Revolución pendiente

Tv diarioDiego Moulian/La Nación Domingo / Mister TV /  La TV abierta no ha contribuido a hacer más accesible y transparente una discusión de interés general acerca de un medio de comunicación que influye decisivamente en la construcción de sentidos e identidades colectivas.

 Después de un largo silencio, esta semana los principales canales del país han comenzado a hablar sobre la TV digital.

Con bombos y platillos informaron sobre la opción del gobierno en favor de la norma japonesa adaptada en Brasil.

Una promesa ha cruzado todo el relato periodístico acerca de este hecho noticioso: está empezando una revolución que transformará radicalmente la forma en la que los chilenos vemos televisión.

Cuando el nuevo sistema esté funcionando, el ciudadano de a pie gozará de una imagen y un sonido de mejor calidad, podrá seguir su programa favorito en su celular, su notebook o en una pantalla instalada en su automóvil, y contará con una mayor oferta de señales.

Estamos en presencia -se aseguró en los noticiarios- de un hito en la historia de la TV criolla, sólo comparable con la llegada del color, a fines de la década del 70.

El foco de los informativos ha estado puesto en los atributos técnicos de la norma japonesa, resaltándose que ésta permite una mejor recepción de las señales, potencia la convergencia tecnológica y posibilita la ampliación del número de canales.

Junto con esto, se han entregado consejos útiles a los telespectadores sobre si es mejor comprar un nuevo televisor o un decodificador, a cuánto asciende el costo de estos aparatos, o cuál es el plazo fatal para incorporar la nueva tecnología, entre algunas interrogantes de interés común.

Otra preocupación de los noticiarios ha sido el resaltar la gestión de la industria televisiva local para adaptarse a la nueva realidad digital.

Con un dejo de autopromoción, cada uno de los canales ha entrevistado a sus principales ejecutivos y dado a conocer los “grandes esfuerzos humanos y tecnológicos” que están realizando para estar a la “vanguardia” de los cambios que se vienen.

Claramente, el debate de fondo sobre las potencialidades y efectos de la televisión digital ha sido pasado por alto, salvo alguna referencia muy breve acerca del proyecto de ley que se tramita en el Parlamento.

La TV abierta no ha contribuido a hacer más accesible y transparente una discusión de interés general acerca de un medio de comunicación que influye decisivamente en la construcción de sentidos e identidades colectivas, la cual -según advirtió el propio presidente del Consejo Nacional de TV- se ha llevado a cabo entre “cuatro paredes”.

Para que efectivamente se produzca la revolución que tan efusivamente pregonan los principales canales del país, no basta con tomar una opción técnica en torno a una norma determinada, es imprescindible una decisión política que promueva mayores grados de diversidad y pluralismo en el sistema televisivo a través de subsidios para la entrada de más operadores a esta industria, entre otras medidas.

Gracias a la tecnología digital, Canal 13 estudia ampliar su oferta a seis señales distintas -de noticias, deportiva, infantil y cultural, entre otras-, señaló el gerente general de esa estación. Me dio un poco de susto ese anuncio.

La Iglesia Católica ya dispone de múltiples vehículos para hacerse escuchar, y podría aumentar aún más su capacidad de influir en el debate público. Si esto sucede, la promesa de la TV digital de elevar la cantidad de canales no se traduciría necesariamente en una diversificación del abanico de actores que tienen derecho a la palabra pública.