¿Quiénes grabaron las últimas palabras de Salvador Allende?

En el siguiente artículo el periodista Ernesto Carmona reivindica el rol jugado por Guillermo Ravest Santis y el fallecido radioperador Felipe Amado, ambos funcionarios de Radio Magallanes hasta el 11 de septiembre de 1973, en la preservación de la cinta con las últimas palabras pronunciadas por Salvador Allende en La Moneda.

 

La historia oculta de una llamada telefónica histórica:

Por Ernesto Carmona (especial para Argenpress)
http://www.argenpress.info/2008/09/la-historia-oculta-de-una-llamada.html

Cada vez que se evoca el golpe militar en Chile se escuchan o citan las últimas palabras de Salvador Allende, difundidas en vivo por radio Magallanes durante la trágica jornada de aquel 11 de septiembre de 1973. La preservación de esta alocución para la historia, que hoy pertenece al patrimonio cultural y político de la humanidad, se debe al trabajo del periodista Guillermo Ravest Santis y del fallecido radio-operador Felipe Amado, ambos de la Magallanes y entonces militantes del partido Comunista, propietario de la desaparecida emisora, que en ese tiempo encabezaba una red nacional de 14 estaciones.

En la historia desconocida del 11 de septiembre chileno hubo muchos héroes anónimos que simplemente supieron hacer su trabajo. Otro fue Julio Soto, el chofer de Salvador Allende quien, en apenas 11 minutos recorrió unos 15 km desde la residencia presidencial al palacio de La Moneda , que hasta esa fecha simbolizaba la sede del poder legítimo. A sus 24 años, Soto evadió el riesgo de encontrarse con militares y carabineros que ya comenzaban a controlar la ciudad y logró trasladar al Presidente al palacio antes que llegaran “ellos”. Hizo un rodeo tan rápido por las zonas despejadas de la urbe congestionada por el tráfico de las 7 de la mañana, que el resto de la escolta tardó en alcanzarlo. Aunque sobrevivió, pagó su eficacia con tortura y cárcel, pero cumplió con su trabajo, según el relato del propio protagonista a Jorge Luna, de Prensa Latina, 35 años después. (1) Y Allende pudo estar a tiempo en su lugar de trabajo para dirigirse por radio a su pueblo y a la posteridad. Sin embargo, se conoce muy poco la pequeña historia que rodea la recepción y grabación de las palabras del Presidente.

Ravest, quien era entonces director de la Magallanes , lleva años luchando porque se reconozca su participación en la salida al aire y la conservación de la última llamada telefónica en que Allende improvisó su memorable alocución, a las 9:20 de la mañana del martes 11, cuando las demás radioemisoras afines a su gobierno ya habían sido silenciadas por los militares. Allende habló adolorido, improvisando un discurso breve y magistral que el radio-operador Felipe Amado grabó para la posteridad. Su instinto lo condujo a utilizar una cinta nueva para registrar mejor calidad de sonido, transmitiendo la voz del Presidente sin pérdida de tiempo.

La calidad óptima de la apresurada grabación permitió volver a difundirla perpetuamente. Esa mañana se repitió una vez más, antes que la radio fuera acallada definitivamente, hasta hoy. Ravest y Amado pudieron grabar 40 copias durante los dos días que debieron permanecer en los estudios de la emisora, obligados a la inmovilidad por el toque de queda que impusieron los nuevos gobernantes desde la tarde del 11 al mediodía del jueves 13.

Las breves palabras del Presidente Allende erigieron una suerte de estatua oral, política y moral de un jefe de Estado que supo defender con su vida la Constitución y la ley. Su verbo fue engrandecido por el metal sereno de su voz y una valentía sin precedentes en América Latina. La estatua oral se fortaleció con el tiempo, mucho antes que se levantara cualquier monumento de piedra en su memoria.


Pequeña historia del último discurso

Allende habló cinco veces por radio durante la mañana del Once. Las primeras cuatro alocuciones fueron transmitidas por radio Corporación, del partido Socialista, como cabeza de una red de emisoras afines al gobierno llamada “Voz de la Patria “. Sólo la quinta y última alocución se difundió exclusivamente por radio Magallanes, a las 9,20 horas, porque las demás emisoras leales al Presidente ya habían sido silenciadas. Dominaba el éter una red sediciosa encabezada por radio Agricultura, de los latifundistas agrupados en la Sociedad Nacional de Agricultura.

Los golpistas acallaron temprano las radios favorables al gobierno en una llamada “operación silencio”, conocida hoy por documentos secretos desclasificados de EEUU. Todos los pormenores del plan de golpe estuvieron en conocimiento de la embajada estadounidense con varios días de anterioridad. Por bombardeo aéreo de sus antenas y plantas transmisoras, o presencia física de la soldadesca en sus instalaciones, fueron acallando emisoras como Corporación, del partido Socialista, Portales, radio privada plegada con Allende, Universidad Técnica del Estado (UTE) y Luis Emilio Recabarren, de la central obrera CUT, ambas controladas por el partido Comunista, la radio Nacional, que era una estación privada propiedad del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, curiosamente, silenciar