Se acaban los piratas

Cristóbal Muñoz / CTRL+Z / Un tono casi guerrillero se ha instalado en blogs, en Facebook y otros sitios web desde que se dio a conocer el “acuerdo secreto” entre la SCD y el gobierno para proteger la propiedad intelectual. Pero más allá de la ciberpelea, donde apareció lo mejor del ciberlumpen y una que otra ciberhistérica, quisimos saber cómo será esta nueva ley que podría poner fin a la manera en que la gran mayoría se relaciona con la música, los libros y las películas. Tras un tedioso análisis del proyecto de ley, y una serie de consultas a los interesados, esto fue lo que sacamos en limpio.

Desde 1970 sólo se han hecho unas siete modificaciones a la Ley de Propiedad Intelectual que todavía rige en Chile. Todas ellas han buscado aumentar la protección de los titulares de derechos de autor, sin meterse en el tema de las libertades de los usuarios. Pero como se trata de una ley que se promulgó antes de que existieran televisores a color -ni hablar de Internet-, hace rato que era necesario cambiarla.

El escenario es este: las implicancias que tienen las nuevas tecnologías en materia de derecho de autor, más una indicación hecha por Estados Unidos cuando firmó el Tratado de Libre Comercio con Chile, llevaron a que el gobierno convocara a una especie de comisión para estudiar la nueva normativa. Eso fue el año pasado.

La idea era que esta “mesa de diálogo” llegara a un consenso respecto de las aplicaciones, deberes y derechos de la nueva ley. La mesa estaba encabezada por la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, y contó con la participación de la Unión Nacional de Artistas (la UNA, entidad que agrupa a la Sociedad Chilena del Derecho de Autor -SCD-, a CreaImagen, a Chile Actores y otros gremios de artistas). Pero también participaron una serie de organizaciones civiles y empresariales: la Asociación Chilena de Empresas de Tecnología e Información (ACTI), la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), la ONG Derechos Digitales, el Consejo de Rectores de Chile, el Colegio de Bibliotecarios de Chile, Liberación Digital y la Asociación de Derecho e Informática de Chile (ADI), entre otros.

El “acuerdo secreto”
En agosto de este año, se hizo público el proyecto de ley que surgió de esta mesa abierta. Pero de inmediato se supo que dicho proyecto sólo había contado con la venia de uno de los participantes de la mesa: la UNA, representada por la SCD y su abogado Santiago Schuster. Todas las sugerencias e indicaciones propuestas por los otros expertos invitados a la mesa no habían sido tomadas en cuenta. Tal como reconoció la ministra-actriz Urrutia a estos mismos invitados, lo que se iba a mandar al Senado era un “acuerdo secreto”.

Pero de acuerdo a a Denisse Malebrán, que hace poco se trenzó en una fiera discusión vía Facebook con cientos de cibernautas que están en contra de la ley (ver grupo “No al Canon Digital, No a la SCD”), este acuerdo nunca fue secreto, ya que fueron las propias organizaciones ligadas a los derechos digitales las que se retiraron de la mesa de trabajo.

Como sea, la reforma que hoy se está estudiando en el Senado contempla siete puntos que han provocado toda clase de ciberpeleas y acusaciones. Lo que más molesta a los representantes civiles que estaban en esa mesa, como Pedro Huicahlaf de Libertad Digital, es la cláusula final de la ley. En ella se indica que se rechazarán todas las indicaciones y disposiciones que pretendan modifiquen los acuerdos ya tomados, así como la inclusión de nuevos temas de discusión. Es decir, el Senado tendrá que hacer oídos sordos a cualquier postura que difiera de lo acordado entre el gobierno, a través de los ministros Viera Gallo y Urrutia, y la SCD. Usando la jerga, la “masterización” del proyecto estaba lista hace rato.

Tu pirata soy yo


¿Cuáles son los alcances de todo esto? Esencialmente, la ley intenta regular el derecho de autor en todas las industrias, ya sea la musical, la de software, la editorial y la cinematográfica.

Según Andrés Valdivia, músico y creador de podcaster.cl, esta ley asume que todos somos piratas. “Es lo que se deduce del artículo 85 del proyecto”, explica. Allí se presume que la banda ancha promueve la piratería, en virtud de la rapidez con que se puede descargar archivos. Esto equivale a decir que el único uso posible de la banda ancha es bajar música, películas o libros.

Se trata de uno de los puntos más polémicos. Según Pedro Huichalaf, esto podría llevar a que, en una próxima propuesta de ley relacionada con el tema, los defensores del derecho de autor como la SCD puedan pedir un cobro anexo a los ISP (proveedores de Internet), el que eventualmente podría ser traspasado a los usuarios. Esta especie de impuesto se llama Canon Digital, y ya está operando en España.

Otro punto que nos afecta directamente es el de las fotocopias. El proyecto de ley prohíbe a las bibliotecas reproducir cualquier obra, ya sea para colegios o universidades, sin importar que la reproducción tenga fines académicos. Es decir, estaremos obligados a comprar los libros si no hay suficientes copias en la biblioteca. Como dijo Claudio Ruiz, presidente de Derechos Digitales, en el podcaster Mediapolis, el argumento de la SCD frente a este punto se resumen en lo dicho por Malebrán. Ojo, la cita es del propio Ruiz. O sea, Ruiz parafraseando a la cantante, ¿se entiende?: “¿Cómo en una universidad con aranceles de 300 mil pesos no hay suficientes copias de libros para todos?”.
Las copias también estarán prohibidas. Será delito traspasar un libro a formato braille, o reproducir alguna obra que, por ejemplo, esté deteriorada.

Para Claudio Ruiz, el problema central es que la nueva normativa no considera excepciones, como sí hacen leyes de propiedad intelectual en otros países. Una excepción corriente es la de las citas que se pueden utilizar, por ejemplo, en un trabajo académico.

Lo habitual es que esto no sea delito, pero la nueva ley chilena es tan drástica que ni siquiera podrías copiar un poema de amor para tu polola el Día de los enamorados, ni tampoco hacer la parodia de alguna comedia o cantante para subirla a YouTube, ya que en ese acto estás haciendo uso público de la obra. Sin embargo, Malebrán señala que la ley sólo afectará a los que lucran con la música, por ejemplo, a los supermercados o discotecas que usan la música.

¿Y la SCD?


Sin duda, la más beneficiada con este acuerdo es esta entidad, ya que de alguna forma se transformaría en una organización casi monopolica al momento de recibir todas las ganancias por concepto de derechos autor, tal como lo señala el artículo 100 de la reforma.

Para Huichalaf, este acuerdo de ley obedece al gran lobby que desplegó la SCD. “Es sabido que varios artistas siempre trabajan con los candidatos, ayudándolos en sus campañas políticas”, declara el líder de Libertad Digital.

Por otro lado, la ex vocalista de Saiko, Denisse Malebrán, señala que el acuerdo no obedece a ningún lobby, ya que no había pactos y sí hubiesen tenido ese poder de negociación con el gobierno, no hubiesen invertido todo el tiempo de trabajo para que saliera la ley.

Frente al monopolio financiero, Malebrán se defiende argumentando que es justo que un porcentaje sea recibido por los artistas, ya que según ella hasta el negocio del disco virgen está orientado a la copia.

En relación a la crítica de los nuevos ingresos que tendría la SCD con la aprobación de la reforma, ella señala que es el mérito de su trabajo como artistas. “Si los artistas elegimos la música vamos a hacer valer nuestro sustento, además hay que ser bien maricón para no ver detrás de esto hay un labor social”, señala. La labor social a la que se refiere es es trabajo de gestión de salud y eventos que hace la SCD con sus afiliados.

La cuestión es que el debate está llamas. Incluso Huichalaf especula que se repetirá el escenario español, donde la SGAE (una SCD española) tomó un rol político y de patrocinador en las campañas electorales debido a la gran cantidad de dinero que recibe por el Canon Digital.

Más allá de la polémica, todas las posturas señalan que el tema pasa por discusiones técnicas y por la entrega de la información correcta con los alcances de la ley. Es por eso que te invitamos a tener una visión informada.