Rana Husseini: la periodista que salva vidas de mujeres

rana c2Paola Wächter / La Tercera / Esta reportera de investigación y activista jordana ha trabajado 15 años denunciando asesinatos de mujeres que se cometen en nombre de la honra familiar. Acaba de publicar un libro que tiene el estilo vigoroso y comprometido que la caracteriza. El real honor, dice, está en la igualdad, la tolerancia y la responsabilidad civil.

El 31 de mayo de 1994, Kifaya Hussein, una niña jordana de 16 años, fue asesinada por su hermano en Amán, la capital de Jordania. Después de sentarse en una silla, beber agua y practicar un rezo islámico, fue degollada. Inmediatamente, el homicida salió a la calle, ondeó un cuchillo manchado con sangre y gritó: “He matado a mi hermana y he limpiado mi honor”.

La muerte de esta adolescente marcó para siempre a Rana Husseini (1969), periodista jordana y defensora de los derechos humanos, quien, por entonces, iniciaba su carrera en el diario The Jordan Times. Había estudiado periodismo y arte en la Universidad de Oklahoma y esperaba escribir sobre literatura y música, pero esta fuerte realidad se impuso y reorientó su profesión. Durante 15 años realizó constantes reportajes de denuncia en el periódico y, recientemente, inmortalizó la vida de Kifaya en las primeras páginas de un libro que lanzó a fines de mayo en Reino Unido: Crímenes en Nombre del Honor.

“Empecé el libro con la historia de Kifaya: una niña que fue abusada sexualmente por uno de sus hermanos, quedó embarazada y sufrió un aborto clandestino. El hermano trató de matarla, pero logró sobrevivir. Después, fue obligada a casarse con un hombre 40 años mayor que, a los seis meses, se divorció de ella. El segundo de sus hermanos la degolló después de que la familia la culpara de la violación que padeció. Esta historia me impactó y, al otro día, una mujer influyente llamó al periódico y comenzó a gritar para que mi editor censurara el reportaje de Kifaya, porque, según ella, este tipo de asesinatos no ocurría en Jordania”, cuenta Husseini a revista Mujer.

Pero el jefe no la apartó de su investigación. Los hostigamientos verbales y las amenazas de muerte que sufrió después, tampoco lograron persuadirla de no seguir con su labor. Por el contrario. “Este hecho provocó que decidiera documentarme en todos los casos relacionados con los llamados ‘crímenes de honor’, especialmente, porque por esos años tales asuntos eran tabú. Nadie quería hablar de ellos. Además, descubrí que los criminales eran liberados con sentencias indolentes: de tres meses a un año de cárcel. Así que comencé a escribir con la esperanza de que la gente, el gobierno y los intelectuales reaccionaran”, relata la periodista.

Un fenómeno global

Cada año en Jordania –dice Husseini–, unas 20 mujeres son víctimas de los llamados “crímenes de honor”; en Turquía se registraron 231 casos en 2007, según el Fondo de Población para las Naciones Unidas. En Pakistán, las cifras también se dispararon (unas 2 mil asesinadas entre 2004 y 2007) al punto que la prestigiosa revista médica The Lancet pidió, en junio pasado, que este asunto fuera visto como un “grave problema global de salud pública”. De hecho, se calcula que, anualmente, en el mundo 5 mil mujeres son asesinadas por padres, hermanos o maridos en defensa de la honra familiar.

“Estos crímenes ocurren en todas partes, no sólo en Jordania, y por lo general, en áreas pobres y superpobladas, y en familias de clase media y baja donde el boca en boca se propaga muy rápido. Los clanes no encuentran otras salidas para enfrentar la vergüenza más que matar a sus parientes mujeres. Ahora bien,muchos países como Pakistán, Turquía, Siria y Palestina trabajan fuerte contra estos asesinatos (…) Como he dicho: este es un fenómeno global”.

–Llama la atención que estos asesinatos por honor ocurran también en Europa. ¿Qué tanto tiene que ver el fenómeno de la inmigración?

–Sucede entre los habitantes de los pequeños pueblos… Yo cité (en el libro) informes de Human Rights Watch y Amnistía Internacional que hablan de la proliferación de estos hechos en pequeñas comunidades. Esto sucede entre los inmigrantes. ¿Por qué? Esa es una pregunta que queda abierta, pero básicamente muchos de ellos desean imponer sus costumbres y hábitos a sus hijas, quienes comienzan a exponerse a un estilo de vida más libre y quieren vivir como lo hacen los demás. Ahí comienza el problema porque, como resultado de esto, algunos padres decidenmatar a sus parientes mujeres.

–Informes de la ONU señalan que estos asesinatos también sucederían en Latinoamérica.

–Existen casos, pero son mayoritariamente hombres contra sus parejas y creo que esto es un retroceso a la sociedad patriarcal donde los hombres todavía quieren controlar a las mujeres y esperan que ellas sean fieles. Algunas familias también desean que sus hijas sean “buenas chicas” hasta que se casen y es ahí donde podríamos decir que ocurren estos crímenes.

Rana HusseiniVidas al límite

 En la portada de su libro Crímenes en Nombre del Honor, Rana Husseini no quiso poner imágenes de mujeres maltratadas ni hombres amenazadores. Nada de dramatismo para un texto que está cargado de desventuras. La periodista relata casos estremecedores, pero también explica la complejidad social que sustenta esta práctica, el escollo legal y los esfuerzos desplegados para combatirla. El mensaje es claro: “El real honor es acerca de la tolerancia, la igualdad y la responsabilidad civil”.

Las mujeres, según Husseini, pueden ser asesinadas (quemadas, apedreadas, degolladas) en forma pública o privada e invocando distintas razones, muchas de las cuales están fundamentadas en un rumor o una sospecha. Pero las causas más comunes de los llamados “crímenes por honor” son la desaparición de la mujer y el embarazo extramarital. “En muchas ocasiones ellas también encuentran la muerte por motivos financieros, cuando rechazan renunciar a sus derechos de herencia o a entregar algunas de sus propiedades a los hombres de la casa”.

–Desde su experiencia, ¿cómo es posible que hoy se sigan cometiendo crímenes de esta naturaleza?

–Lo que pasa es que aún hay gente que piensa de manera diferente. Los hombres de la familia se “cuelgan” en tradiciones y creencias culturales erróneas y desean controlar a las mujeres. También viven atemorizados por aquello que los demás puedan pensar de ellos. Si no las matan, temen ser rechazados por sus comunidades o parientes. Todo esto tiene que ver con los miedos, el control y las creencias culturales injustas.

–¿Cuál es el sentimiento más común de los hombres que cometen este tipo de crímenes? Muchos son tratados como héroes.

–En muchos casos son las familias las que empujan al individuo a cometer el crimen y convierten a ese ser humano en asesino. Creo que algunos de estos hombres son víctimas, porque al final nadie quierematar a una pariente con la que creció gran parte de su vida (…) Pero son presionados por sus propias creencias y tradiciones injustas. Y sí, en muchas ocasiones son tratados como héroes, aunque después de cometer estos asesinatos algunos sufren depresiones”.

–¿Y las madres son parte o solución de este problema?

–Las madres, por lo general, no saben cómo actuar. Si defienden a sus hijas podrían ser asesinadas o acusadas de ser cómplices de “las maldades” cometidas por las mujeres de su familia. Así, algunas se mantienen distantes; otras, respaldan el asesinato y creen que sus hijas merecen morir. Nuevamente, esto responde a una educación tradicionalista e injusta en donde la mujer debe obedecer sin protestar.

–¿Qué futuro le espera a una mujer que ha sobrevivido a amenazas o violencias de este tipo?

–Depende. Existen mujeres cuyas vidas están en peligro o han sobrevivido a un atentado de muerte y son encerradas en prisión. Hay organizaciones que están tratando de ayudarlas a encontrar alternativas, pero algunas continúan en la cárcel por períodos indefinidos. Otras veces consiguen libertad bajo fianza gestionada por un pariente hombre que desea matarla.

–¿Cómo resolver un problema de alcance global donde no pareciera haber un compromiso total e integral para combatirlo?

–Los medios de comunicación deben publicar constantemente sobre estos temas y trabajar en humanizar los casos, enfocándose en los esfuerzos realizados por algunos países. La sociedad civil, por su parte, tendría que fomentar el diálogo, extender sus manos y servir a las necesidades de las afectadas. El Gobierno debería trabajar en leyes que las protejan y ofrecerles centros de protección para aquellas que estén en peligro. Creo que tenemos que trabajar en todos los ángulos: tomar conciencia, provocar cambios dementalidad,modificar leyes, entregar más servicios para las mujeres necesitadas y apoyar a los grupos femeninos de todo el mundo.

–Desde la simple observación, parece haber más voces que rechazan estos crímenes. ¿Existe progreso en la erradicación de esta práctica?

–La situación ha variado mucho desde que comencé a escribir sobre estos casos. Hoy la gente está más abierta a dialogar y discutir acerca de este asunto. La mentalidad de los jueces, la policía, los procuradores y los forenses está cambiando. Hay más voces que rechazan estos crímenes. Existen avances, pero ha sido un proceso lento.

Lentos pero auspiciosos. El 11 de julio pasado la justicia jordana eliminó todo resquicio o atenuante legal que podía ser empleado a favor de los hombres que cometían los llamados “crímenes de honor”. Un momento de celebración para Rana Husseini, quien en su determinación por denunciar estos casos salió en numerosas ocasiones a la calle a pedir leyesmás justas, seguras y solidarias. A comienzos de los 90, esta activista se unió al Comité Nacional para eliminar estos asesinatos y desde esa plataforma marchó hacia al Congreso para demandar transformaciones en el Código Penal.

“Creo que mi mayor logro es que con mi constante reporteo y activismo he salvado las vidas de algunas mujeres”, comenta esta periodista, que recibió en 2000 una distinción de la ONG internacional Human Rights Watch y, en 2007, otra de manos del Rey Abdullah II de Jordania, por su coraje en favor de las mujeres y los derechos humanos.

Su actividad ha sido reconocida por otros, como el escritor y dramaturgo chileno Ariel Dorfman en su obra Voces contra el poder –que debutó en la Kennedy Center de Washington DC en 2000 y, más tarde, en Londres y Madrid– donde reconoce el trabajo de Rana Husseini porque, como escribió en el diario el País, considera que ella “ha desafiado a los dioses del silencio”.Rana