¿Qué podemos esperar de la TV Digital? Responde Luis Breull

Terra, 11 de julio.

El periodista y académico Luis Breull, quien se ha convertido en una voz relevante para hablar del negocio de la televisión en Chile, detalla aquí qué podemos esperar de la aprobación de la ley de Televisión Digital Terrestre en Chile. El blogger de Terra y consultor de medios repasa las experiencias mundiales y no se muestra muy optimista.

Luis breull

La reciente aprobación de la ley de Televisión Digital Terrestre en Chile –tardía frente a los avances reales del consumo tecnológico audiovisual disponible, pero necesaria como salto en calidad de imagen y sonido en el contexto de libre recepción– marca un escenario cargado aún de dudas tanto como certezas.

No se trata de ser escéptico, sino contextualizar qué se puede esperar en torno a este salto tecnológico. Un cambio que demoró seis años de tramitación legislativa y que debutará en nuestro territorio al mismo tiempo que en el primer mundo se norma la irrupción de la TV híbrida o inteligente (esa pantalla que ahora puede navegar por internet y conectar smartphones, tablets, discos duros, consolas, computadores, reproductores blu ray y grabadores digitales).

Lo cierto

La TV abierta va en retirada. Ya en el 2006 la mitad de los hogares del mundo disponía de al menos un aparato con acceso a esta industria; no obstante, la cifra descendió al 31 por ciento en el 2012 de acuerdo a estadísticas de la consultora francesa IDATE (DigiWorld Yearbook 2013). Y los niveles de rentabilidad tampoco muestran un gran dinamismo, donde la inversión publicitaria del sector se mantiene casi estancada frente al crecimiento de la TV IP (web) y la TV de pago.

En Chile aún no se informa la inversión publicitaria total de 2013, pero datos provisorios ratifican el estancamiento de la TV abierta (-0,1 por ciento), versus la TV de pago (+18,6por ciento). Cifras que se complementan con el inicio de un 2014 complejo, con pérdidas por 2.724 millones de pesos el primer trimestre, mientras que en el mismo lapso del año pasado había utilidades por 90,3 millones de pesos.

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Es en este contexto algo complejo, donde en los últimos diez años el rating anual del encendido de la pantalla generalista cae de 37,3 a 28,7 puntos (23 por ciento  menos de audiencias disponibles para vender a los avisadores). En cambio la TV paga sube un 121por ciento entre el 2008 y 2013, pasando de 6,5 a 14,4 puntos promedio anual.


  Foto: Terra

Los beneficios

Tanta cifra poco alentadora puede esconder la ganancia real de mejorar las trasmisiones de TV análogas y transformarlas en señales digitales. Con este atractivo salto tecnológico se permitirá emitir en alta definición o full HD, así como en definiciones estándar que hoy se asemejan a la calidad de la imagen normal de la TV de pago. Además, se podrá disfrutar de sonido de alta fidelidad, como hoy traen los dvd’s o blu ray de series  y películas.

Otro efecto positivo es que ofrece la posibilidad de administrar mejor el espectro radioeléctrico y –si lo desean– los canales de TV abierta podrán emitir más de una señal en el ancho de banda que ocupan hoy con sus estaciones análogas. Por lo mismo, podrían crear canales adicionales, permitiendo diversificar la cantidad de contenidos disponibles para las audiencias nacionales (a nivel nacional, regional o local).

Y otro elemento clave que ingresa a la práctica de ver TV en el formato digital es la combinación de las transmisiones televisivas con la operación de un sistema de administración de datos en paralelo, llamado middleware, que hace posible la interacción del telespectador con los contenidos que consume desde la pantalla o con el medio mismo.

Se pueden configurar canales de retorno para emitir comentarios, así como desarrollar menús para seleccionar contenidos, hipertextos, tiros de cámara o ángulos de imagen que uno quiera ver –sobre todo en grandes eventos deportivos–, o bien la opción de realizar trámites desde el mismo televisor, como sucede en Corea, entre otras cosas.

Las interrogantes

La irrupción de la TV digital en el primer mundo tuvo resultados disímiles en la década dos mil, cuestión que ha sido seguida en detalle por los ejecutivos nacionales a cargo de implementar este salto tecnológico.

El Reino Unido, Francia, Italia o España han tenido experiencias diversas, en donde la inmediata multiplicación de señales fue la norma, pero los beneficios de ella aún están en duda. En una primera etapa la opción de ingleses y españoles fue crear una TV digital de pago (los servicios One y Quiero, respectivamente), que fracasó al poco tiempo para refundarse desde consorcios público-privados que ofrecieran contenidos gratuitos (como Freeview e Impulsa TDT). Otra vía fue la de franceses e italianos, que optaron por explorar desde el inicio un modelo mixto de TV digital terrestre gratuita en conjunto con una oferta de programación pagada.

La alternativa de Estados Unidos fue no promover la creación de más señales, sino sólo incentivar las emisiones en alta definición. Esto debido a que no reportaba mayor atractivo un despliegue así por la alta tasa de penetración de los sistemas de TV de pago (sobre el 90 por ciento). En cambio, el camino de multiplicación de canales nacionales sucedió en Europa, pasando a la treintena en la mayoría de ellos.

Como regla común, la TDT en Europa creó nuevas alternativas de cadenas segmentadas como canales infantiles, deportivos, musicales, culturales, de noticias, de teletiendas, de realities, de ficción serie y cine, de entretención en códigos más complejos y otros para mujeres u hombres (especialmente orientadas al reciclaje de contenidos y la recirculación de ellos por varias estaciones, así como la programación en vivo y de bajo costo). Pero las estaciones principales generalistas siguieron siendo las más masivas, pese a la fragmentación de ratings.

Una consecuencia de este entorno de más canales digitales fue la presión por la baja de costos de producción en general y la disminución en los tiempos de realización de los programas. Es decir, programación de escaso valor agregado, salvo excepciones  como canales culturales de alto estándar, pero planteados como experiencias binacionales con aportes públicos directos, como el caso de la cadena franco-alemana, ARTE, que concentra una de las experiencias de TV de mayor estándard e innovación crossmedia.

Otra consecuencia, ejemplificando el caso español fue la alta tasa de recambio de canales ante el fracaso e inviabilidad comercial de los proyectos más pequeños. Entre el 2006 y 2014 han cerrado sus transmisiones una treintena de estaciones, con el consiguiente jaque a los consorcios propietarios.

Es así como se configuró un escenario de mercado donde el grupo Planeta (Antena 3 y La Sexta), junto con Mediaset España (Telecinco y La Cuatro, ex grupo Prisa), desde 2011 dominan el mercado de inversión publicitaria. Con poco más de diez canales digitales se llevan casi el 90 por ciento de todos los ingresos por avisaje, sin considerar que en España hay cerca de 200 estaciones de alcances nacional, regional y local.

Es de esperar que en nuestro territorio la llegada de la TDT no sea un sueño frustrado de diversidad ni una ilusión óptica, aunque las alertas encendidas por los ejecutivos de ANATEL apuntan al statu quo más que a una primavera de contenidos y operadores nuevos en el mercado.

         Terra