Sashimi digital

Lucas-SierraLucas Sierra / Durante harto tiempo se pareció a esos viejos chistes en que hay tres nacionalidades: norteamericana, europea y japonesa. Casi nueve años se discutió cuál de ellas iba a ser la norma técnica de la TV digital en Chile.

El Gobierno por fin tomó la decisión: será la japonesa que ha adoptado Brasil.

¿Una decisión correcta? Todo indica que sí, al menos desde el punto de vista tecnológico. De partida, esta norma se desarrolló en un ambiente de TV analógica igual al nuestro, bajo la norma norteamericana de TV analógica NTSC y con un ancho de banda de 6 MHz por señal. Esto diferencia a la norma japonesa de la europea, que se desarrolló originalmente bajo otras normas analógicas (PAL y SECAM) y con un ancho de banda mayor: 8 MHz.

Además, la japonesa permite alta definición, la que no fue el objetivo original de la europea, menos en un ancho de banda de 6 MHz como el nuestro.

Y algo cuya importancia no se puede exagerar: desde el inicio, la norma japonesa ha sido especialmente apta para recibir TV digital en forma móvil y portátil. La movilidad es la capacidad de ver con el receptor que se tiene en la casa en un auto o bus, por ejemplo. La portabilidad, más importante y más llena de futuro, es la capacidad de recibir TV en aparatos portátiles, como celulares avanzados.

La gracia de esta norma es que permite que estos aparatos reciban la señal como TV abierta, sin necesidad de contratarla con una empresa de telefonía ni con alguna otra. Esta característica diferencia a la norma japonesa de la norteamericana, que se diseñó originalmente con el propósito de tener alta definición y no recepción en movimiento. La norteamericana fue la primera norma de TV digital que se desarrolló, en una época en que las telecomunicaciones móviles estaban todavía lejos de la masificación explosiva que hoy tienen.

Por otra parte, la japonesa se adapta bien a la geografía de Chile, y permite ciertas formas de interactividad. En resumen, una decisión acertada, la misma que han tomado Brasil, Perú y, todo indica, Argentina. Uruguay y Colombia, en cambio, optaron hace algún tiempo por la europea.

Quizás, con el tiempo, esta discusión sobre las normas nos parezca un anacronismo, pues habrá receptores multinormas o estas normas habrán convergido de tal forma, que no será posible notar la diferencia entre ellas. O bien, el mundo estará a tal punto conectado a banda ancha, que lo que hoy conocemos como TV será distribuido a través de ella, y toda la compleja regulación específica de la TV perderá sentido.

Pero, claro, para eso falta, y las decisiones hay que tomarlas con la información disponible. En este sentido, la decisión por la norma japonesa parece correcta, al menos desde un punto de vista tecnológico. ¿Qué piensan los canales? Parece que no les desagrada. Es comprensible, pues les permite emitir, además de varias señales de calidad estándar, una de alta definición, algo que, con razón, les interesa, para competir con el cable y el satélite. Y, muy importante, les permite controlar a ellos la recepción de TV abierta en los aparatos portátiles, sin la intermediación de una telefónica u otra empresa. Esta posibilidad es potente para los canales.

En fin. La decisión fue tomada. El mercado reaccionará liquidando los receptores que tienen otras normas incorporadas, los que deberán ser conectados a un decodificador para operar con la japonesa. También comenzará la importación de estos decodificadores, y de receptores con la japonesa incorporada. El mercado empezará a caminar relativamente solo y, en lo posible, así hay que dejarlo. De lo que hay que preocuparse ahora es de los proyectos de ley en el Congreso sobre la legislación televisiva.

Estos no tienen que ver con la norma técnica, sino que con otras cuestiones tanto o más importantes, como, por ejemplo, la forma de las concesiones, la necesidad del Consejo Nacional de TV y de TVN en el futuro digital, y la convergencia entre la regulación de la TV y la de las telecomunicaciones.

Ojalá el Congreso muestre aquí la misma sensatez que ha mostrado el Gobierno con la norma técnica, y no sea un harakiri legislativo. Sayonara.