La TV llegó primero
11/Marzo/2010
Alejandro Führer /Sociólogo de la U. de Chile y Magíster en Comunicaciones de la UDP. Coordinador del área estratégica de la Fundación Chile 21 / La TV lo hizo de nuevo. En apenas algunas horas después de la catástrofe, comenzó a unir los fragmentos que yacían dispersos e incomunicados a lo largo del país. Nuevamente, fue el único pegamento visual que logró reunir en una misma pantalla las imágenes dantescas de uno de los terremotos más fuertes de las últimas décadas en Chile y el mundo.
Compartir en Facebook 2 Mientras las alarmas de los autos aún no paraban de sonar, los/as periodistas y camarógrafos corrieron a los extremos del territorio nacional para “mostrar” lo que allí estaba ocurriendo. Llegaron antes que el gobierno, antes que los militares, antes que el Intendente; incluso en aquellas localidades más aisladas, llegaron antes que el propio alcalde.
Fue un relato conmovedor el que transmitía Amaro Gómez Pablo mientras exhibía a un ciudadano huyendo con cajas de leche en las manos o una lavadora automática en sus hombros.El impulso y autonomía de los medios funcionó bastante mejor que el protocolo de la Onemi. Las frenéticas imágenes transmitidas aún con la vibración del movimiento sísmico en el cuerpo ayudaron a las autoridades a tomar decisiones más acertadas y oportunas. Poco a poco, supimos que este terremoto no solo había afectado a las grandes ciudades, sino que también había devastado con olas gigantes una extensa zona costera del país.
En los días posteriores, la TV multiplicó los ángulos informativos y convirtió al edificio colapsado de Concepción en la postal de la furia sísmica de este terremoto, el asombro era total: una torre habitada de 15 pisos simplemente se había venido abajo. El clímax de la perturbación social fue la transmisión en vivo y en directo de los cientos de compatriotas saqueando supermercados y tiendas del comercio. Fue un relato conmovedor el que transmitía Amaro Gómez Pablo mientras exhibía a un ciudadano huyendo con cajas de leche en las manos o una lavadora automática en sus hombros.
La controvertida imagen de los militares en las calles imponiendo el toque de queda, logró convertirse en portada de todos los periódicos al otro día. Parecía una fotografía sacada del pasado, impuesta gravemente en esta enorme tragedia telúrica. Lentamente el orden público se restableció y comenzaron a aparecer las crónicas más humanas que descubrieron a héroes y heroínas en Constitución, Iloca, Dichato y otros pueblos. Un hombre acongojado levantando una bandera sucia pero entera en Pelluhue selló la unidad de imagen y emoción, de tragedia y dignidad.
El acto comunicacional con características más terapéuticas vino de la mano de Don Francisco, quien como en otras oportunidades, se concentró en producir un acontecimiento mediático de solidaridad nacional para ir en ayuda de los afectados por el terremoto. No solo logró duplicar la meta prevista, sino que pudo juntar –por algunas horas- en un fabricado set de televisión en el Teatro Teletón a políticos y empresarios, artistas y sindicatos, pobladores y jóvenes voluntarios. Creando una provisoria imagen de unidad en un país caracterizado por una profunda fragmentación social y geográfica.
Dominique Wolton dice que en la moderna sociedad de masas altamente individualizas, la TV juega un rol insustituible como vínculo social. Es principalmente esta tecnología audiovisual, localizada estelarmente al interior del hogar, la que permite unir por algunas horas lo que permanece separado en todo lo demás. En estos duros días de catástrofe y pese al acelerado avance de las tecnologías personales y digitales en nuestro país, la TV ha demostrado que conserva un poder irreemplazable a la hora de unir las emociones y esperanzas de tantos chilenos viviendo en condiciones tan disímiles y opuestas.
Tal vez en un tiempo más, quién sabe
10/Marzo/2010
Vicente Montañés / LUN / Mareado por las imágenes apabullantes del terremoto, quien esto escribe no salió, prácticamente, de su morada santiaguina durante la semana última. Magnetizado por la omnipresencia televisiva de la catástrofe y sus exégetas periodísticos, que sin pausa narraban visualmente lo sucedido en el Maule, en Concepción, en Dichato, no le quedaba otra que mirar fijo la pantalla y justificar el insomnio. Como es natural, con tanto zapping de un canal a otro, confundiéronse en su cabeza las informaciones, los elementos de juicio, las culpas y los azares, la alterada geografía. ¿Dónde queda Curanipe? Yo ni siquiera sabía de su existencia, pero un sobrino que andaba por allí se salvó de milagro, aunque perdió su camioneta en las saladas aguas del Pacífico, océano de cínico nombre.
Tampoco sé, por ejemplo, por qué hubo primero un aviso, en uno o más de los pueblos arrasados, de que sí venía el tsunami –o como se llame la invasión del mar, con olas gigantes o así no más, inundando–, y luego el fatal, incomprensible aviso con altoparlantes de que en realidad no venía. No tengo claro si ocurrió exactamente de ese modo, ni en qué momento de la madrugada o el amanecer. Pero es lo que se oye decir. Es cierto que desde acá, en esta casa flexible que, como tantas, resistió bien, uno clama agitando el índice que después de un terremoto costero de tal magnitud hay que correr cerro arriba sin pensarlo dos veces. Pero, ¿habría reaccionado así yo mismo? Tal vez no. Después de la catástrofe, por todas partes surgen los que, con razón o sin ella, opinan con gran sabiduría cívica o práctica: haber hecho esto, haber hecho lo otro (las autoridades, antes que nadie). Y no es imposible que muchos de ellos –incluido el autor de estas líneas– hubiesen seguido durmiendo ingenuamente, sin ponerse a salvo.
Y tampoco sé, por otro lado, más allá de los cientos o miles de muertos y damnificados, si sería una idea descabellada (o siquiera posible) reconstruir con precisión los edificios llamados patrimoniales, las casas antiguas de pulverizado adobe, de manera que, en lugar de ser reemplazados por construcciones modernas e insípidas, recuperen genuinamente su aspecto colonial o decimonónico, pero sean, desde ahora y para siempre, antisísmicas. Modernas por dentro, por así decirlo. Tal vez en un tiempo más, quién sabe.
Si de saber algo se trata, el presidente electo, con inquietantes palabras, sugirió que el Altísimo no más sabe por qué se le ocurrió sacudir y aplastar un pedazo de nuestro país. La frase implica que detrás del terremoto podría haber una racionalidad acaso moral, no sólo geológica o geofísica. Los creyentes (no lo soy) pueden quizás consolarse a medias: algo no muy santo habremos hecho para merecer esto (o sea, no es porque sí), algunos pecadillos-país habremos cometido, y por lo tanto es concebible, también, una expiación que nos devuelva el equilibrio. No sé si alguien piense realmente así, pero si lo tomamos como metáfora podemos al menos suponer que el Festival de Viña, de puro chillón y aturdiente que es (un gran pecado estético, diríamos), recibió su merecido y se quedó inconcluso, sin sus estridentes gaviotas finales. No sé si están de acuerdo.
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El terremoto y las fracturas de Chile
6/Marzo/2010
José Aylwin / Observatorio Ciudadano / “El terremoto del sábado 27 de febrero, en última instancia, desenmascara una realidad que la elite política y los medios de comunicación se han empecinado en negar; la de un país en que coexiste la opulencia con la pobreza material, el primer mundo con el tercer mundo”.
Nuevamente un terremoto ha azotado al país. El movimiento telúrico, de una fuerza impresionante, y el maremoto que lo siguió, han provocado la muerte de centenares de personas, la desaparición de otras tantas, la destrucción de edificios, viviendas e infraestructura vial, en el centro y sur de Chile. Las imágenes de televisión son devastadoras, y el sufrimiento de la gente es enorme.
Todos y todas quienes habitamos este país debemos movilizarnos en forma solidaria para ir en ayuda de los más afectados, para paliar, al menos en parte, los daños y sufrimientos provocados por el terremoto. Deberíamos, además, exigir del estado, como garante del bien común, el rol que le corresponde en la reconstrucción del país, en particular de las viviendas de los sectores más desposeídos que fueron destruidas y de la infraestructura necesaria para el normal funcionamiento del país.
No puede sino señalarse, aunque sea en un momento tan triste como este, que el terremoto deja en evidencia algunas de las fracturas históricas de Chile; la que se genera cada cierto tiempo por el choque de la placa de Nazca y la placa de Sudamérica, desencadenando movimientos sísmicos de gran intensidad, y la de la ausencia del estado, con la consiguiente inequidad entre sus habitantes e injusticia social que esta realidad genera.
Sobre la primera fractura, tenemos ya suficiente información y evidencia científica, aunque resulta evidente que tal información no ha sido suficientemente difundida en la población por parte del estado, que tiene la responsabilidad de hacerlo. Sino no podría entenderse la muerte y devastación provocada por los tsunamis que siguieron a los movimientos sísmicos de la semana pasada.
Sobre la segunda, lamentablemente, tenemos aún menos conciencia. Lo que el terremoto nos hace ver, es que tras veinte años desde el término de la dictadura, Chile no cuenta con un estado sólido que permita abordar este tipo de catástrofes. Ello se evidencia en la ausencia de planificación urbana y de información a la población para hacer frente a los tsunamis, y en la prolongada demora de las instancias tanto civiles como militares que lo componen para ir en ayuda de los afectados (cuando llega, lo hace tarde, y para implantar el estado de catástrofe). También queda de manifiesto en la inexistencia de una red pública de información (por varios días fue una radio privada la casi exclusiva fuente de información de los hechos) y en la ausencia de control público sobre los servicios de primera necesidad (aguas, energía, telefonía) indispensables para la población frente a catástrofes de este tipo, servicios que como sabemos se encuentran poder de privados.
Otro hecho que da cuenta de la ausencia no solo de un estado sólido en Chile, sino también de una sociedad cohesionada, es la triste realidad de saqueos de supermercados y tiendas que hemos visto en las pantallas de televisión. Aunque algunos de estos saqueos, como aquellos de los sectores más golpeados por el terremoto, encuentren su explicación en la necesidad de la población de contar con provisiones básicas para su subsistencia, nos inclinamos a pensar que ellos son más bien demostrativos de otros fenómenos que requieren de mayor análisis.
Tales saqueos, al menos en algunos casos, encuentran su explicación en la percepción de injusticia que existe en sectores de la población que, en momentos de emergencia como este, consideran válido vaciar los estantes de las grandes tiendas y supermercados que, con el aval del estado, han acumulado riquezas a sus expensas, mientras ellos permanecen empobrecidos.
En otros casos, develan la ignorancia en que el estado tiene sumido a la población, al no destinar los recursos que se requieren para su adecuada educación, no solo en conocimientos, sino también en valores, como la solidaridad, tan importante en momentos como este. Se trata, como sabemos, de una ignorancia que se ve incrementada por los medios de comunicación, los que inducen a la población a pensar que la felicidad se encuentra en el consumo y posesión de bienes materiales –como los que se sustrajeron de los supermercados en estos días- y no en la solidaridad social, tan relevante en momentos tan dramáticos.
El terremoto del sábado 27 de febrero, en última instancia, desenmascara una realidad que la elite política y los medios de comunicación se han empecinado en negar; la de un país en que coexiste la opulencia con la pobreza material, el primer mundo con el tercer mundo. A pesar de los esfuerzos que ellos han realizado por años para mostrarnos a Chile como un país ganador, un país que deja la región para insertarse, a través de tratados de libre comercio y, más recientemente, de su incorporación en la OECD, a las ligas superiores, como si todos sus habitantes, por igual, estuviésemos invitados a la misma fiesta, el terremoto ha develado la inequidad social que sigue existiendo en el país.
A pocos días del término del gobierno de Bachelet, estas dos fracturas han sido constatadas en el triste contexto del terremoto no solo por la comunidad nacional, sino también por los observadores internacionales que nos visitan.
En los próximos días el gobierno del país pasará a ser conducido por Sebastián Piñera, un hombre que construyó una de las mayores fortunas del país, precisamente sobre la base del desmantelamiento del estado y de un sistema económico que hizo de Chile uno de los países de mayor desigualdad en la distribución del ingreso en la región. Nada hace pensar que estos fenómenos tan dramáticamente develados por el terremoto serán superados bajo su administración.
¿Seremos capaces de aprender de las lecciones del terremoto?
¿Quiénes son los vándalos?
4/Marzo/2010
Elizabeth Neira / Inmediatamente después del terremoto aparecieron profusamente en la presa dos actores secundarios obligados del desastre, los militares llamados a gritos como antaño por cierta clase primero y luego por la mayoría de la sociedad, para defender la propiedad privada, y los vándalos, dispuestos a arrasar con lo que queda de ella, especialmente si de supermercado se trata. A los militares los conocemos bastante bien y sabemos de lo que algunos son capaces en pro de la defensa de los intereses de su idea de nación, pero a los vándalos… ¿Quiénes son?, ¿De dónde vienen?, ¿Por qué hacen lo que hacen?, ¿Por qué roban?, nos preguntamos frente al televisor con sentida inocencia.
Dice la gente que no son chilenos, no podrían serlo para actuar con semejante grado de antipatriotismo. Dicen (y esto se lo escuché a un médico) que no serían humanos, para carecer de tal manera de empatía o sentido del otro.
Yo me pregunto entonces, si no son chilenos ni humanos, ¿Qué son?, ¿Una subraza de bárbaros que fue invadiendo profusa y silenciosamente producto de la globalización a nuestra impecable república?, ¿Son homosexuales, indios, negros, talibanes, terroristas, gitanos o judíos?, ¿Son humanos afectados por alguna peste química, un alimento transgénico que los predispone naturalmente al crimen y la abyección? ¿O son lisa y llanamente la materialización del mal en estado puro? Si es así hay que llamar entonces a un sacerdote y no a los militares.
Mi sentido común y un mínimo ejercicio de conciencia histórica me lleva a pensar que los ya muy famosos y temidos “Vándalos” son nada más y nada menos que los hijos ilegítimos de nuestro mezquino desarrollo. Son gentes, pese a que algunos afirmen lo contrario, a los que nunca jamás llegó nada, NADA DE NADA, ni una sola gota del mentado chorreo. Son niños, adolescentes, mujeres y hombres que nacieron en un basural, comiendo basura, convirtiendo su cerebro en basura y rabia, que crecieron en el más absoluto abandono, económico, educacional, de salubridad y en definitiva de humanidad, por lo que muy difícilmente se les puede pedir civilidad a la hora del desastre y en cualquier otra hora. Señores, no hay que ser profesor o doctor en sociología para saber que el capitalismo genera desigualdad y que la desigualdad genera “vándalos”.
Ahora bien, yo me pregunto y usando un estricto razonamiento matemático, ¿Cuánto roba en pesos en su vida un vándalo?, ¿60 vándalos?, ¿un millón, 30 millones, o 100 millones?, ¿Cuánto costaba un departamento en el edificio recién entregado en San Pedro de la Paz que se partió en dos?, ¿De cuántos departamentos y de cuántos millones estamos hablando?, ¿Es menos vándalo el empresario que estafó de manera criminal a toda la gente víctima de esa construcción que no cumplía ni la mas mínima norma de seguridad?, ¿Por qué la alcaldesa de Concepción no llama al gobierno a perseguir y tratar con la misma celeridad a estos otros vándalos de cuello y corbata? Sería bueno que alguna vez aunque sea en la desgracia, la justicia se aplique con un mínimo de igualdad tanto al niño de 10 años cartonero que roba un plasma porque sabe y en eso si tiene razón, que es la única oportunidad en su vida, de apoderarse de algo de valor, como al empresario que roba millones por vender una caja de cartón maquillada de vivienda.
Este terremoto no sólo ha botado la mitad de Chile sino también una idea de desarrollo carente de humanidad con la que veníamos mareados como sociedad en los últimos 20 años. Sería bueno entonces detenerse a pensar y cuestionar las viejas categorías con las que dividimos y polarizamos el mundo entre buenos y malos. La estigmatización es una forma de violencia, así como lo es la pobreza y la exclusión. Y, ya lo sabemos, la violencia genera violencia.
Yo no defiendo el crimen en ninguna de sus formas, no me gusta ver a mi madre de casi 80 años desvelada, creyendo que vendrá una horda de energúmenos a robarle todo lo poco que tiene y que le costó una vida de trabajo, pero tampoco me gusta la negligencia, la flojera mental con que se trata invariablemente a un sector de la población que no hace mas que replicar de manera muy visible todo lo que a ellos el sistema les robó, partiendo por la humanidad.
Los rostros televisivos del 8.8
4/Marzo/2010
Larry Moe / LUN / L a uniformidad imperante en la cobertura televisiva post 8.8 ha sido casi tan angustiante como el terremoto mismo. La creatividad ha estado impresionantemente ausente. Prácticamente hemos asistido a una cadena nacional. Una de las pocas excepciones: el golpe de Amaro Gómez-Pablos con el comandante en jefe de la Armada reconociendo titubeos frente a la alerta de tsunami. Claro que dentro de ese homogéneo cuadro, han destacado ciertos rostros. Vamos viendo.
Canal 13 . Aldo Rómulo Schiappacasse y Paulo Ramírez. El periodista deportivo ha sorprendido a quienes lo tenían sólo por capacitado para hablar de córners y fueras de juego, mientras Ramírez ha demostrado lo lejos que puede llegar un crítico de TV del otro lado de la pantalla.
TVN . José Antonio Neme, el hijo de Antonio, ha ganado bastante pantalla desde el funeral de Michael Jackson; Rafael Araneda sigue imparable y Davor Gjuranovic (el Matt Damon de Bellavista) ya es más que una promesa. Mención especial para Santiago Pavlovic, quien, viejo zorro, fue el único periodista que no se tragó la falsa alarma de tsunami ayer.
Mega . Vivi Kreutzberger. La heredera natural del imperio solidario de Don Francisco cayó parada en Mega. Tiene el tono preciso para el contexto y la emotividad contenida necesaria sin caer en la sensiblería. Nada que decir.
Chilevisión . Carmen Gloria Arroyo (“La jueza”). De todas las damas que ha lanzado ese canal a coconducir la transmisión, es la más cercana a los dramas de la gente y, por lo tanto, la más creíble.
El terremoto social en Chile
3/Marzo/2010
Lucía Dammert /Socióloga / Las noticias fueron confusas, la falta de comunicación en importantes zonas del país inexplicable y la falta de coordinación entre los actores políticos insólita. Lo que aconteció los días siguientes en Concepción es alarmante, signo de una sociedad enferma que deja de pensar en lo colectivo y se concentra en la resolución de sus problemas individuales. La información entregada por los medios de comunicación muestra la desesperación de muchos ciudadanos que enfrentados a la falta de un liderazgo claro, información oportuna y respuesta rápida a los problemas que los afectaba decidieron buscar solución a sus necesidades por medio del saqueo. Imposible poner una respuesta moral frente a padres que pasaron 48 horas sin agua o alimentos para sus hijos, lo que pone luz sobre los problemas de gestión en la administración de la respuesta a la tragedia. De hecho en muchos casos de emergencia ocurridos en el mundo, la falta de presencia del Estado ha tenido como respuesta este tipo de actos.
Pero lo que se generó en Concepción va mucho más allá por que demostró la fragilidad del orden y la paz pública, evidenció las profundas fracturas sociales que nos rodean y materializó la violencia como método reconocido para resolver todo tipo de conflictos. Aquellos que “aprovecharon” la situación para robar electrodomésticos, saquear tiendas y casas particulares son una muestra de un problema mucho más profundo en el país. Diferente pero vinculado también con aquellos que aumentaron el precio del pan y otros insumos básicos, que duplicaron el costo de los traslados y que incluso acapararon alimentos en zonas que no fueron afectadas gravemente por el fenómeno.
¿Qué nos está pasando? Esta es la pregunta que invadió a millones de chilenos que vimos por televisión una seguidilla de hechos impensables en medio de una tragedia humana que no se logra resolver. Lamentablemente, hace mucho que se está haciendo hincapié en el malestar social que nos invadía calladamente y que explotó en los últimos días. El bicentenario nos encuentra con un país fracturado, dividido socialmente, con población que se siente excluida y actúa en consecuencia, con falta de valores de comunidad, colaboración y respeto en muchos sectores de la población.
El delito no se justifica, mucho menos en estas circunstancias. El Estado se hará presente con orden, seguridad y medidas para llevar seguridad a los ciudadanos. Pero no hay que confundirse, la llegada de los militares y la declaración del estado de catástrofe son medidas importantes pero no resolverán los problemas internos que potenciaron esta situación. Cabe esperar entonces que además de un plan de reconstrucción infraestructural en el país, el próximo gobierno enfrente los elementos de desesperación, frustración y violencia que se expresan en estos días.
Rateros
3/Marzo/2010
Gustavo Parraguez /Abogado / El Mostrador / Por más que trato no lo puedo creer. He mirado sin parar las noticias y sigo sin entender. ¿Cómo engendramos estas bestias, estas jaurías de saqueadores? ¿Cómo se forjaron? ¿Cómo se criaron? No me refiero a la madre o al padre que desesperados por la escasez roba para alimentar al hijo hambriento. En esas circunstancias probablemente yo también lo haría. Me refiero a los que arrancaban- frente a las cámaras y para todo el país- con plasmas, televisores, equipos de sonidos, ron, pisco y tantos otros bienes irritantemente innecesarios, en medio de un cataclismo como este. A los que asaltaron las casas derrumbadas con sus moradores también derrumbados, o que desvalijaron al automovilista recién accidentado en la autopista.
Nuestros nuevos referentes son las modelos oxigenadas y con silicona y los gerentes de medio pelo que han hecho rápida fortuna y no cultura.De niño me enseñaron- y así lo creía hasta ahora- que el nuestro era un país solidario, culto, con trabajadores competentes. Me dijeron también que nuestra gente ocupaba un lugar destacado en el ámbito latinoamericano. ¿Me engañaron? No lo sé y en este momento poco me importa porque estoy desolado. Intuyo que estas ratas feroces que he visto en la T.V. aprendieron con los modelos y la cultura individualista de aves de rapiñas que domina hoy nuestra inculta sociedad, que aceptamos hace algún tiempo sin límites, filtros o matices, como modelo cultural, social y económico.
Desapareció el obrero esforzado y honesto de antaño y lo reemplazamos por el reggetonero adicto al mall. Nuestros nuevos referentes son las modelos oxigenadas y con silicona y los gerentes de medio pelo que han hecho rápida fortuna y no cultura. Edwards, Rojas o la Mistral, simplemente no existen.
La cultura de la ratería, a pequeña o gran escala, nos conquistó. La rata saqueadora no es más que un alumno aventajado del ave de rapiña mayor, de la que emula su ideología ratera. Total da lo mismo, no hay vergüenza ¿dignidad? ¿de qué me hablas? No estoy ni ahí.
Creía entender que vivíamos en comunidad, agrupados, pero me equivoqué Sólo somos un puñado de hambrientos, codiciosos e indignos individuos, cuyo único elemento común es habitar el mismo territorio.
Me resuena una lectura de Neruda: Víboras, que las mismas víboras vomitarían.
Está malo el 13
26/Febrero/2010
Sergio Paz / Wiken / Canal 13 es como Grecia: tiene playas bonitas, buena gente, también muchas ruinas, pero básicamente es un gran desastre. Da pena. ¿Desde cuándo escuchamos que el Canal 13 está en crisis? ¿Dos? ¿Cuatro? ¿Ocho años? ¿Desde siempre? ¿Cuándo fue lo de Rodrigo Jordán? ¿Sonó el 13 cuando murió Bertrán? ¿Julito Martínez? ¿Cuándo se fue la Memé? ¿La Vivi, la Raquel? ¿De verdad nunca apareció un ejecutivo con las capacidades de don Eliodoro? Cielos: qué lío. Todos queremos al 13, pero parece que el 13 no quiere a nadie.
No soy crítico de televisión y tampoco me gustaría serlo. Por lo mismo, escribo desde la simpleza, incluso desde la obviedad, pero también desde la guata, el corazón. Y, desde ahí, el triste espectáculo no sólo da pena, también rabia. ¿Cómo, si alguna vez hicieron televisión entretenida con tan (tan) poco –pienso en “Almorzando en el 13″, “Mundo”, “Al sur del mundo”– hoy no dan pie con bola? Y, si se la juegan, es con una teleserie de gente peluda que antes de partir ya huele a fracaso.
El 13: históricamente, la alternativa. Cuando los del 7 se ponen prepotentes, ¿qué haces? Te vas al 13. Cuando en Mega se ponen chulos, te vas al 13. Cuando en Chilevisión se ponen inteligentes, te vas al 13. Cuando no está el 13, ¿qué diablos haces cuando no está el 13?
Como teorías hay muchas, yo me la juego con una: en el 13 hay demasiado asesor. Mucha gente opinando. El canal es la principal víctima del gran mal de esta época: la comunicación de las comunicaciones, la obsesión con la imagen corporativa, la distorsionada idea de que sí puede existir la “inteligencia mediática”. Es la moral Sebastián Edwards/Pato Navia: Chile se repletó de “expertos” que dicen las mismas tonteras que todos sabemos.
Se ha instalado la certeza de que hay gente que sí puede “saber de tele”. O creer que la TV es como una ecuación: tiene lógica, se puede resolver y, desde esa vereda, todo no sería más que administración. ¿Si? Vayan a los archivos. Revisen. Analicen. Los que le han achuntado siempre han dicho que la tele es cuestión de trabajo (mucho), algo de intuición y no poco de suerte. Los grandes nunca dijeron: ‘a ver, cabritos, a un lado, yo sé cómo se hace esto’. Justamente, las raíces de la TV chilena están en la experimentación. Me la juego por esta idea: cuando más perdió la TV chilena fue cuando dejó de ser universitaria. Después de eso no han faltado aciertos, pero es cuando más al debe quedó en la construcción de su identidad.
¿Cuál es, hoy, la principal diferencia del 13 con los otros canales? En los otros se equivocan todo el tiempo y a nadie le importa. En el 13, en cambio, tirita el directorio y todos se ponen nerviosos, cambian, buscan. No sería raro que, de pronto, el 13 recontratara a Vasco Moulian. Al menos, mantuvo el promedio en azul.
Resumen: la pantalla del 13 está fría. A Sole Onetto el monstruo ya la puede pifiar. De tanto dar “Lost”, el propio 13 quedó “Lost”. ¿Se pueden recuperar? Ojalá. Es lo que queremos. Pero queda poco tiempo. La gloria pasó y, así como van las cosas, ni un exitoso reality los podría salvar. Sí, pasarle las llaves del auto a alguien que, de una vez por todas, maneje. Bien, mal, da lo mismo. El punto es que el auto avance. De lo contrario, van a tener que vender el cacharro. ¿O es, acaso, lo que han querido todo este rato?
No nos van a abandonar, ¿cierto? El 13 no es malo, ¿no?
Ideas sobran: hagan un canal para rubios, un canal pastoral, el canal de Un techo para chile. Da lo mismo. Pero hagan algo. Todos lo vamos a agradecer.
La “Copucha” de Bachelet
27/Enero/2010
Cristián Cabalín /Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile / La semana pasada, Sebastián Piñera protagonizó el primer desencuentro con la prensa desde que fue electo el 17 de enero. Algunos periodistas acusaron el pauteo de las entrevistas pactadas con los canales de televisión. Según las versiones conocidas, los asesores del nuevo Presidente solicitaron evitar las preguntas sobre sus negocios. Aunque la mayoría accedió a los requerimientos, con este episodio quedó la sensación de estar afectando la relación que se debe establecer entre una autoridad y la prensa.
Sin embargo, la restricción de temas y el menoscabo al periodismo libre son, lamentablemente, prácticas habituales en la que incurren muchos políticos y que también aceptan muchos periodistas.
El ex Presidente Ricardo Lagos tuvo una relación tensa con El Mercurio y La Tercera en el contexto del caso MOP-Gate. Tanto así que envío una carta a Agustín Edwards quejándose por el trato recibido y al diario de Álvaro Saieh no le concedió entrevistas durante mucho tiempo. Durante su administración, también, se intentó imponer la lógica del pool para cubrir las actividades presidenciales en terreno, lo que desató el rechazo cerrado de los reporteros de Palacio y la medida debió revertirse en tres días.
La Asociación de Periodistas de La Moneda emitió una declaración pública el 20 de enero pasado quejándose por el trato que el director de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda (SECOM), Juan Carvajal, tuvo con uno de sus miembros.Al mismo tiempo, en la Cámara de Diputados pretendieron restringir el acceso de la prensa a la cafetería y a los pasillos del Congreso, además de imponer la acreditación obligatoria para los periodistas con dos semanas de anticipación. Por suerte, esta iniciativa fue modificada a los pocos días.
La Presidenta Michelle Bachelet también ha pasado malos ratos con los medios de comunicación, que la trataron con dureza en un comienzo debido, principalmente, al Transantiago. No obstante, desde que su popularidad viene en alza, los medios han tendido a suavizar sus posturas y han sido mucho más condescendientes, sobre todo, en las entrevistas individuales que de vez en cuando concede.
Pese a lo anterior, la Asociación de Periodistas de La Moneda emitió una declaración pública el 20 de enero pasado quejándose por el trato que el director de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda (SECOM), Juan Carvajal, tuvo con uno de sus miembros (Rienzi Franco, de radio Bío-Bío) que incluyeron garabatos y llamados al medio en el que trabaja por haber informado de su retorno a las actividades de Palacio.
La organización, conocida como “La Copucha”, agregó que “lamenta que durante los cuatros años de la Presidenta Michelle Bachelet la relación entre la prensa de Palacio con la Mandataria y sus asesores haya evidenciado un retroceso”.
Esto pone de manifiesto que a quienes ejercen el poder (o están bajo su sombra) les incomoda mantener un vínculo fluido y transparente con los medios de comunicación. Por eso, el sistema político siempre ha intentado controlar el funcionamiento de la prensa, muchas veces con nefastas consecuencias para la democracia.
Es cierto que ya no existen persecuciones en contra de los medios como ocurrió durante la dictadura, pero ahora los mecanismos de censura son más sutiles y difíciles de monitorear. Y justamente en esa dirección van los llamados, retos, presiones y malos tratos que afectan directamente el trabajo de los periodistas y de la prensa, en general.
Estas prácticas alteran las premisas básicas de la relación que debe existir entre el sistema político y los medios de comunicación en un régimen democrático de gobierno. La prensa debe fiscalizar y cuestionar las decisiones que se adoptan y que afectan a la mayoría de la población, mientras que quienes detentan el poder deben tener una actitud de transparencia para rendir cuentas y estar bajo el escrutinio público. Solo así se avanzará en el afán por tener una democracia más robusta.
Piñera y la prensa
25/Enero/2010
Carlos Peña / El Mercurio / Sebastián Piñera o, lo que es lo mismo, quienes dependen de él concedieron entrevistas a condición de que no se le interrogara acerca de sus negocios y el estado en que se hallaba la promesa de desprenderse de ellos.Se trata, aparentemente, de una condición del todo lícita. ¿Acaso usted no tiene todo el derecho de conversar acerca de lo que le place y enmudecer acerca de lo que no?
Sin duda.
Con una excepción: que usted sea Presidente electo.
Un Presidente —y para qué decir uno en funciones, como ocurrirá con Piñera a contar de marzo— debe estar sometido al escrutinio de la prensa y, por esa vía del público, en todos los asuntos de interés común. Y entre ellos se cuenta, sin duda, la propiedad de sus negocios. No hay entonces nada malsano en que la prensa inquiera una y otra vez acerca de cuándo se desprenderá de ellos, por qué monto, con qué destino y cómo. Sobre todo si, incluso sus abogados, con una torpeza indigna, han dicho una cosa un día y otra cosa el otro. En medio de esas ambigüedades (que muestran de parte de Piñera una resistencia inconsciente a hacer lo que prometió) la prensa debe hacer las preguntas que permitan aclararla.
Y ninguna de esas preguntas violan la privacidad de Piñera. En cambio Piñera maltrata la libertad de prensa si, como lo hizo, impide que se le formulen.
Así entonces —y para decirlo con todas sus letras— Piñera actuó mal cuando exigió a los periodistas que no lo interrogaran acerca de ese tema, y los medios lo hicieron todavía peor cuando aceptaron esa condición.
¿Qué tipo de Presidente es ese que, por razones personales, pide a los periodistas —o peor, pide a otros que lo hagan por él— que no le pregunten acerca de un obvio asunto de interés público? ¿Qué tipo de periodistas son esos que aceptan tamaña condición que supone abdicar el centro de su oficio y la razón de la confianza que la ciudadanía ha puesto en ellos?
Vamos a avanzar poco con un Presidente que —por pudor o cansancio ya que no por motivos peores— prefiere no explicar lo que, desde el punto de vista del interés público, amerita una explicación.
Y no vale de nada el argumento según el cual Piñera —al traspasar parte de sus bienes— está ejecutando un acto supererogatorio, algo que va más allá de las obligaciones que le impone la ley. Como es obvio, si para un ciudadano común y corriente el respeto estricto de la ley basta y sobra, ello no ocurre con quien desempeña la Presidencia. Un Presidente —y Piñera lo es por mandato popular— debe tener un estándar de conducta superior a ese, en especial uno a la altura de las expectativas que él mismo esparció. Así entonces cuando los periodistas le piden cuentas acerca de la titularidad de sus negocios están, simplemente, examinando si él está, con la suficiente diligencia, a la altura de los compromisos que, previamente, adquirió.
Pero si es de esperar que Piñera no vuelva a repetir un tropiezo como ese —aunque ya es segunda vez: la primera fue con La Nación durante la campaña— también es de esperar que la prensa esté, en lo que viene, a la altura.
Y es que no vamos a avanzar nada si seguimos por el camino que mostró este incidente. Editores periodísticos que a cambio de una cuña o de una imagen dejan los deberes del oficio en la puerta de afuera de la casa del entrevistado. ¿Habrá que preguntarse en el futuro, cuando Piñera dé alguna entrevista, cuáles fueron los temas o asuntos de interés público que le molestaban y que los periodistas decidieron entonces dejar en el tintero?
No cabe duda que el incidente de esta semana, sumado a otro que ya hubo en la campaña, muestra una de las peores caras de algunos grupos de la derecha, un semblante que insinúa el rostro del propio Presidente electo: esa tendencia a imponer la propia voluntad más allá de las reglas, como si las reglas fueran una convención que sólo vale para otros, algo que con astucia y voluntad suficiente, y alzando la voz, pudiera moverse a su antojo una y otra vez.
















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