida privada de las personas, se debe principalmente a que, ante la retirada de la vida comunitaria y de barrio, el “gusto” por comentar la vida de gente común o conocida se traslada al espacio de la TV. En el caso de Mundos Opuestos 2, las expectativas de éxito estaban sustentadas en las cifras de su versión anterior –con alta exposición de peleas, insultos, traiciones, etc.- y en la participación del polémico Mauricio Israel, quien huyera de Chile hace algunos años por deudas impagas, y quién vuelve para encerrarse en un reality por el que recibirá 40 millones de pesos el primer mes, en una cuenta en el extranjero para evitar el acoso de acreedores. Es decir, la apuesta con MO2 fue a exacerbar el conflicto burdo y el morbo, lo cual en este caso no fue premiado por el rating.

Sumado a esto, Mundos Opuestos 2, igual que su versión anterior,  junta ya varias denuncias ciudadanas ante el CNTV  por “causal de violencia y agresión verbal entre participantes” y  por “imágenes de autopromoción en horario para menores”.

Sin duda es difícil prever qué programas tendrán alto rating y buena acogida por parte de la audiencia, y qué programas no. En este caso, se podría interpretar que el bajo rating es resultado del poco riesgo e innovación por parte de Canal 13, como sostuvo el académico Luis Breull en radio cooperativa “”hoy día la televisión abierta es una televisión bastante amenazada que tiende a replicar  contenidos que funcionan. Eso es lo que ha ido pasando con este reality, es poco novedoso”. Además, se suma el cansancio de las audiencias quienes son cada vez más críticas con este tipo de  contenidos en la TV, conscientes que se instrumentaliza la atracción por el morbo y, por lo mismo, ya no están dispuestos a premiarlos con altos niveles de audiencia.

El rating, tal como el observatorio ha sostenido en ocasiones anteriores, es muy deficitario para medir satisfacción, y altas cifras no necesariamente significa que es “lo que la gente quiere ver”. En la TV no hay receta segura. Si bien es legítimo que los canales intenten atraer audiencias masivas, la búsqueda del “rating fácil” no permite que se arriesguen con otro tipo de proyectos ni que surjan programas con otros contenidos, formatos y protagonistas, para generar así una variedad programática  que logre satisfacer las necesidades de diferentes tipos de audiencias,  demanda recurrente  en redes sociales, encuestas y conversación cotidiana.

Esta baja de rating debería servir para que productores y directores se abrieran a la posibilidad de hacer otro tipo de TV, pensando menos  en las cifras y más en  las pluralidad de audiencias y ciudadanos del país.

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