Periodicar: acción del oficio de periodista

camarógrafosPor Claudio Avendaño Ruz * / Observatorio de la Comunicación UDP / La información de la cual nos alimentamos a diario es producida por los profesionales de la comunicación, mayoritariamente los periodistas. Ellos son los agentes mediadores entre los hechos sociales, culturales, políticos, deportivos, policiales, económicos y de otra índole. Su delicada labor no es simplemente transmitir la información, sino construir realidades a partir, por ejemplo, del constructo de noticia, es decir, ese conjunto particular de hechos que tiene ciertas características que lo hacen meritorio de transformarse en un evento conocido por las mayorías.

1953, en que se fundan las escuelas de periodismo en el país (universidades de Chile y de Concepción), la formación de estos profesionales ha sido tarea de las más altas casas de estudio del país. La importancia de esta actividad amerita no sólo una prolija formación en cuanto al oficio mismo, sino en disciplinas como la ética, la comunicación y todo lo relativo a la enorme responsabilidad que conllevan las prácticas periodísticas.

En términos conceptuales, ya hace unos años se investiga este quehacer como una variable significativa en la producción de los sentidos sociales. La producción de la noticia es resultado de múltiples factores: ideologías, intereses económicos, creencias religiosas, etcétera. Pero en Chile los desempeños periodísticos no han sido investigados en todas las dimensiones que se requiere. Aunque sí se analizan las prácticas periodísticas al momento de definir las mallas curriculares en las escuelas formadoras, los datos no se ponen al servicio de un debate público amplio. Una excepción en esto es la investigación que varias universidades nacionales están ejecutando bajo el nombre de “Periodistas y comunicadores en Chile” (http://www.periodistasycomunicadoresdechile.cl/). A cargo de la profesora Claudia Mellado, en su informe preliminar entrega antecedentes valiosos de la Región del Biobío, una de las más importantes después de la Metropolitana. Pese a que se trata sólo de una parte del trabajo, ya se pueden identificar algunas tendencias.

Demuestra que, en términos amplios, el periodismo es un oficio profesionalizado ejercido por jóvenes (76,6% tiene menos de 40 años), pero no se especializan (71,1% no tiene estudios de postgrado), no obstante, existe una leve tendencia a incrementar el número de profesionales de la comunicación y del periodismo que tiene postgrados y postítulos. Tampoco tienen un alto grado de asociatividad: 10,5% están vinculados al Colegio de Periodistas.

En los últimos años se ha discutido mucho sobre la sobreoferta de periodistas y profesionales en el área. En este debate han participado el Colegio de Periodistas, las escuelas de periodismo y los propios profesionales, que muestran su inquietud por el efecto negativo que esto puede llegar a tener en el nivel de remuneraciones.

El mencionado estudio arroja datos que sirven para nutrir un debate más amplio e informado. Según sus resultados el crecimiento del sector no está en la industria de los medios de comunicación: la empresa privada, el sector educativo y la sociedad civil son las áreas más promisorias de empleo, siendo la comunicación estratégica un sector de mayor captación (61% de los potenciales empleadores). En esta área hay dos elementos para considerar a futuro. En cualquier área nueva a la que desee ingresar se requieren estudios de postgrado porque, cuando se habla de educación permanente, se está aludiendo a la idea de que la formación no está estacionada en los primeros años de la vida, es un proceso que abarca toda la vida profesional y personal de los individuos. Los postgrados han pasado a ser una constante inherente a las profesiones académicas, como lo demuestra el caso referencial de los médicos.

Otro aspecto relacionado con la formación en comunicación estratégica es que no se trata de aprender unas cuantas herramientas como si fuese un recetario. La comunicación estratégica supone la posibilidad de “construir mundos” a partir de la comunicación y esto requiere una capacidad analítica que corresponda a ese objetivo. Se necesitan personas que sepan “leer” la realidad que se desea intervenir y esto no se hace aplicando unas encuestas estandarizadas, replicando instrumentos en organizaciones o en stakeholders, exige una clara capacidad reflexiva para poder hacer diagnósticos acertados en realidades dinámicas y diversificadas. No olvidemos que cada organización tiene su propia “cultura” y habitus.

Comunicar en una sociedad líquida no es fácil, reclama profesionales que, además de manejar las gramáticas para producir relatos, deben rendirse a la experticia de elaborar mapas que contengan, a partir de productos comunicacionales, distinciones útiles para alimentar las percepciones de la opinión pública. Estos son y serán los elementos clave que los ciudadanos usan para entender el mundo.

* Director magíster internacional en Comunicación Universidad Diego Portales