Presencia de la tercera edad en la TV abierta

Fucatel ha estado manifestando en los programas radiales «Odio la televisión, pero me encanta» (todos los jueves de 16 a 17 horas en radio Universidad de Chile ver Podcast en este sitio) y relevando diversos estudios el hecho que los públicos que aún permanecen en la TV son la tercera edad y los estratos sociales más bajos. Esta deserción se debe a la multiplicidad de medios a través de los cuales informarse y entretenerse, pero principalmente a la mala calidad de la oferta programática. Interesa pensar ahora cómo los que deciden en la TV analizan  los datos y cómo ven ellos a sus audiencias para entender el por qué de una programación que es calificada en forma general como «mala» o» irrelevante».

Compartimos a continuación artículo un artículo que se refiere al tema,  aparecido el jueves 8 de Agosto en:

www.lamiradasemanal.cl

Ancianas, televisivas y pobres…

Por Luis Breull

Pese a que la IX Encuesta Nacional de Televisión data del 2017, hace pocos días el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) dio a conocer un estudio de consumo, valoración, usos, dispositivos y tecnologías, mediante las cuales la tercera  edad en Chile se relaciona con este medio.

Una de las primeras claves que surgen de los datos refiere a que este segmento tiene una alta diferenciación en sus juicios y modos de ver lo que hoy ofrece tanto la TV abierta, como la regional y la de pago, según sea su capital cultural, social y económico. Y también su sexo. Es decir, a mayor edad y pobreza en todos estos atributos, mayor afinidad y dependencia de la pantalla tradicional, generalista y gratuita para informarse, entretenerse y percibir la realidad.

Rostros jóvenes, públicos viejos

Una de las principales críticas que emerge de los datos informados por la entidad reguladora de la TV chilena, es que el público mayor de 60 años –un 16% y fracción de la población nacional de acuerdo al último censo- no se siente representado generacionalmente por los staff de conductores, panelistas y públicos de los programas, así como por los personajes hegemónicos de los contenidos audiovisuales que se difunden: La televisión tiene un desafío ante esta audiencia: es una población con cada vez más importancia demográfica y, si bien, es un segmento fiel a este medio, parece estar descuidado en lo relativo a su presencia en la pantalla”.

Cobra más relevancia aún cuando estamos frente al target o segmento más expuesto a la TV abierta –en un promedio diario de 3 horas y 8 minutos los hombres, y 4 horas 58 minutos las mujeres- y que de todos modos se siente no incluido ni reflejado en sus contenidos. Una insatisfacción que se expande también al tipo de contenidos y el tratamiento de los temas, cuando se trata de la tercera edad ABC1 o de los estratos medios altos y altos. Justamente, un grupo alfabeto digital y de mayor consumo televisivo segmentado por industrias y plataformas tecnológicas –así como teléfonos móviles- que los del mundo popular o pobre.

Pantalla país para menesterosos

El estudio del CNTV entrega información de consumo y comportamiento a través de dos sub segmentos de la tercera edad, los que van de 60 a 69 años y los de 70 a 80 años. Los primeros más tecnologizados y disconformes, mientras los segundos más pasivos y acríticos.

No obstante estas distancias, para ambos segmentos los noticieros son una fuente preferente de información y de conexión con la realidad social del país. Ergo, la responsabilidad de los departamentos de prensa de los canales es muy alta para la construcción o el refuerzo de las percepciones de estas audiencias –activos votantes en las elecciones democráticas- sobre los asuntos públicos y los problemas más urgentes. Y mientras un 71% de los adultos mayores forman parte de los estratos D y E –populares, vulnerables o pobres- solo un 43% del resto de la población que no pertenece a la tercera  edad está en estos segmentos.

Esta tercera edad es en esencia el núcleo societal más temeroso, encerrado, conservador y autoritario; reticente a los cambios sociales y a la aceptación de las nuevas formas de expresión de ciudadanía y de modos de construir familia, vivir la sexualidad y definir las identidades de género vigentes para las generaciones más jóvenes. Un grupo que no logra integrar ni comprender a cabalidad los cambios de Chile y el mundo, ni el desgaste de las instituciones y viejos anclajes –como las iglesias o partidos políticos- que dieron marco a sus propias narrativas en décadas pasadas (y que hoy tienen alto temor a las diferencias y conflictos, demostrando un bajo capital social).

Desafíos de igualdad para la TV que se viene

En materia de migración digital, la tercera edad –concluye el informe del CNTV- debe ser un grupo prioritario en el enfoque de las campañas de difusión pública, porque tienen un alto desconocimiento tecnológico. Aunque mientras mayores recursos económicos se tienen y se dispone de más equipos tecnológicos aumenta el nivel de crítica frente a los contenidos de la TV abierta, hay una valoración transversal en torno a la TV de pago y a los contenidos de los canales de TV regionales, orientados a la actualidad local.

Este será un nicho de desarrollo importante para que en el contexto de la transición a la TV digital, el surgimiento de nuevas señales de regiones puedan instalarse y subsistir, más allá de sostenerse en los mayores de 60 años (una audiencia tradicional, prácticas mediáticas informativas muy estables, que consume habitualmente noticiarios de TV abierta y los complementa con la radio).

Entre las variables observadas en este estudio, destaca que “los adultos mayores de sectores altos parecen tener más similitudes con los jóvenes que con quienes serían sus coetáneos”.

Por eso, el desafío de inclusión social televisiva remite tanto a mejorar los contenidos para reforzar el capital social de los segmentos más necesitados, así como para acortar la brecha de desigualdad que en Chile también se expresa fuerte en materia de usos televisivos y construcción de opinión pública.

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