Rescatar a TVN

Lidia Baltra
Periodista.

 

Cuando Televisión Nacional de Chile va a cumplir 51 años, en septiembre próximo, el gobierno de Sebastián Piñera -que antes sepultó otro medio público, el diario La Nación- la condena a muerte al sacar a licitación sus históricos estudios de calle Bellavista 0990.

La excusa de esta medida arbitraria, que al menos debiera discutirse en el Congreso, es enfrentar el déficit económico que ahoga al canal “de todos los chilenos” y que ha ido creciendo con el tiempo, producto de una mala gestión.

Se han alzado voces de advertencia, en defensa de un patrimonio nacional único que tenemos desde hace 50 años y que siendo admirado como modelo teórico en muchos países, se ha dejado morir lentamente, en una agonía que estremece a sus creadores y a la teleaudiencia que notó la diferencia.

Televisión Nacional de Chile nació en enero de 1969 y comenzó sus transmisiones para las Fiestas Patrias del mismo año. En un comienzo tuvo un fuerte rechazo por considerárselo “un canal del gobierno” (del entonces Presidente Frei Montalva), en circunstancias de que siempre tuvo categoría “estatal”, es decir, un canal público que pertenecía y debía responder a todos los chilenos. Pero ya en la campaña por las elecciones presidenciales de 1970 se avizoró el rol político que podía cumplir a favor del mantenimiento del gobierno de turno, su objetivo de servicio público lpredominó en los hechos: si antes los canales universitarios llegaban sólo a Santiago y Valparaíso, el nuevo Canal Nacional transmitió a 21 ciudades de provincia. Ya esto era un logro de servicio a todos los chilenos.

Nunca se entendió -ni tampoco practicó verdaderamente- su rol de televisión pública, donde reside su tremendo valor y una invaluable pérdida si desapareciera. En palabras claras de Manuela Gumucio, directora del Observatorio de Medios Fucatel, “ser el canal donde tienen la palabra los que en otros canales se les niega… donde los temas que por intereses privados no salen en los otros canales, sí pueden estar aquí”. En otras palabras, Televisión Nacional jugó el rol, no siempre cumplido, de ser un contrapeso a las voces hegemónicas de la derecha desde sus canales privados.

Pluralismo al sistema

El importante aporte de pluralismo de TVN estuvo desde un comienzo en la legislación que le dio origen y que más tarde se refrendó en las modificaciones que sufrió en 2018 para adecuarla a la llegada de la TV digital, donde se establece una vez más que su misión como TV pública es el fomento al pluralismo y la diversidad en toda su programación (valores democráticos, derechos humanos, identidades regionales, participación ciudadana, multiculturalidad, cuidado del medio ambiente, tolerancia…)

Nunca ha cumplido cabalmente estas funciones y siempre se la criticó por desvíos hacia el poder gobernante, pese al contrapeso de la composición pluralista (a nivel político) de su directorio. El periodista y académico Luis Breull reconoce que, en los 90, a inicios de la transición algo se logró: fue un lugar de encuentro para los chilenos donde compartieron memoria. Pero señala que en el siglo actual, especialmente bajo los gobiernos de Piñera, se fue volcando cada vez más al mercado. Y que al final hizo pluralismo “por empate”, es decir, cuoteo de representantes de los partidos olvidando al resto de la sociedad.

Lo que la condenó a incumplir su misión de canal público fue haberla obligado a autofinanciarse, de modo similar a los canales privados comerciales. Con lo cual se la hizo rehén de la publicidad, representante del poder económico en los medios, que exige satisfacer al consumidor por encima del ciudadano. Dice Breull, que hoy hace un master en la FLACSO en Buenos Aires sobre el tema: “El autofinanciamiento de TVN fue un engaño. La TV pública no puede estar entregada a la publicidad. El avisaje no es neutro en Chile”.

Multimedios públicos

Nadie se jugó por la única solución: una parte de financiamiento estatal y otra de la publicidad de empresas privadas. Si bien es cierto que en varias ocasiones de estar al borde de la quiebra la billetera fiscal ha acudido en su ayuda, nunca ha sido suficiente. Y eso es lo que hoy la tiene al filo de la navaja.

Es indudable que habría que hacer un re-diseño de la televisión pública en medio de las grandes transformaciones que hoy se vive con la llegada de nuevas plataformas para la información y la entretención. Pero un medio público valioso no puede morir antes de este reseteo.

Si no rescatamos a TVN hoy, con todos sus defectos, los televidentes habremos perdido mucho. Tal vez no en teleseries nacionales de calidad, ni en transmisiones en directo de los lugares donde está la noticia o la acción. Pero sí estaremos silenciando un canal donde aún podíamos expresarnos o sentirnos más representados.

Un reciente estudio sobre pluralismo dado a conocer en estos días realizado por el Instituto de la Comunicación y la Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile, a cargo de la académica Chiara Sáez, dio como resultado preliminar, que dentro del escaso o nulo pluralismo encontrado en noticiarios televisivos, TVN dio el más alto puntaje de pluralismo (81 puntos) en comparación a Mega, con el menor puntaje (54).

Perdemos nosotros y pierde la democracia.

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