Robert McKee en Chile: “Spielberg necesita tomar mis clases”

mckee1Erenesto Garratt / Wiken / Peter Jackson, Carrie Fisher, David Bowie y una constelación de estrellas han tomado el curso de este gurú de los guionistas. De paso por Chile, él explica por qué sus estudiantes han ganado 30 premios Oscar y 114 premios Emmy y hace un descarnado análisis de Hollywood.Lunes, 20 horas. Robert McKee, el gurú y leyenda de los guionistas de Hollywood, el profesor que durante los últimos 25 años ha tenido de estudiantes a figuras como Peter Jackson (“El señor de los anillos”), Kirk Douglas y David Bowie, estalla en una risa. Aunque sus gruesas cejas y pequeños ojos pueden parecer el refugio de un hombre con pocos amigos, por un momento su serio y amenazador semblante se doblega ante lo que es, para él, una loca idea:

“Puede que yo parezca un rock star después de todo”, admite.

En una mesa del restaurante Rivoli, dulcemente tomado de la mano de su esposa Mia, Robert McKee (68 años, dos hijos y un Jaguar negro esperando en casa) no puede dejar de sorprenderse por la acalorada recepción que ha tenido desde que el sábado pasado inició por primera vez en Chile su intensivo y famoso curso de guiones de cuatro días de duración. Ese que le ha enseñado a la crème de la crème hollywoodense cómo ganarse un Oscar – 30- y un Emmy – más de 114- : Eso es lo que han obtenido sus estudiantes a lo largo de los años. De seguro, algo de eso quieren lograr los cerca de 750 chilenos que se inscribieron en su curso: casi todo – por no decir todo, a secas- el mundo audiovisual local se ha reunido bajo un mismo techo: el Teatro Oriente para escucharlo. Ahí estaban Luciano Cruz-Coke, Ricardo Larraín, Gustavo Graef-Merino, el director Sebastián Leilo, que se va a Cannes con su película “Navidad”, Matías Bize, Pablo Illanes, Tiago Correa, Ignacia Allamand y un largo etcétera.

“Me puedo sentir un rock star porque de verdad nunca me había tocado algo así, pero, en serio, soy muy humilde”, dice perplejo McKee primero por el amplísimo número de participantes (“Son las clases más llenas de mi vida, nadie se ha ido en el medio”), y segundo por el máximo respeto que, él dice, le han mostrado (“anotan y escriben con tal concentración que se nota lo enfocados que están”). Sin mencionar los autógrafos y las fotos que vienen al final de las sesiones de parte de los fanáticos. Que, inevitablemente, los tiene. Es verdad, no es una celebridad hot, no sale en la TV en las secciones de chismes, pero este viejo sabio tiene miles de seguidores.

“Algo está pasando en Chile, veo las cosas llenas de pasión y siento que hay ganas de hacer cosas, hay hambre por aprender”, dice mientras sacia su propia hambre con un plato de tallarines, una copa de vino tinto y una siempre nutritiva conversación sobre arte y cine, guiones y personajes en constante cambio. Porque para este maestro no hay historia si no hay cambio en los personajes. Y en su propia historia la gran alteración comenzó hace cerca de tres décadas cuando era un aplicado guionista de la TV gringa y un aún más aplicado “doctor story”, es decir, un profesional que diagnosticaba qué tan malo o bueno era el guión de otro tipo. El joven McKee ya había presentado más de un guión a un estudio fílmico, más de una vez le habían comprado su trabajo y más de una vez había tenido que reprimir la frustración, pues ninguna de sus historias era llevada a la pantalla. Ni nunca lo sería – salvo el telefilme “Abraham”.

Pero vino el cambio y recibió una llamada telefónica para hacer algo distinto a escribir: “Me ofrecieron hacer una clase de escritura de guiones para unas treinta personas en San Diego. Tenía ganas de hablar con otros escritores como yo y bueno, a la semana siguiente, en vez de 30 estudiantes tenía cien y luego recibí invitaciones para ir a Nueva York, Roma y después esto se apoderó de mi vida”, cuenta. Robert McKee entonces se convirtió en el tipo de profesores que enseñan un aspecto del arte sin él mismo haber hecho una poderosa demostración de su pericia en ese registro: Empezó a enseñar cómo hacer un guión sin haber escrito uno que fuera filmado. “¿Me preguntas si no me siento exitoso siendo profesor?”, me reclama directo y fuerte frente a una pregunta a medio terminar y con un tenedor de tallarines en la boca. Robert McKee, dice, ha escuchado todas las posibles preguntas que le pueden hacer y claramente se pone incómodo con eso de que predica algo que no practica. Pero asegura que se siente en lo suyo: educando nuevas y viejas generaciones de guionistas. “Mi ego está bien”, dice.

LA PELEA DE UN LOBO SOLITARIO. Para este hombre chapado a la antigua, con un incesante dolor a las rodillas y otro dolor por una hernia cervical que puede dar pie a un explosivo mal genio, en el Hollywood actual hay una severa resistencia a las buenas historias: “No quiero pelar a Hollywood, pero se filma cualquier porquería”, dice. “Y no es sólo en EE.UU. También tienes ese problema en Europa, donde hay un catálogo de clichés hermosamente filmados, con bonita ambientación y todo lindo. En Hollywood, tienes un catálogo de clichés, pero con efectos especiales y mucho espectáculo”.

Histriónico, poseedor de una cavernosa voz, Robert McKee estudió teatro en su juventud, fue director de una compañía teatral y montó más que nada comedias (“Si no se ríe la gente estás frito. Con el drama puede ser más fácil porque es más ambiguo”) y, por eso, conoce como pocos oradores el espacio del escenario: Sobre él, los focos lo iluminan durante sus clases magistrales y ese escaso terreno luce como su hogar. Se mueve como pez en el agua, con pausas, se sienta, se para, lanza bromas (“¿Saben que hace un hombre solo en el bosque sin una mujer al lado? Pues deja de estar equivocado”), reta a algún desprevenido (“Caballeros, dejen de reírse en mi clase, o tendré que pedirles que se larguen”), garabatea de lo lindo (“Que historia más fucking mala”) y toma mucho café: fuerte y con endulzante para aguantar de 9 de la mañana a 7 de la tarde hablando sin parar. Monologando sin interrupciones, como si fuera su propio stand up comedy de larga duración, una clase que, básicamente, no ha variado en el último cuarto de siglo.

“Lo que más quiero que les quede claro a los asistentes es que escribir películas, novelas, series de TV, lo que sea, es un trabajo jodidamente solitario. Esto no es un excitante mundo de ensueño, con fiestas y glamour, no, nada de eso, esto es un jodido trabajo y se hace con uno mismo. Con nadie más”. Cortés, pero cortante, dice que casi nunca hace amistad con sus estudiantes después de sus seminarios porque “lo que menos quieres es que te llamen a las 3 de la mañana preguntándote ‘Oye Bob, cómo puedo resolver este conflicto en mi guión”‘.

A lo más, uno puede contratar los servicios de Mr. McKee como “doctor story” y saber qué anda mal con el guión/novela/serie/videojuego o lo que tenga un argumento y que a uno, en teoría, lo tenga preocupado. Por ejemplo, el legendario Kirk Douglas, a finales de los 80, asistió a su curso de guiones, asintió con la cabeza los cuatro días de clases y le pidió al final que le ayudara con su primera novela, “Wisdom of Elders”.

¿Kirk Douglas escribe novelas?

“Sí, el tipo es toda una inspiración. Lo conocí antes de que sufriera el ataque que lo dejó mal. Fue muy agradable y puede escribir muy bien, es un hombre de increíbles talentos, ha sido productor, actor y a veces director. En su juventud era un deportista de lucha libre, un luchador universitario, siempre ha estado en una gran forma y aún sigue trabajando su cuerpo con un personal trainer. Cuando iba a mi clase, él tenía cerca de 80 años y siempre me decía que no había hecho demasiado con su vida”.

?¿Y cuál fue el primer famoso que entró a su clase? ¿Fue ese un logro para usted?

“Como he estado haciendo esto por cerca de 25 años, la gente famosa ha tomado mi clase antes de que se hiciera famosa (risas). No en serio. Recuerdo, ¿cómo se llamaba esta actriz que hizo de princesa Leia en ‘Star Wars’: ¡Carrie Fisher! Vino a mis clase con unos 20 años, recién había hecho ‘Star Wars’ y dijo que había escrito un libro biográfico llamado ‘Recuerdos de Hollywood’ (‘Postcards from the Edge’) y dijo ‘quiero llevar este libro a un guión de cine, pero no sé que es lo que debo hacer’. La revolvió por todo el lugar y le dije por qué no te sientas y escuchas, y al final de la clase ella sabía exactamente qué hacer. Entonces escribió el guión de la película que protagonizaría Meryl Streep y que relata la vida y luchas de Carrie contra sus adicciones y malos ratos. Así es como debió de convertirse en una de las primeras alumnas famosas’.

?Bueno y el británico John Cleese, uno de los cerebros del grupo humorístico de culto Monty Python, ha hecho su curso cuatro veces.

“Muchos guionistas notables como John Cleese (‘Los enredos de Wanda’) toman el curso una segunda o una tercera vez no porque no sepan, sino porque lo encuentran útil y lo usan como un check list, para ver qué les falta a sus propios guiones y para estimular su pensamiento (…) Y aunque te dije que no tengo amigos después del curso, la verdad es que conservo unos pocos: el mismo Cleese y el actor británico Brian Cox (el malo de ‘X-Men 2’, el primer Hannibal Lecktor que vimos en ‘Manhunter’)”.

?En la película “El ladrón de orquídeas” el actor Brian Cox hace de usted, Robert McKee: ¿Qué piensa de ese papel?

“He sido amigo de Brian Cox mucho tiempo y yo lo elegí para que me interpretara. En esta película escrita por Charlie Kaufman, yo aparezco como personaje, como un profesor de guiones. Y una de las condiciones para que el director Spike Jonze me usara como personaje fue que me debía elegir al actor que haría de mí. Me presentaron 10 opciones y en la lista estaban Christopher Plummer, Albert Finney y al final estaba Brian y dije, ‘lo quiero’. Me preguntó Jonze que quién era él y le expliqué: ‘El mejor actor inglés que tú no conoces”.

“NADA DE LISTAS, ¿ME OÍSTE?”. Robert McKee vive y respira cine, novelas y ficción. Historias, en una idea. Y aunque lleva agotadoras doce horas de trabajo continuo, disimula en el Rivoli su cansancio detrás de una copa de vino, una risa estoica y una convicción absoluta de lo que él llama “las películas que le sirven para su curso”. Él odia hablar de sus películas favoritas. En unos segundos más me quedará claro el porqué. Mientras tanto, cuenta que tiene dos hijos, a quienes saca a colación en el curso a la hora de hablar de buen gusto: Uno de ellos tiene gusto; es compositor musical de documentales y series de TV. El otro es un personal trainer. “Pero le gusta leer mucho, incluso quiere hacer un libro de Fitness, puede que algún día lo haga”.

McKee deja escapar un humor ligeramente negro a veces. El hombre que amó “The reader” (“Porque me sirve para mis propósitos académicos”) y odió hasta la médula “El extraño caso de Benjamin Button” (“que tonta película para hablar de viajes en el tiempo, no puedo creer que sea el mismo director de ‘Los siete pecados capitales’), está harto de que todo el crédito se lo lleven los directores de cine. “Pásale a un director de cine 120 páginas vacías de un guión y dime ¿qué es lo que va a dirigir? (….) Sabes, si un escritor se convierte en director seguramente hará película grandiosas, como Francois Truffaut o Bergman. Pero al revés, cuando el director se convierte en el guionista, sólo pasan desastres. Ahí es necesaria gente como los consagrados guionistas William Goldman o Ruth Prawer Jhabvala para solucionar las cosas’.

?Alfred Hitchcok siempre usaba guionistas, él nunca escribía los guiones porque eran su defecto…

“¿Quieres escuchar el intento de Hitchcok por escribir? Una vez les muestra a sus colaboradores una idea para una película: Es una una línea de ensamblaje de autos y van moviéndose las piezas del auto, el chasís, las ruedas y la ventana. Hasta que el auto termina con sus piezas todas juntas y está armado y, de pronto, alguien abre la puerta y aparece un cadáver. ‘¿De quién es el cuerpo? ¿Quién lo mató?, pues es una pregunta que no puedes contestar así. Alfred Hitchcok podía pensar en términos de imágenes como esa, una muy buena idea, pero no importa cómo encuentras el cuerpo, importa quién lo mato y por qué”.

“Cuando Ernest Lehman estaba escribiendo ‘Intriga internacional’ (‘North by Northwest’) tuvo sólo tres reuniones con Hitchcok: La primera fue cuando tuvo la idea de la película. En la segunda, Hitchcok le dijo que sería buena una escena afuera y, finalmente, Hitchcok le señaló que debía cortar un poco el final. Y he leído monografía tras monografía de esta película y jamás he visto el nombre de Ernest Lehman. Él escribió, ideó y creó la historia de la película, los personajes y Hitchcok sólo le dio un par de indicaciones al guionista, pero de todas formas Hitchcok se adjudicaba todo el crédito de ‘Intriga internacional’. Es tan injusto, por Dios. Después de 100 años de cine sigue siendo injusto”.

?¿Y es justo que Steven Spielberg aún no haya tomado su curso de guiones? Es de los pocos famosos que nunca ha ido.

“Y vaya sí que Spielberg necesita mi curso de guiones desesperadamente. Y lo dije en clases, casi todo lo que le importa a Spielberg es un Deux ex Machina (una serie de coincidencias que son el final), no importa descubrir un final verdadero en ‘La guerra de los mundos’ ni en nada. No sé que hay en la cabeza de Spielberg, realmente no lo entiendo, no es el dinero, pero cómo puede estar satisfecho haciendo eso. En realidad no me importa lo que haga o no haga Steven Spielberg, pero sí que los jóvenes cineastas en las escuelas vean y piensan que Spielberg se sale con la suya. Los Angeles Times una vez me preguntó por ‘Titanic’, y dije que era una porquería. Y me dijeron que la película esa había hecho un billón de dólares, entonces mi respuesta fue: ‘malos guiones también hacen mucho dinero’, y es verdad. Spielberg hace mucho dinero, Shyamalan o como quiera que sea su nombre también hace mucho dinero con ese horrible filme ‘La dama del agua’. Todo lo que puedo hacer es tratar de subir el estándar, pero la gente joven no ve esas cosas, no aprecia mucho las cosas’

?Y hablando sobre a quién seguir: ¿quién sería la persona correcta si Spielberg no lo es?

“No creo que nadie debería ser seguido, no debes imitar a nadie. Cada escritor debe seguir su propio gusto en drama, y si digo que me gustó ‘The reader’ es irrelevante. Lo que tú quieres como periodista es que yo te dé una lista, quieres que yo nombre ciertos filmes, que nombre ciertos directores, que nombre ciertas estrellas para que puedas llenar tu artículo de estrellas (con tono enojado). Pues no quiero hacer eso por ti, no quiero hacer una lista, porque no importa, no importa cuán exitosos sean, no importa ese asunto, lo único que importa es aprender. No quiero hacer nada de listas, no estoy en el negocio de copiar ideas. Es bueno que algunos de mis alumnos tengan éxito. Pero no son modelos para ser copiados, porque la copia es lo que tiene jodidamente mal a Hollywood: La gente copia el último hit del verano y eso está mal. Personas en Sudamérica y Europa copian a Godard a Buñuel y copian y copian y no hacen sus propios filmes. No son originales”.

Pero él si lo es con esta clase que si bien ha repetido por los últimos 25 años siempre hace que sus alumnos-seguidores puedan entender el cine desde otra perspectiva: la propia. Y eso sí que es original.