Pérdida de financiamiento de los canales y fuga de las audiencias

Compartimos artículo del Profesro LUIS BREULL  en el semanario digital www.lamiradasemanal.cl
el jueves pasado, 3 de Octubre, 2019.

Inviable, homogénea, simple y autorreferente

Por Luis Breull

¿Puede estar sana la industria de la TV abierta chilena si este año se apresta a completar un quinquenio de fuertes pérdidas que acumuladas superarían los 200 mil millones de pesos?

En septiembre se dieron a conocer de manera parcelada los negativos balances operacionales del primer semestre 2019 de las estaciones de TV abierta agrupados en la Asociación Nacional de Canales de Televisión (ANATEL). Cifras que dan cuenta de casi 13 mil millones de pesos de pérdidas, pese a los fuertes recortes en costos y recursos humanos, que desde el año 2017 han dejado a más de mil profesionales fuera de este negocio.

Autoengaño o triunfo moral

La paradoja de este proceso radica en la forma como las estaciones televisivas trataron de maquillar la entrega de datos, referida no a las pérdidas operacionales de TVN ($4.898 millones), Chilevisión ($2.584 millones), La Red ($1.749 millones) y Canal 13 ($4.866 millones) sino a la baja en el nivel de estas respecto a la gestión 2018, al menos en los dos primeros. Una lectura de negación del escenario industrial, donde la estación de Luksic trató de pasar inadvertida ante la opinión pública, informando sus pérdidas en medio de las celebraciones de Fiestas Patrias. Así, marcó su regreso al terreno de la gestión deficitaria, ya que el año anterior pudo incorporar extraordinariamente a sus arcas más de 5 mil millones de pesos, fruto no de ingresos operacionales sino de la enajenación de equipos a la productora española Secuoya (que le permitieron consolidar ganancias anuales por un total de $1.100 millones).

El único actor que ha podido mantenerse en cifras azules y también como líder indiscutido en masividad o audiencias en este contexto crítico es Mega, que a sus tres principales competidores les saca entre un 30% a 45% de diferencia en rating promedio. Pese a ello, no tiene un correlato tan positivo en materia de utilidades ya que a los más de 10 mil millones de pesos de ganancias que obtuvo el 2015 y 2016,  estas bajaron a 4.656 millones el 2017 y a 2.330 millones el 2018. Así, durante los primeros seis meses de este año exhibe solo 1.480 millones de utilidades, habiendo quemado casi todos sus recursos para consolidar su liderazgo hoy día cada vez más incierto y frágil (incluidos los altos costos de su área dramática, completamente fuera de mercado y de viabilidad en el mediano plazo, pero necesaria para afianzar su ventaja respecto al resto de los canales nacionales).

Este complejo proceso de desgaste y reconfiguración de la inversión publicitaria en Chile ha afectado principalmente a la TV abierta y a los diarios; no obstante, las radios también han visto disminuir sus flujos. Todo en un mercado que por primera vez instala a los medios digitales e internet como los más atractivos para el avisaje, superando a las restantes industrias. Un marco que se encamina a realidades mediáticas de países del primer mundo, como Estados Unidos, donde este año el consumo audiovisual de streaming en las audiencias adultas superó por primera vez al de la TV abierta.

Pantallas de crisis

La pauperización de este mercado televisivo –anticipada hace casi dos décadas en múltiples diagnósticos- está llevando a los distintos actores a reaccionar tarde y mal, generando medidas forzadas de achique de plantas y de recortes en la inversión en contenidos de mayor calidad en sus procesos de producción. Ergo, la pantalla se simplifica mediante la extensión de noticieros y de franjeados de paneles matinales, junto con la preferencia por emitir teleseries provenientes de mercados baratos, como Turquía en horarios vespertino y prime.  Un esfuerzo aún insuficiente para asegurar que sus ingresos puedan superar sus costos.

La programación televisiva ha mutado de ser un ejercicio complejo de selección de contenidos diferenciados en un entorno global cada vez con mayor sofisticación, a transformarse en un proceso rutinario de elección y descarte de formatos baratos de conversación, de fácil replicabilidad y bajo riesgo. Así presenciamos los Late nocturnos o de trasnoche (TVN, Mega, La Red y Canal 13), girando todos en una dinámica similar de rostros sobrevivientes a la “razia” por la crisis. O formatos donde se reúnen famosos a conversar en medio de dinámicas cotidianas como cocinar o beber (CHV).

Otra estrategia empleada en este entorno es el estiramiento de los ciclos programáticos cuando algún programa funciona, cual “mordida de rottweiler”, como sucede con la teleserie Verdades Ocultas, que ya lleva más de 560 capítulos al aire, o con el concurso Pasapalabra, que de ser emitido un día a la semana a comienzos de enero 2018, fue sumando emisiones hasta darse hoy de domingo a jueves, totalizando más de 200 emisiones ya.

Estas tendencias se incrementaron desde el año 2014 en adelante, fruto del giro que dio la industria con la instalación de Mega en el primer lugar de sintonía general, con el correlato del derrumbe de los prime time de toda su competencia. Un proceso que llevó a los restantes canales a acumular multimillonarias pérdidas en los últimos cinco años. El peor resultado lo exhibe TVN con más de 71 mil millones de déficit operacional, seguido por Canal 13 con 57 mil millones, Chilevisión con 38 mil millones y La Red con 21 mil millones. Un marco que obligó a reducir gastos, despedir personal, producir de modo más barato, recircular programas y repetir teleseries, sin conseguir hasta ahora una línea de flotación que permita asegurar la viabilidad futura de todos los canales que conforman ANATEL.

Caminos hacia la concentración

Reducir la cantidad de actores en competencia, ya sea por fusión, absorción, cambios en la ley que regula las concesiones televisivas, explotación compartida de señales u otros resquicios, son algunas de las alternativas que se presentan para sortear la actual crisis. Todo ello, teniendo en cuenta que con la torta publicitaria actual es imposible financiar siete señales de alcance nacional. Y las futuras estaciones que sobrevivan lo harán en un escenario que se encamina a una mayor atomización de audiencias y fuga creciente de púbicos desde la TV abierta.

Este contexto también obligará a repensar el carácter estatal de TVN, como la redefinición de su misión de servicio público a través de su programación y participación en el mercado publicitario. Ya sea manteniendo su autofinanciamiento o retirándolo de la venta de avisaje para que esos recursos se liberen  y destinen a financiar a los actores privados. Eso obligaría a otorgarle fondos permanentes del presupuesto de la nación, con una fiscalización mayor respecto de su rol.

Este debate recién comienza y el lobby de ANATEL no termina aún de sincerarse, como la negativa a tener que emitir las franjas electorales gratuitas para informar sobre las candidaturas en competencia en los próximos comicios municipales y de gobernadores (2020), más la presidencial y parlamentaria (2021), procesos que la industria estima les generarán una pérdida financiera cercana a los 3 mil millones de pesos cada uno.

Al parecer la crisis aún no termina de decantar y sus aristas seguirán alimentando futuros análisis

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