Rateros
Gustavo Parraguez /Abogado / El Mostrador / Por más que trato no lo puedo creer. He mirado sin parar las noticias y sigo sin entender. ¿Cómo engendramos estas bestias, estas jaurÃas de saqueadores? ¿Cómo se forjaron? ¿Cómo se criaron? No me refiero a la madre o al padre que desesperados por la escasez roba para alimentar al hijo hambriento. En esas circunstancias probablemente yo también lo harÃa. Me refiero a los que arrancaban- frente a las cámaras y para todo el paÃs- con plasmas, televisores, equipos de sonidos, ron, pisco y tantos otros bienes irritantemente innecesarios, en medio de un cataclismo como este. A los que asaltaron las casas derrumbadas con sus moradores también derrumbados, o que desvalijaron al automovilista recién accidentado en la autopista.
Nuestros nuevos referentes son las modelos oxigenadas y con silicona y los gerentes de medio pelo que han hecho rápida fortuna y no cultura.De niño me enseñaron- y asà lo creÃa hasta ahora- que el nuestro era un paÃs solidario, culto, con trabajadores competentes. Me dijeron también que nuestra gente ocupaba un lugar destacado en el ámbito latinoamericano. ¿Me engañaron? No lo sé y en este momento poco me importa porque estoy desolado. Intuyo que estas ratas feroces que he visto en la T.V. aprendieron con los modelos y la cultura individualista de aves de rapiñas que domina hoy nuestra inculta sociedad, que aceptamos hace algún tiempo sin lÃmites, filtros o matices, como modelo cultural, social y económico.
Desapareció el obrero esforzado y honesto de antaño y lo reemplazamos por el reggetonero adicto al mall. Nuestros nuevos referentes son las modelos oxigenadas y con silicona y los gerentes de medio pelo que han hecho rápida fortuna y no cultura. Edwards, Rojas o la Mistral, simplemente no existen.
La cultura de la raterÃa, a pequeña o gran escala, nos conquistó. La rata saqueadora no es más que un alumno aventajado del ave de rapiña mayor, de la que emula su ideologÃa ratera. Total da lo mismo, no hay vergüenza ¿dignidad? ¿de qué me hablas? No estoy ni ahÃ.
CreÃa entender que vivÃamos en comunidad, agrupados, pero me equivoqué Sólo somos un puñado de hambrientos, codiciosos e indignos individuos, cuyo único elemento común es habitar el mismo territorio.
Me resuena una lectura de Neruda: VÃboras, que las mismas vÃboras vomitarÃan.


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