Robert Boynton, el anunciador del Nuevo Nuevo Periodismo

boyntonFrancisco Aravena F. / Revista de Libros / Robert Boynton, el anunciador del Nuevo Nuevo Periodismo / El experimentado periodista y académico -director del programa de Revistas de la New York University (NYU)- realizará esta semana un seminario para alumnos del Magíster en Periodismo Escrito de la U. Católica y El Mercurio, y presentará su libro El nuevo nuevo periodismo , una recopilación de entrevistas con “los mejores escritores estadounidenses de no ficción”.

Robert Boynton ha escrito para medios tan reputados y variados como The New York Times Magazine, Rolling Stone, Vogue, The Atlantic Monthly, The New Yorker y el Columbia Journalism Review, entre otros. Pero cuando se paró ante un grupo de alumnos de periodismo a enseñar se dio cuenta de que su experiencia no era suficiente. Lo que le faltaba era lo que tenían los otros, los grandes narradores de no ficción de nuestro tiempo, los escritores-periodistas que hablando de cómo hacen lo que hacen generaban “una suerte de electricidad” en la sala cuando él lograba invitarlos a su clase. La idea de hacer un libro con entrevistas a esos autores para hablar de sus métodos y técnicas de reporteo y escritura fue el paso lógico, y Boynton lo siguió. Entrevistó a casi una veintena de periodistas variados en experiencia y estilos, desde los más veteranos Gay Talese, Ted Conover, Calvin Trillin, Richard Ben Cramer hasta Jon Krakauer, Susan Orlean, William Langewiesche, Richard Preston y Adrian Nicole LeBlanc, entre otros. Les preguntó desde “¿cómo define lo que hace?” hasta “¿cómo toma notas?” y dio con una interesante crónica dialogada sobre el making of de la no ficción contemporánea. Y le puso un título inteligente, provocador, “marketero” y, por supuesto, cierto.

El Nuevo Nuevo Periodismo (“The new new journalism”) es obviamente una referencia al famoso ensayo que Tom Wolfe publicó en 1972 para anunciar al mundo la irrupción de una nueva camada de periodistas que se estaba apropiando de las técnicas de la literatura para contar con más profundidad y elocuencia historias reales, llegando, según escribió, a destronar a la mismísima novela como “máximo exponente literario”. Por el contrario, El Nuevo Nuevo Periodismo no hace más anuncios al mundo que el de apuntar los derroteros por donde siguieron las siguientes generaciones de grandes narradores de no ficción y qué heredaron del grupo antologado por Wolfe.

-Algunos de sus entrevistados, como Talese, Ben Cramer y Trillin son más bien cercanos a la generación de Wolfe…

-Absolutamente. Esto es algo que quise dejar claro. Quería tener figuras de transición. Necesitaba esas figuras para mostrar que había una continuidad. Y por otro lado quería corregir algo en lo que a mi juicio se equivocó Tom Wolfe, que fue usar este movimiento para avanzar en esta carrera, como diciendo “no soy sólo yo el que hace esto, es todo este movimiento”. Yo quería decir “sí y no”, hay cosas que hace Gay Talese que son excepcionales pero que no tienen nada que ver con Tom Wolfe. Talese es muy importante para Wolfe, tanto biográfica como técnicamente, pero creo que él confunde eso. Y quería mostrar que hay otra tradición que salió del Nuevo Periodismo que es un poco diferente a lo que describió Tom Wolfe. Por eso quería rescatar estas figuras como Lawrence Weschler o Jane Kramer o el mismo Gay Talese, que hacen cosas que probablemente deben más a autores como Joseph Mitchell o John McPhee.

-¿Qué tienen en común estos “nuevos nuevos periodistas”?

-Son todos unos increíbles reporteros. Gran parte de su mérito tiene que ver con su reporteo principalmente, en maneras muy diferentes. En segundo lugar, todos están parados en los hombros de los nuevos periodistas originales, les deben esa libertad que tienen para usar técnicas de la ficción, del cine, de todo a la hora de escribir, sin la ansiedad o la preocupación de estar haciendo algo controversial. Ellos cuentan con esas técnicas, con esa libertad, y por lo tanto escriben de una forma mucho menos ansiosa.

-Michael Shapiro escribió hace unos años en el Columbia Journalism Review que existía una “maldición de Tom Wolfe”: demasiados periodistas tratando de aplicar la fórmula de Wolfe de una manera muy predecible y a fin de cuentas aburrida.

-Creo que Shapiro tiene razón en que hay mucha imitación. Pero incluso para Wolfe una de sus principales fortalezas era el reporteo. Creo que lo que realmente es importante en la nueva generación es la libertad que heredaron, la capacidad de elegir, de no imitar, sino de hacer lo que querían hacer. Jon Krakauer se inserta a sí mismo en Into the wild , hay mucho de él en su personaje, y es su mejor libro. Wolfe también se inserta a sí mismo. Pero Wolfe les dio la libertad de hacer esto, de arriesgarse, de improvisar.

-¿Hubo autores que se negaran a ser entrevistados?

-Hubo unos pocos que se incomodaron con la idea de revelar lo que hacían. Creo que algunos ven lo que hacen como una suerte de secretos del negocio. Y no todo el mundo es tan bueno para hablar sobre lo que hace. Me doy cuenta a menudo, cuando entrevisto a artistas o a músicos: pueden ser gente muy interesante para conversar, pero cuando les preguntas cómo hacen lo que hacen no tienen mucho que decir. Hay un método, probablemente, pero no quieren pensar en ello y no quieren que sea examinado.

-¿Adoptó en su propio trabajo algunas de las técnicas que sus entrevistados compartieron con usted en el libro?

-Sí, sí, absolutamente. Por ejemplo, Richard Preston, una de las cosas que hace es chequear los datos de sus propios textos cuando termina de escribir. Entonces llama como para chequear la información que le dieron, pero en realidad aprovecha de sacar información adicional. Sí chequea sus datos, pero al hacerlo saca más y más de sus entrevistados. Empecé a hacer eso cuando tenía más tiempo. Otra que he usado es la que describe Richard Ben Cramer: hacer que la persona que estás entrevistando se sienta un colaborador, sienta que está ayudándote a construir la historia. Es algo que siempre he hecho, pero en mi entrevista con él me di cuenta del poder que tiene el hacerlo, y desde entonces lo hago más: “Tengo este problema, no puedo entenderlo, ayúdame”, les dices. Es verdad, pero también tiene que ver con involucrar al entrevistado.

-A muchos, usted les preguntó derechamente cómo definían lo que hacen. Es una pregunta reveladora, porque existen estas etiquetas como “periodismo literario” que a veces incomodan, porque sugiere que los periodistas están siendo “creativos” con la verdad, lo que se confunde con una licencia para inventar.

-Sí. Cuando hago mis entrevistas me doy cuenta de que hay preguntas que tienes que hacer exactamente como quieres que te respondan. Cuando preguntaba “cómo defines lo que haces”, quería encontrar algo que los motivara, que los hiciera pensar en su trabajo. ¿Cómo navegas entre ficción y no ficción? Es interesante. No hay una manera de contestar, pero quería ver cómo los autores se situaban frente a esas preguntas.

Las historias del futuro

-¿Cree que la escritura de no ficción en formato largo va a ser la salvación del periodismo en la era digital?

-No creo que sea “la salvación” del periodismo, pero mi tesis es que en el futuro el periodismo será en extensiones o muy cortas o muy largas. No habrá términos medios. Tienes noticias instantáneas, titulares, información práctica. Y tienes largas explicaciones sobre cómo es el mundo en que vivimos. Artículos o libros.

-Es algo optimista, porque implica que la supervivencia pasa por la profundización, por producir mejores contenidos…

-Absolutamente. Piensa que, aunque ahora la crisis económica tenga al mundo mal, todos nosotros, mundialmente en el largo plazo, nos estamos volviendo más ricos, mejor educados y conectados, y queremos mejores cosas. Queremos mejores teléfonos, mejores computadores, mejores casas, mejor todo. También queremos mejor no-ficción. La gente distingue una buena escritura, una buena no ficción.

-¿Y cree que el concepto mismo de “revista”, con un orden y una fórmula editorial determinada, muera como lo conocemos?

-No sé si el concepto de revista muera, pero definitivamente va a cambiar. La mejor analogía es la música: cuando comprabas un álbum lo comprabas aunque tuviera canciones que no te atraían. Con las revistas pasaba lo mismo. Pero creo que lo importante es que mientras más información tenemos hay una mayor necesidad no sólo de recopilarla, porque eso lo puede hacer cualquiera, sino de explicarla. A The Economist le está yendo increíble, en papel y online , y es porque la gente quiere una explicación.

-Pero también tiene artículos cortos.

-Sí, claro. No digo que sea una regla general. Pero es el lugar adonde vas porque te da la explicación que necesitas, no porque te vaya a dar información nueva, aunque a menudo lo hace también. La revista, la forma de piezas cortas al principio y largas en la mitad, es la forma convencional. Pero no creo que haya razón para que sobreviva, y no hay nada trágico al respecto. Creo que lo importante es que nunca antes la gente había necesitado más orientación en la información. Una revista no significa algo a través de su mezcla de contenidos, de sus formas. Significa algo porque es producto de una visión, de una manera de ver el mundo. Es la manera en que Harold Hayes veía el mundo en los 60 y los 70 a través de Esquire, o la manera en que otros grandes editores hicieron de las revistas no un lugar donde uno encontrara una serie de contenidos encuadernados, sino una visión del mundo y con ello una herramienta para que el lector se viera a sí mismo. Eso siempre será importante, independiente del formato.

-Supongo que la gran pregunta es ¿qué define al periodismo en la esencia?, que no depende del formato ni las técnicas.

-Seguro. Primero, creo que es efectivamente la pregunta correcta (y no “¿cómo continuamos haciendo lo mismo en circunstancias tan distintas”?): ¿Qué hacemos que es tan especial? No es recolectar información; podemos tener máquinas haciendo eso. Creo que es interpretación, es reporteo en profundidad, en mayor temporalidad, en la historias involucradas en un hecho noticioso. Esas son las cosas que tienen que distinguir al periodismo.

 

Robert Boynton

El Nuevo Nuevo Periodismo

Editorial El Mercurio-Aguilar, 347 páginas, $9.900 ($7.920 para suscriptores).

Lanzamiento: jueves 6 de agosto , a las 9:00 horas , en el Auditorio BBVA, Pedro de Valdivia 100, Providencia. Presenta el periodista Gonzalo Saavedra.