Preguntas insoportables sobre la televisión en Chile
Patricio Bañados / Digan lo que digan y aunque, como se acostumbra entre nosotros, se enfurezcan los que reciban el sayo, en Chile no tenemos Televisión Pública más que de nombre. Y los privados no parecen considerar que en ese ámbito, tal vez principalmente, deberÃan demostrar su responsabilidad social.
El Presidente de la República, Jorge Alessandri RodrÃguez, se inclinó sobre el mesón del estrado en el salón de plenarios del Congreso Nacional y exclamó: -¡Por favor, señor, déjeme hablar!
¿Qué habÃa pasado? Es el 21 de Mayo de 1962, y por primera vez, se transmite por televisión el Mensaje presidencial que inaugura el perÃodo de sesiones ordinarias del Congreso. Las rudimentarias cámaras del canal 9 de la Universidad de Chile no tenÃan zoom y la única manera de cerrarse sobre un objetivo era acercándose fÃsicamente. El camarógrafo, con los oÃdos tapados por los fonos en que recibÃa las órdenes del director, Raúl Aicardi, no se dio cuenta de que estaba respondiendo a gritos. Y, tras comenzar con una toma amplia desde el fondo, a medida que fue acercándose a la testera su voz empezó a confundirse con la del Presidente.
Con esa esforzada transmisión el canal universitario iniciaba la que entonces se consideraba serÃa la función esencial de la televisión. Un servicio público para integrar y educar al paÃs. Por algo habÃa sido confiado a las universidades este instrumento capaz de llevar sonido e imagen a todos los hogares del paÃs. Porque si hubieran dispuesto de tan formidable medio de comunicación los estadistas que forjaron nuestra república durante el siglo XIX, alfabetizar al paÃs habrÃa tomado cuando mucho una década en vez de un siglo. Y eso, por lo visto, es lo que comprendÃan los estadistas de los años ’60 del siglo XX.
Hace un par de años, en una pintoresca ceremonia, el Senado entregó algunos premios a la televisión. Se suponÃa que le celebraba sus cuarenta años o algo asÃ. No se hizo mención siquiera de esa primera ocasión y sus protagonistas. Seguramente porque, a tono con la liviandad con que nuestras autoridades miran al medio actualmente y el papel frÃvolo que se le ha asignado, lo ignoraban. Y si no lo ignoraban, lo que serÃa muy raro, serÃa porque no comprenden la trascendencia que tuvo instalar como una tradición el llevar a todos los hogares del paÃs las ceremonias más importantes de nuestra liturgia cÃvica.
Ahora se ha discutido latamente la nueva norma digital a adoptar y que, se dice, permitirá aumentar considerablemente el número de canales de libre recepción. Esos que llegan a todos los hogares sin discriminar a los que no pueden pagar. Pero todavÃa no se escucha una discusión del mismo calibre respecto a lo que verdaderamente importa: los contenidos que se transmitirán a la población a través del nuevo sistema.
La ciudadanÃa, siempre marginada de las grandes decisiones, tiene derecho a preguntarse a quienes y para qué se otorgarán las nuevas concesiones. ¿Seguirá todo en manos de, condicionado por, y al servicio del gran dinero? ¿Habrá nuevas legislaciones lo suficientemente claras y especÃficas como para que no terminen en letra muerta? Digan lo que digan y aunque, como se acostumbra entre nosotros, se enfurezcan los que reciban el sayo, en Chile no tenemos Televisión Pública más que de nombre. Y los privados no parecen considerar que en ese ámbito, tal vez principalmente, deberÃan demostrar su responsabilidad social.
(*) Patricio Bañados es periodista, conductor de radio y televisión y fue rostro de la campaña televisiva en favor de la opción ‘NO’ en el plebiscito de 1988


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