Prensa y abuso sexual

Foto de la Abogada Paula Vial en La Tercera

Más alla de lo verosímil que puedan ser las denuncias  de abuso sexual contra el cineasta Nicolás López y la importancia  que se abra en nuestra sociedad un espacio crítico sobre conductas perpetuadas a lo largo de los tiempos que son sin duda inaceptables, parece urgente llamar la atención sobre la gravedad del linchamiento mediático de que ha sido objeto el acusado. Esto porque ocurre casi simultáneamente con la tortura a los ecuatorianos en una carcel y con la apertura de un debate público sobre la legitimidad de estos hechos, en vista de que ellos habían sido autores de un crimen.

 

Nos permitimos a continuación transcribir algunas opiniones  en torno al tema que confirman,por una parte, el rol cultural de los medios para hacer inaceptables las conductas denunciadas, pero que , por otra parte, nos alertan sobre la necesidad de respetar el derecho a defenderse y a la presunción de inocencia de toda persona involucrada en acusaciones sean estas faltas, delitos o crímenes. 

 

La Tercera 8/7/18

Extractos de la entrevista  a la Abogada Paula Vial, tras el llamativo titular de un diario ¿ Puede una feminista defender a Nicolás Lopez?

Periodista

Ustedes en un comunicado anuncian acciones legales tras el reportaje. ( Revista del Sábado, El Mercurio) Eso se interpretó como un amedrentamiento a las denunciantes. ¿Cómo se puede entender que una feminista ocupe esas tácticas?

 

Eso no es así. El tema acá es que no hay antecedentes, hay evidencia que contrarresta esos testimonios, algunos de ellos falsos. Nosotros no amedrentamos. Lo que me parece un problema es el lugar donde ellas eligen hacer su denuncia. Una publicación es un lugar que lo expone (a Nicolás López), o sea, es un lugar donde si su objetivo era destruir su imagen, es un objetivo claramente logrado. Y eso es mucho más fácil de hacer en un reportaje. Esto genera un problema en la defensa, las garantías de cualquier imputado se ven afectadas, porque se lo destruye comunicacionalmente y de eso ya no hay mucha vuelta. Ha habido un linchamiento público, una especie de catarsis pública en que se lo sindica como el epítome del abuso, eso es absurdo. Yo soy militante feminista, pero también soy defensora y comulgo con los principios de uno y otro.

Periodista

Usted cree que se puede ser feminista y, a la vez, defender a una persona acusada de abuso, lo que conlleva contrarrestar las versiones de esas mujeres…

Paula Vial

Me parece absolutamente compatible. En este caso, si no le hubiera creído a Nicolás, no hubiera tomado el caso, pero creo en su historia y me parece importante también, en el mundo del feminismo, establecer ciertos estándares en relación a las denuncias y en el espacio donde se hacen. Yo siento mucho lo que las mujeres que aparecen en el reportaje hayan podido sentir en relación a Nicolás, pero yo me muevo en el mundo de las evidencias y por eso es que me pareció importante tomar esta defensa. A mí no me parece que la justicia o el respeto por los derechos de la mujeres se puedan construir en base a denuncias falsas y creo que situaciones como estas, donde hemos analizado evidencia que dice lo contrario a lo que algunas han señalado, les hacen un flaco favor a los verdaderos casos.

Periodista

El mundo feminista se siente decepcionado de usted. ¿Cómo vive eso en lo personal?
Soy abogada y penalista. Se me ha tratado con mucho machismo al no respetar eso, mi profesión; se ha puesto en entredicho mi militancia feminista, que es real y profunda, porque es mi forma de ver la vida, y he visto cuestionamientos en mi contra que no he visto nunca en relación a hombres en casos de alta connotación pública. Nunca se ha visto que el debate de tal o cual imputado sea su abogado. Yo soy feminista, creo en poder cambiar la estructura del mundo, los espacios de autoridad, de poder, de decisión. He luchado para eso, para que haya equilibrio. Y creo que es compatible creer en ese feminismo profundo y creer también en el derecho a defensa, la presunción de inocencia y que se me respete en mi rol de defensora.

El columnista Jorge Navarrete habla de una línea que se ha querido trazar en el debate público; mediante la cual todo aquel que no condena de manera inmediata a los denunciados o se atreve siquiera a plantear cautela frente al linchamiento público que continuamente se sucede, los transforma en una suerte de cómplices o encubridores, cuando no también en maltratadores.

Una opinión impopular  – Jorge Navarrete

…..a propósito de las múltiples denuncias sobre acoso o agresión sexual hacia mujeres -ciertamente valorables, necesarias y legítimas- me parece que en la reacción de una parte de la opinión pública también se esconde una pulsión moralista, la que deviene en la estigmatización y el reproche ético para todos aquellos que no se pliegan a la anticipada condena del denunciado o, para qué decir, si previenen sobre los derechos y garantías que también poseen los acusados.
Pero apegarse a las reglas y procedimientos, o respetar la opinión de quien asume una perspectiva diferente, en nada amilanan la fuerte condena hacia el abuso, el anhelo de justicia y menos descalifica a las mujeres que denuncian estos graves hechos. La Tercera

 

El columnista Carlos Peña se pregunta si es o no el deber de los medios dar cuenta de  casos como el de Nicolás López o Herval Abreu son relativos a personas privadas, gente que ni administra el poder estatal, ni maneja recursos públicos. Y también es verdad que sus víctimas pudieron, en principio, denunciarlos ante la justicia y discutir su caso con todas las reglas del debido proceso.

Exacto columna de Carlos Peña, El Mercurio Domingo 8/7/2018

Suele olvidarse, pero la dignidad de la prensa no solo deriva del papel que ella puede cumplir a la hora de limitar el poder del Estado, haciendo el escrutinio de la conducta de los funcionarios públicos, también esa dignidad deriva del hecho de que la prensa contribuye a lo que pudiera llamarse la mejora de la cultura, al hacer a las personas más conscientes de los usos sociales que envuelven su conducta y al obligar, a quienes leen los periódicos o miran la tele, a volverse más reflexivos y más atentos a lo que, hasta apenas ayer, consideraban correcto e indigno de atención.

Es verdad que la prensa es a veces fuente de abusos (desde luego ella, que hoy denuncia los abusos sexuales, también hizo su aporte a la cosificación de la mujer) y que en ocasiones se ejerce con simple frivolidad, y también es cierto que, por amor a las audiencias, por momentos encanalla la vida cotidiana sin motivo alguno. Pero nada de eso es lo que ha ocurrido estas semanas, en que la prensa ha develado el abuso y la invasión del cuerpo ajeno que se anida en conductas que parecían inocentes, pero que ahora, gracias a la prensa que las puso a la vista y las describió, empezarán, es de esperar, a ocurrir menos.

La prensa tiene, junto con el control del poder público, ese deber, por llamarlo así, civilizatorio de las costumbres, consistente en mostrar en la forma elocuente de un reportaje o de una noticia hasta qué extremo se llega cuando se deja a las costumbres y a la conducta ejecutada a su sombra andar por su cuenta y sin reflexión crítica alguna.

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