Una oposición sin medios
9/Marzo/2010
Por Álvaro Cuadra* / Para el Observatorio de Medios /
“Una oposición sin medios de comunicación no es, tan sólo, una debilidad del conglomerado opositor. Una democracia en que los opositores carecen de medios para hacer oír su voz, muestra, precisamente, el feble tinglado democrático en que se sostiene la institucionalidad chilena”
Después del triunfo de la derecha, resulta claro que hay tres ámbitos privilegiados en los cuales se va a desarrollar la oposición política al actual gobierno, a saber: Parlamento. Medios y Movilización Social. Cada uno de ellos posee características que le son propias, sin embargo, los tres están íntimamente ligados entre sí. Por lo tanto, cualquiera sea la estrategia opositora al gobierno del señor Piñera, debiera considerar todas las aristas involucradas en su quehacer inmediato.
Durante los años concertacionistas, la cuestión parlamentaria se convirtió en uno de los intereses centrales de los diversos partidos políticos. Debido, en gran medida, a la legislación vigente, los equilibrios en ambas Cámaras se han mantenido, y aún hoy persisten, con muy pocas variaciones significativas. Por ello, es previsible que gobierno y oposición se vean forzados a “negociar” las distintas iniciativas presentadas por el Ejecutivo.
Si en el ámbito legislativo se advierte un equilibrio, no se puede decir lo mismo en el terreno de lo mediático. El diagnóstico es claro: la propiedad y orientación de los medios de comunicación en Chile hace patente un marcado desequilibrio. Durante dos décadas de gobiernos concertacionistas esta situación no sólo no se atenuó sino que tendió a acentuarse. Todo el interés mostrado por los partidos políticos en posicionarse a nivel parlamentario, se transformó en desinterés a la hora de plantearse con una mínima seriedad el desarrollo de medios alternativos a los grandes monopolios.
En los estudios de comunicaciones, se sabe que los medios no actúan de manera aislada sino que conforman un “sistema” o un “régimen”, de suerte que, cualquier política debe ser pensada de manera integral. En la actualidad, los medios electrónicos han desplazado a los medios impresos. La televisión y los medios digitales han adquirido una inusitada importancia estos últimos años. Asimismo, bajo ciertas condiciones, la radio FM mantiene cierto protagonismo. No obstante, la voz opositora debe encontrar múltiples cauces que incluyan lo impreso, lo audiovisual y, ciertamente, lo digital.
Ninguno de los gobiernos concertacionistas se preocupó de proteger los precarios medios de comunicación desarrollados durante los años de la dictadura militar, más bien se los dejó al arbitrio del mercado, frente a poderosas y voraces empresas periodísticas nacionales y extranjeras. En pocas palabras, la Concertación renunció a una política comunicacional digna de tal nombre, y hoy, convertida en oposición, su negligencia se convierte en un costo político. No obstante, de poco sirve llorar sobre la leche derramada, la cuestión de fondo es cómo articular una política consistente para el desarrollo de medios opositores.
Una oposición sin medios de comunicación no es, tan sólo, una debilidad del conglomerado opositor. Una democracia en que los opositores carecen de medios para hacer oír su voz, muestra, precisamente, el feble tinglado democrático en que se sostiene la institucionalidad chilena. La comunicación social en una democracia de baja intensidad, como la nuestra, ha dejado de ser un problema de mercado para devenir en un problema político de primera importancia para todos los ciudadanos.º
La energía liberada por los medios
9/Marzo/2010
OBSERVATORIO DE MEDIOS / V.P. /
“Se alternaron, en general durante las primeras transmisiones, el dato duro y necesario con una sobredosis de testimonios lacrimógenos y una majadería informativa que tuvo, al menos una semana, a medio Chile con los nervios de punta entre réplicas y contra réplicas, anuncios de falsos maremotos, periodistas sobreexcitados que pronuncian cada diez segundos la palabra “dantesco” y los registros de reporteros aficionados que suben, compulsivamente, a la red sus aventuras sísmicas personales grabadas desde un celular”.
El terremoto de la madrugada del 27 de febrero puso a prueba la capacidad de reacción y la fortaleza de nuestros sistemas de comunicación. Lo primero que la ciudadanía pudo verificar después del golpe telúrico, fue el ”black out” que involucró a la telefonía fija y móvil, Internet y redes sociales, TV abierta y de pago, incluida la radio. Por minutos preciosos volvimos a la Edad de Piedra en plena sociedad de la información, cuando, se supone, estamos más comunicados que nunca. Por fortuna, algunas emisoras empezaron a transmitir rápidamente, como la Cooperativa y la Bío-Bío, contribuyendo en momentos cruciales a reducir la incertidumbre de miles de compatriotas que esperaban ansiosos algún tipo de información centralizada y creíble. La humilde radio a pilas se transformó, por largo rato, en el bien más preciado frente a la momentánea inutilidad de los BlackBerry, Twitter, Facebook y el llamado periodismo ciudadano que transita por Internet en condiciones normales.
Apenas pudieron normalizar las transmisiones, los canales de televisión iniciaron el despliegue de sus equipos en el territorio afectado, dando paso a una intensa cobertura que contribuyó a iluminar la dimensión de la tragedia, pero también a exacerbar el caos y a magnificar los desbordes delincuenciales. Se alternaron, en general durante las primeras transmisiones, el dato duro y necesario con una sobredosis de testimonios lacrimógenos y una majadería informativa que tuvo, al menos una semana, a medio Chile con los nervios de punta entre réplicas y contra réplicas, anuncios de falsos maremotos, periodistas sobreexcitados que pronuncian cada diez segundos la palabra “dantesco” y los registros de reporteros aficionados que suben, compulsivamente, a la red sus aventuras sísmicas personales grabadas desde un celular.
Desde el punto de vista de los medios de comunicación, que es lo que nos interesa como Observatorio, pudimos detectar algunos problemas de carácter estructural -como se dirá por un tiempo usando metáforas sísmicas- y otras grietas de importancia en el tratamiento informativo:
Quedó de manifiesto la ausencia de un sistema nacional y público de comunicaciones, o al menos una estrategia alternativa, para comunicarnos en situaciones de esta envergadura, que permita mantener al país unido, informado y cohesionado después de cualquier catástrofe. Desde el ángulo de las telecomunicaciones, nada funcionó a tiempo y hubo faltas imperdonables en cuestiones tan nimias como la carencia de teléfonos satelitales en las oficinas de emergencia, aparatos que pueden ser comprados o arrendados por sumas razonables de dinero en cualquier tienda especializada. Prácticamente toda la información de las primeras horas se canalizó a través de radio Bío-Bío, que, aprovechando sus instalaciones en la zona del desastre, su conocimiento de la región, su red de corresponsales y su dilatada trayectoria informativa en el sur de Chile, pudo cumplir con un rol clave para entregar los primeros antecedentes y dimensionar la magnitud de la catástrofe.
También se hizo evidente la vulnerabilidad de Internet, que en gran medida depende del sistema eléctrico, en combinación con fallas prolongadas y masivas del sistema privado de comunicaciones telefónicas. Desde el día después del terremoto, cuando la red empezó a operar con relativa normalidad, se pudo observar la doble faz de internet. Facilitó, por una parte, la veloz propagación de basura virtual a través de múltiples correos enlazados de origen anónimo, donde se nos advertía de nuevas alarmas de maremoto, saqueos inexistentes, rupturas de embalses de agua que nunca estuvieron en peligro y teorías peregrinas que intentaban relacionar el terremoto con tragedias naturales recientes en otras partes del planeta. Por otra, sirvió como herramienta eficaz para transmitir mensajes de utilidad pública, articular grupos para la búsqueda de personas desaparecidas y entregar datos precisos sobre la reposición de los servicios básicos o los sitios de reparto de alimentos. Un Decálogo Ciudadano para Tiempos de Emergencia, que circula en la red, sugiere a los internautas una cuestión que parece bastante razonable en situaciones de catástrofe: abstenerse de difundir rumores, trascendidos, historias de dudosa procedencia para no producir más alarma en una población que ya está suficientemente aterrorizada con los hechos verificables.
Para suplir en parte estas limitaciones de los medios masivos, podría haber existido una potente red de radios comunitarias de carácter ciudadano, con las condiciones logísticas y de cobertura para transmitir en condiciones excepcionales, de manera de complementar la información de los medios radiofónicos privados y aprovechar su conocimiento de las comunidades de origen que fueron afectadas por el cataclismo. Pero la realidad en nuestro país dista mucho de este ideal. Aún así, a poco andar y sobreponiéndose a la precariedad, algunas emisoras comunitarias como la Lorenzo Arenas de Concepción, Paloma en Talca, La Ventana en La Legua, y otras, pudieron iniciar sus transmisiones y contribuir a la organización de la ciudadanía y a la difusión de informaciones responsables al interior de las comunidades afectadas.
Se pudo constatar, además, que no existe un sistema de comunicaciones descentralizado que permita tomar decisiones propias a las autoridades de las regiones afectadas en situaciones de catástrofe. Ni siquiera se usó en toda su potencialidad la comunicación a través de los radioaficionados, quizás el único medio de comunicación que pudo funcionar sin interrupciones después de la hecatombe.
Una de las consecuencias más graves de este colapso comunicacional de los primeros momentos posteriores al terremoto, fue la lentitud en la toma de decisiones por parte del Ejecutivo, dependiente en gran medida para el anuncio de maremotos de una repartición de la Armada –Shoa- que no fue capaz ni siquiera de enviar un fax medianamente legible a la Oficina Nacional de Emergencias –Onemi- y que no contaba con un operario que entendiera inglés y que fuera capaz de descifrar el llamado de alarma de tsunami realizado desde un centro especializado estadounidense. Situaciones casi tragicómicas, en los organismos encargados de canalizar la información en estados de catástrofe, que incidieron en la pérdida de muchas vidas. La otra consecuencia funesta fue el predominio del rumor en las comunidades sin acceso a información confiable, lo cual generó un estado de sicosis y una marejada de anuncios apocalípticos desde y hacia los lugares del desastre. Al pillaje y los saqueos reales, se sumó la amenaza de supuestas turbas que se apoderarían de todo lo que se cruzara a su paso y la reacción de algunos sectores de la población que fueron presas fáciles del pánico, entre los escombros, sin luz, agua ni alimentos.
La “rata gris del rumor” hizo de las suyas como suele suceder en situaciones de tragedia. Un ejemplo cercano fue el trascendido que circuló, el primer día laboral después del terremoto, anunciando supuestos saqueos en el centro de Santiago, lo que provocó el cierre en cadena de locales comerciales en el sector Patronato y Estación Central y el de algunas empresas que decidieron despachar a sus empleados y suspender las actividades productivas.
Grietas en el tratamiento informativo:
Además de los problemas globales analizados anteriormente, en una visión panorámica de la cobertura realizada por los medios, se pueden detectar algunos problemas en el tratamiento de la información que no contribuyeron precisamente a llevar tranquilidad a la ciudadanía a través de una información confiable, entregada por profesionales que saben mantener la cabeza fría y el corazón caliente en circunstancias excepcionales. En este sentido, se agradeció la presencia en terreno de periodistas curtidos en cobertura de tragedias naturales, como Santiago Pavlovic, de TVN, que al menos no salió arrancando, como la mayoría de sus colegas en Concepción y demás localidades amagadas, al primer anuncio de un maremoto imaginario como sucedió .
Revisemos algunos problemas detectables a simple vista en el tratamiento de la información:
La preocupación por la propiedad privada compitió con el drama humano.
Apenas se restablecieron en parte las comunicaciones, los medios, y en especial la TV, desplegaron todos sus equipos a la zona del desastre. Compitieron en los días siguientes, en un peligroso equilibrio, las notas sobre el drama humano producto directo del cataclismo y las que abordaron sus coletazos delincuenciales: saqueos a supermercados, empresas y negocios, pillaje, asaltos y otras formas de ruptura del contrato social. Se puso a la misma altura la defensa de la propiedad privada y los tormentos de una población golpeada por la desventura, rodeada de muerte y destrucción. Desde la perspectiva periodística, los saqueadores aparecían comos seres venidos de otro mundo. Los periodistas enviados a la zona ofrecieron con generosidad el micrófono a grupos de ciudadanos que se sentían amenazados por hordas virtuales dispuestas a apropiarse de lo ajeno. Mostraron hasta la saciedad vecinos armados ridículamente con escopetas a postones y palos de escoba para defenderse de la presunta amenaza.
Testimonios varios concuerdan en que los saqueadores no estaban integrados sólo por el lumpen que aprovecha cualquier oportunidad para hacer su agosto (triunfos o derrotas deportivas, efemérides, fiestas patrias), robar y destruir bienes públicos, sino también por respetables señoras que arrancaban con microondas y tipos de apariencia nada marginal acumulando plasmas en vehículos cuatro por cuatro. Un fenómeno transversal de pillaje consumista, descontando, por supuesto, a quienes tomaron cosas de primera necesidad para alimentar a los suyos. “Un saqueo generalizado de gente de distinta condición social”, como lo resumió el comentarista de Radio Bío-Bío, Tomás Mosciatti. Fue muy tibio, por lo menos en los primeros días de cobertura periodística, el acercamiento de los medios a esta realidad. Amaro Gómez-Pablos, de TVN, intentó interpelar a un joven que huía con algo de ropa desde una multitienda desvalijada. El muchacho se defendió arguyendo “necesidad”. Santiago Pavlovic trató de entablar diálogo con otros saqueadores, pero sólo consiguió evasivas. El enemigo público aparecía difuso, sin rostro y encarnando todos los males: “lo peor de lo nuestro” como se ha repetido hasta el cansancio. Recién ahora están apareciendo en la prensa escrita , en algunos programas de debate en televisión y en diferentes espacios en Internet, análisis más serenos que intentan dilucidar las causas del fenómeno (ver en este sitio web).
Mucho testimonio, poco análisis y dato duro, demasiada cháchara.
Los reporteros en terreno compitieron por obtener testimonios desgarradores junto a notas “esperanzadoras” para compensar tanta calamidad: rindieron testimonio ciudadanos que se salvaron por un pelo, otros que vieron morir a sus parientes y amigos, personas que vivieron situaciones atroces, héroes anónimos que salvaron a un perro de las fauces del mar o a su abuelita desde los adobes derrumbados, chilenos solidarios empaquetando víveres o retirando escombros, militares abnegados realizando cadenas humanas para hacer llegar ayuda a los damnificados. Se intercalan notas de auténtica humanidad y poder emotivo con otras ramplonas hilvanadas por periodistas que le preguntan a la gente algo tan obvio cómo “qué se siente después de ver desaparecer a un ser querido”. Desde los estudios centrales, en la capital, los animadores de turno entrevistan a sicólogos que se refieren a cómo manejar el trauma post terremoto, a ingenieros calculistas que nos ayudan a diferenciar entre una falla simple y otras estructural, a expertos en seguros recordándonos nuestras derechos ante las compañías que administran el riesgo. Kike Morandé nos invita a orar, desde Megavisión, y aprovecha la hora de incidentes para reflexionar sobre el significado divino de la caída de muchas iglesias. Los conductores de SQP nos recuerdan que somos todos chilenos con una larga historia de solidaridad, etc., etc. En Canal 13, desde alguna de las tantas caletas amagadas, nos presentan un enlace en directo con Soledad Onetto, del canal católico, quién guardó los trajes de gala del festival para desempolvar sus tenidas invernales de Valle Nevado y despachar, con su peinado impecable, notas humanas desde los sitios de la tragedia.
Metamorfosis de la opinología nacional. Diluvio de metáforas gastadas. Horror al silencio y la pausa informativa.
La lengua habitualmente viperina de los opinólogos se vuelve piadosa a raíz del contacto en directo con la terrorífica realidad posterior al terremoto y tsunami. Algunos lucen caras compungidas después de haber estado en alguna caleta sureña golpeada por el maremoto. Realizan los despachos con barbas a medio crecer, camisas arrugadas y sin bañarse, según propia confesión, para darle un golpe de autenticidad al relato.
En los canales, durante la programación especial, se arman paneles multitudinarios donde se opina sobre esto y aquello, se divaga sobre las lecciones humanas que nos deja la tragedia y los famosos de la TV se arrepienten de haber sido exitistas, superficiales, trepadores. Un líder rockero, en Televisión Nacional, nos recuerda la cercanía del año 2012 y su carga de presagios mayas. En un contacto en directo, Isabel Allende se muestra emocionada por la solidaridad desplegada a medida que han pasado los días. Se queja por esos compatriotas que andan de compras en Nueva York mientras el país se levanta a duras penas. Lo superfluo se alterna con reflexiones lúcidas e información pertinente.
Saturación de informaciones dramáticas, ausencia de reposo en la programación que genere un poco de calma a la ciudadanía.
Abruma la catarata informativa con las mismas imágenes repetidas una y otra vez del país en el suelo. Cada réplica, por mínima que sea, es informada con su correspondiente magnitud y energía liberada. Se multiplican los balances de sismólogos que se pasean entre los diferentes canales y parecen venir llegando, con las últimas novedades, desde las mismas profundidades de la tierra. Un experto en seguridad nos advierte que el marco de la puerta no es el lugar más seguro para refugiarse en caso de terremoto y sí lo sería el llamado “triángulo de la vida” en el vértice donde colindan dos construcciones. Nunca se termina de aprender con este tipo de programas. Canal 24 horas, de TVN, matiza un poco al presentar un reportaje que compara bucólicas imágenes de archivo de las caletas y balnearios golpeados por el maremoto con el estado actual de esos lugares. El paraíso y el infierno.
Periodistas novatos sobreexcitados con el drama.
Proliferan los comunicadores improvisados que juzgan los desbordes y el pillaje como novatos enfrentados por
primera vez a situaciones límites. La mayoría es incapaz de hacer una referencia histórica a nuestras tragedias telúricas. También son víctimas de nuestra memoria de plomo que nos hace olvidar las lecciones de una tierra pródiga en desastres: el terremoto y maremoto del 60, el que destruyó Chillán el 39, el de Valparaíso en 1906, los saqueos de entonces, la implacable ley marcial impuesta para diezmar a los saqueadores… Si hay algo en lo que tenemos experiencia los chilenos es en desastres, pero esa fortaleza no aparece en el relato periodístico.
Ausencia de análisis y contextualización.
Se juzga y se busca, presurosamente, a los culpables de todos los males.Los generales que suelen pulular después de las batallas escarban en la responsabiliudades políticas. Por ejemplo, la alcaldesa de Concepción, y futura intendenta de la Región, reacciona como una dueña de casa alterada y sin ninguna compostura frente a “la ausencia de liderazgo”. Tiene todo el tiempo del mundo en los medios para denostar a las autoridades de turno, exigir mano dura y todos los estados de excepción imaginables para los malhechores que amenazan a la ciudadanía honrada. Los medios le ofrecen el micrófono sin cuestionamientos y legitiman con su silencio el diagnóstico de la médico siquiatra de apellido impronunciable.
En síntesis, los medios de comunicación fueron grandes protagonistas de la catástrofe para bien y para mal. Permitieron, por una parte, hacer visible un drama antes de que las propias autoridades llegaran a terreno, pero también contribuyeron a amplificar ciertas conductas antisociales y potenciaron el efecto multiplicador de esos actos. Así como emergió lo mejor y lo peor del alma nacional, el saqueo y la solidaridad, el pillaje y la ayuda al vecino, la indiferencia y la caridad, también los medios mostraron su lado más luminoso y más oscuro: la veracidad y la especulación, la emoción auténtica de ciertos periodistas con la sensiblería de opinólogos reconvertidos, la serenidad y el temple de los verdaderos profesionales con la improvisación, la neurosis y la falsedad de los advenedizos.
Los medios pueden aprender de esta experiencia. Así como nos resulta sorprendente que una oficina de emergencias no tenga un plan alternativo en caso de colapso comunicacional, tampoco parece prudente que los medios carezcan de una suerte de Manual de Procedimientos, donde se explique la importancia crucial que tienen en situaciones de tragedia y la responsabilidad del periodista en la selección de las imágenes que muestra, en la veracidad de las informaciones que difunde, en las preguntas que hace o que deja de hacer, en los adjetivos que utiliza y en los juicios que, de manera directa o indirecta, emite desde el lugar de los hechos.
Cobertura de la tragedia en televisión: Réplicas en la pantalla chilena
8/Marzo/2010
Jimena Villegas / El Mercurio /
El people meter en el suelo. Las cifras de la semana lo demuestran: El lunes lo más visto fue “24 horas” de TVN, con menos de 10 puntos: el primer lunes de marzo de 2009, el número uno lo tuvo una teleserie de Canal 13, con 30.8. Una de las explicaciones de la baja es que se cayó un 40% de la muestra, y que en ese porcentaje están Concepción y Talcahuano. Otra explicación es que la gente sencillamente no vio tanta tele: tampoco subió el visionado del cable.
El poder de TVN: La fuerza de la red estatal se refleja en las cifras. El martes, por ejemplo, sólo un programa de TVN no estuvo entre los 10 más vistos, y el resto de los días lideró el ranking. Una clave puede estar en el refuerzo de su canal de noticias 24H: tienen equipos y rostros suficientes como para ofrecer más despliegue y diversidad de contenidos relevantes. Por eso no se entiende la opción de poner en su pantalla a los reclutas de “Pelotón” enterándose de la devastación o viviendo el terremoto. En la red pública dicen que la idea era aligerar, dando “de a poco” otro tipo de temas. Una lástima, porque quienes eligieron esa opción el jueves se perdieron un excelente capítulo especial del terremoto en “Contacto”, de Canal 13.
¿Dónde está La Red? En Chile, por cierto, aunque a veces no se note. La estación del magnate mexicano Ángel González, que cerró su departamento de prensa, pasó tangencialmente por la tragedia y eligió contraprogramar con envasados. Su estrategia funcionó: junto a Telecanal fueron las únicas señales cuya sintonía no cayó. Al parecer fueron la ventana para aquellos que no querían ver más dolor en su pantalla. El viernes otras estaciones se sumaron, abriéndose a telenovelas y otro tipo de espacios.
El valor de la diversidad. Uno de los debates de la semana en la “twitósfera” abordó el papel de la TV y su amplificación del pánico. Pero, salvo por la brutalidad de las imágenes de los saqueos en Concepción y alguna otra excepción, en general la TV tuvo un tono templado: ofreció lo que estaba pasando y muchas historias notables. Es más, al menos durante las primeras 48 horas, los telespectadores disfrutamos de aquello que debiera ser una norma y no lo es: había tal flujo informativo, que difícilmente los canales en campaña repetían notas entre ellos.
El día en que la tecnología apagó a Chile
6/Marzo/2010
José Ignacio Stark / El Mostrador / Balance crítico de las redes y datacenter nacionales / ¿Por qué ocurrió esto en el datacenter más moderno de Chile, con muros de un metro de espesor y cuyo piso es capaz de soportar hasta una tonelada de fuerza? Fuentes que pidieron a El Mostrador mantener su anonimato revelaron que las baterías de energía de respaldo —conocidas como UPS – fueron desplazadas por la fuerza del sismo, y en su movimiento arrasaron con el sistema de circuitos del lugar, cuya reparación de por si es delicada.
Una de las pocas cosas que tuve conciencia de sacar de mi habitación a la hora de bajar corriendo las escalas del Hotel O’Higgins — donde pasé el terremoto – fue mi teléfono móvil. Sabía que en un caso así, más que la red de voz era la de datos la que podía ayudarme en cualquier caso. Y así fue. Pero grande fue mi sorpresa y la de muchos cuando noté que, por efecto del mayor sismo que ha sufrido la zona centro sur del país, los sitios web nacionales más importantes estaban en el suelo. No había información oficial. Ni la ONEMI ni mi banco respondían. La tierra habló e Internet, literalmente, se calló.
A los pocos minutos del terremoto, muchos pudieron revisar en sus teléfonos las informaciones del Servicio Geológico Norteamericano — USGS – que anunciaron la magnitud del sismo en Concepción: 8,8 grados en la escala de Richter. Revisé rápidamente también las alertas de tsunami entregadas por el Pacific Tsunami Warning Center del NOAA. Pero de información oficial, nada.
Volvamos a 1968. ARPANET, la precursora de la Internet, fue creada como una red interna de comunicaciones militares por el Departamento de Defensa norteamericano, preparada para estar descentralizada, con múltiples vías de comunicación entre dos puntos y capacitada para responder ante sus propias fallas. El correo electrónico y la transferencia de archivos eran su principal uso en 1973. Desde un año antes, el proyecto CYBERSYN permitía controlar el estado de fábricas a través de terminales de telex, todo centralizado desde un búnker bajo La Moneda, aquí mismo, en Chile.
Lo que está claro es que ambas experiencias no sirvieron de nada en el momento del sismo ni después de él. Los servidores de la ONEMI fallaron, y junto con ellos, los sistemas de todo el aparato estatal estaban en el piso. Entre el sábado y el lunes, la Oficina de Emergencia dirigida por Carmen Fernández no pudo usar el correo electrónico. Y si es efectivo que mantenían comunicación radial con sus direcciones regionales, algo no funcionó, pues hasta varios días más tarde no lograban acopiar ni sistematizar información clave como el listado de albergues y los hospitales que permanecían operativos, menos canalizar las necesidades más urgentes por zona afectada.
Global Crossing, el Alto Río virtual
Basada en las Bermudas, Global Crossing — en Chile antes llamada IMPSAT – es el datawarehouse de mayor prestigio y calidad, que aloja tanto a clientes gubernamentales y a grandes instituciones, como el Banco de Chile, la Universidad Andrés Bello y los servicios en línea del Ministerio de Obras Públicas, entre otros. Esos mismos fueron los que cayeron como fichas de dominó la madrugada del 27, sin poder ser recuperados solo hasta varios días después.
¿Por qué ocurrió esto en el datacenter más moderno de Chile, con muros de un metro de espesor y cuyo piso es capaz de soportar hasta una tonelada de fuerza? Fuentes que pidieron a El Mostrador mantener su anonimato revelaron que las baterías de energía de respaldo —conocidas como UPS – fueron desplazadas por la fuerza del sismo, y en su movimiento arrasaron con el sistema de circuitos del lugar, cuya reparación de por si es delicada.
Las medidas de seguridad estándar de este tipo de recintos incluyen la prohibición de que varias personas trabajen al mismo tiempo en una misma sala de servidores; por ende, el tiempo de recuperación estuvo supeditado a esta limitante. Así, el encargado de IT de la Universidad Arturo Prat que viajó desde Iquique para ver y evaluar los daños en sus máquinas y a ponerlas nuevamente en línea debió esperar junto a otros clientes por horas en los estacionamientos del lugar.
“Tabiquería” de redes
En el caso del Banco de Chile, la misma fuente agrega que el error que dejó sin servicios en línea tanto a clientes como a los mismos funcionarios de una de las instituciones financieras más grande del país no pasó solamente por el incidente técnico en GlobalCrossing y el de su propio datacenter — el que resultó inundado tras el sismo, afectando tanto a sus servidores principales como a los de respaldo-, sino más bien por una falla de gestión, la que dejó en claro que los planes de contingencia diseñados para “levantar” al banco ante una emergencia de este tipo quedaron en el suelo.
Por su parte, Obras Públicas se vio obligada a utilizar redes sociales de amplio espectro: a las pocas horas el blog mopinforma.blogspot.com, el que continúa funcionando tras el reestablecimiento de los servicios, efectúa comunicación del estado de la red vial del país, la que también es informada constantemente a través de su cuenta en Twitter. A más de un año del boom de esta red social a nivel de comunicación corporativa, solo el terremoto logró convencer a las autoridades de las distintas reparticiones de gobierno de su utilidad real. Un funcionario del MOP que pidió reserva de su nombre aseguró que están buscando la manera de rescindir el contrato con la empresa, ya que el perjuicio que le generó al Ministerio en una crisis de esta envergadura fue fatal.
El terremoto no solo dejó a sitios offline, sino que desnudó realidades sobre la supuesta seguridad y estabilidad de la infraestructura de datos nacional. Por un lado, afectó por igual a centros de datos designados “de contingencia” como a los principales. Por otro, dejó en claro que es imposible que exista independencia energética para esta clase de recintos, la que permitiría en un caso hipotético tener dos proveedores de electricidad y no perder uptime en caso que uno fallase, y así enfrentar de mejor manera situaciones como la ocurrida el domingo gracias a una falla en el Sistema Interconectado Central, la que dejó sin luz a todo el centro-sur del país. Y finalmente, reveló que existe una segregación de redes “mentirosa”: muchos clientes, cuyos enlaces de respaldo habían sido contratados a dos proveedores distintos, descubrieron que finalmente ambos habían subcontratado los servicios a una tercera empresa, que resultó ser la misma en cada caso.
Así resistieron los datacenter nacionales:
NetGlobalis y S&A: Sin problemas; los tres operadores de NetGlobails funcionaron con el generador eléctrico del datacenter tras el terremoto y no tuvieron caída alguna.
Adexus (Miraflores 383, piso 2): Funciona sin problemas ni interrupciones desde el día ”D” y posteriores.
NOC Telefónica Chile (San Martin 50): Sin problemas.
Entel: El datacenter y centro de operaciones principal de la ex empresa estatal están ubicados bajo la torre de 127 metros que coordina la comunicación entre los diversos puntos del país, y ambos respondieron sin problemas. Luego del terremoto de 1960 se tomaron las precauciones necesarias a nivel constructivo, las que fueron aplicadas en la construcción de la emblemática estructura.
Synapsis: No presentaron problema alguno, y aseguraron que tuvieron un uptime del 100%. Las maquinas no hicieron failover, ni se utilizaron los enlaces de contingencia o backup di
Denuncian colapso del sistema privado de comunicaciones
5/Marzo/2010
Observatorio / Según asociaciones de radios comunitarias, el terremoto ha desnudado una grave falencia en el sistema privado de comunicaciones, situación que pone de relieve el rol social y ciudadano de estas emisoras en situaciones de catástrofe . Por este motivo hacen también un llamado a la solidaridad internacional para la reconstrucción de la radiofonía de carácter comunitario y ciudadano y llaman a futuras autoridades a establecer políticas públicas para su fomento.
Lea a continuación la declaración pública de diversas organizaciones ciudadanas sobre este tema:
El fuerte terremoto y tsunami que asoló a Chile el pasado de 27 de febrero ha dejado hasta ahora un saldo de 802 muertos, cientos de desaparecidos y daños de incalculable magnitud en viviendas, hospitales, colegios e infraestructura vial, en particular en las regiones del Maule y de Bío Bío, que han sido declaradas zona de catástrofe. La totalidad de las regiones impactadas concentran los mayores índices de densidad poblacional, por lo que se calcula que cerca de un 80% de la población habría sido afectada por los movimientos telúricos.
La situación se ve agravada por la suspensión de vuelos nacionales e internacionales y de los servicios de transporte interurbano, así como por la ausencia de servicios básicos, como el agua y electricidad, que persiste hasta ahora en vastos sectores.
Esta catástrofe ha dejado en evidencia la falta de protocolos de emergencia y alertas eficientes que permitan minimizar pérdidas humanas y daños materiales en un país de carácter sísmico, como lo es Chile. También la lenta respuesta del estado para implementar en las zonas devastadas ayuda de primera necesidad, tales como comida y abrigo, así como para habilitar albergues y atención de urgencia.
El sismo ha puesto de manifiesto, a su vez, serios problemas de conectividad, de telefonía celular y de red fija, que afectan el normal funcionamiento de los medios de comunicación en un país de extensa geografía. En efecto, a cinco días del terremoto, el sistema privatizado de comunicaciones en Chile no ha dado respuesta a las necesidades informativas que se requieren para una emergencia como la que se vive en el país. Los medios locales, y en particular las radios comunitarias, han sido fuertemente afectadas por esta situación.
Desde el año 1922 la radio ha jugado un rol social fundamental y de construcción de identidad del país. Por eso hoy se requiere más que nunca una valoración de la labor insustituible que desarrollan los medios locales en situaciones de catástrofe como la que enfrenta Chile, donde diversas zonas han quedado destruidas y aisladas, siendo múltiples las radios comunitarias cuyas dependencias se encuentran en el suelo, sus equipos destruidos o con sus antenas caídas, sin poder transmitir y dar el servicio que requiere la comunidad.
Es por eso que hacemos un llamado a la solidaridad internacional, para apoyar la reconstrucción de las radios comunitarias en Chile; así mismo, demandamos al futuro gobierno que establezca políticas públicas para el fomento de la radiodifusión comunitaria como un eje central y estratégico de las comunicaciones del país.
María Pía Matta
Presidenta AMARC ALC
Natacha Gómez
La Radioneta / AMARC Chile
Perla Wilson
Radio Tierra / Corporación La Morada
Paulina Acevedo
Observatorio Ciudadano / Red de Medios de los Pueblos
Juan Enrique Ortega
Eco Comunicaciones
Raúl Rodríguez
Radio Juan Gómez Milla / Escuela de Periodismo Universidad de Chile
El Terremoto de la TV
3/Marzo/2010
Andrés Azócar / Periodista y director Escuela de Periodismo de la UDP / Después de dos días de cobertura periodística ya se habían levantado críticas al trabajo de la Televisión. El monstruoso terremoto sacó a la calle a todos los departamentos de prensa y pronto, luego que los saqueos se hicieron de la agenda informativa, comenzaron los dardos contra la TV, sus editores y también sus periodistas. Principalmente por el tono sensacionalistas que le daban a los saqueos y al drama de los damnificados.
Compartir en Facebook 0 No soy de los que respeten el lenguaje manipulador, efectista y liviano que habitualmente usa la TV chilena (asumiendo que todos los medios, incluida las redes sociales, tienen algo de esto), pero creo que en este caso se ha exagerado la crítica. Por el contrario, soy un convencido de que la cobertura (a pesar de algunos tintes de sensacionalismo y errores) ayudó a contextualizar la situación del sur del país. Dicho de otro modo, la real dimensión de la crisis fue descrita por los medios antes que por las autoridades.
La TV no sólo debió trabajar en zonas desvastadas y sin conocimiento de la real lo que sucedía en su entorno, sino que debió lidiar con hechos que se iban sucediendo rápidamente. Los saqueos eran la noticias de ese momento, lo editores no podían hacer otra cosas que mostrarlos. Seguro, hubo Estaciones que los repitieron en exceso, que alimentaron sus notas con música de terror y le agregaron entrevista efectista. Pero no era información nacida de la imaginación de los editores de los canales de TV, estaban sucediendo, no así muchas de las críticas que sólo imaginaban a periodistas sedientos de morbo y rating. Los dardos me recordaron a Ray Bradbury, quien calificaba a la TV de una manera similar: “esa bestia insidiosa, esa Medusa que convierte en piedra a mil millones de personas cada noche y las hace quedarse absortas, esa sirena que llama y canta y promete tanto y, al final, da tan poco”.
La crítica mayor fue que la transmisión televisiva era un detonante para mayores saqueos. Dejando de lado que la mayor parte de la gente que saqueaba en la VIII Región no tenía electricidad, es decir, no veía televisión, es posible que la TV haya tenido algún efecto multiplicador. A este fenómeno el profesor Edison Otero lo llama “Determinismo Medial” y es simplemente la idea de muchos que piensan que los medios de comunicación determinan (total o parcialmente) la realidad social. Pero tal como lo enfatiza Otero en su artículo, la evidencia aún no es concluyente. En general toda las experiencia para medir el efecto de la TV sobre las audiencias, como el The dynamics of riots, se hacen luego de sucedidos los hechos (no en tiempo real) y en situaciones de laboratorio que jamás logran siquiera imitar los escenarios reales, menos lo que genera una catástrofe. Pero más allá de eso, esos escenario jamás son similares entre sí. Katrina no es lo mismo que Puerto Príncipe y Puerto Príncipe no es lo mismo que Concepción. El tema da para un debate y un análisis mucho mayor. Hay mucha literatura, para todos los gustos, pero prefiero apegarme a las teorías que dicen que la TV ayuda a educar, colabora con la difusión de políticas públicas y agiliza las decisiones de los gobiernos…total, como decía Popper: una teoría que no se pueda refutar es un teoría débil.
Podemos sin duda exigir respeto, un trabajo serio y nada de efectismo… responsabilidad a nuestros canales de TV. Seguro, pero no dejemos de observar el contexto y la importancia que ha tenido la TV en esta catástrofe y en otras. Sin la TV nadie se hubiera enterado de lo que sucedía en el sitio a Sarajevo o la catástrofe de Darfur o incluso de la muerte de los Cisnes de cuello Negro en Valdivia. O que una ciudad como Concepción estaba en el caos y que Constitución estaba por los suelos. Sin la TV, quizás la lentitud del gobierno hubiera sido mayor no sabríamos del drama de miles de chilenos que, como todos sabes, no tiene cuenta en Twitter y probablemente ni siquiera saben que existe. Ahora, muchos dirán que fue la presión de las redes sociales o la repentina sensatez de los editores, que la TV haya comenzado a hacer un giro a la ayuda directa a la gente. Pero no es así, es el ritmo natural de los acontecimientos.
Convengamos que muchas de las críticas vinieron desde cómodos aposentos en el sector oriente de Santiago, en donde se hace más fácil teorizar y “enfrentar” la situación. Pero en la calle había gente que lo había perdido todo, que necesitaban visibilizar su drama, buscar apoyo, solidaridad frente a la ausencia de ayuda y el miedo. La teoría de la visibilidad de Thompson es clara en determinar que “los medios no son sólo instrumentos técnicos”, entonces seguir imaginándolos como un manual no sólo no parece razonable, sino desmedido.
Insisto, esto da para un debate mayor. Y habrá que diferenciar el trabajo de las estaciones de TV nacionales, pero pedirle a la TV que tome un rol que las instituciones del Estado olvidaron por un momento, es no entender cómo funciona esta industria. Porque sí, es una industria. Basta con revisar los diarios, los tuits de las radios, las propias radios para saber que la TV seguía la misma pauta de todos los medios. A la TV se le puede pedir responsabilidad, pero no que reemplace a las instituciones de gobierno con los mismos criterios que la autoridad.
El determinante rol de radio Bío-Bío en la emergencia
28/Febrero/2010
Ariel Lara / LUN / La hazaña radial de los Mosciatti / Mauro Mosciatti es uno de los miembros resonantes de un clan que, a punta de transmisiones en momentos clave, tiene a radio Bío-Bío como el canal que permite a Concepción mantenerse informado de todo. Las autoridades hablan ahí, los vecinos saben si sus tíos están vivos, las señoras piden remedios.
Por eso la galería Tomás Olivieri se convirtió en un verdadero centro de servicios. Ahí, en el tercer piso, están los estudios de la radio, la única que está transmitiendo en la zona. En las cortinas de la galería las personas dejan sus mensajes, sus solicitudes. Incluso la ciudadanía armó ahí una improvisada farmacia, donde lo que más pide la gente son ansiolíticos.
Mauro, conocido porque es el hombre de las proyecciones electorales cada vez que hay votaciones, dice en tono risueño que “ya basta con dos Mosciatti famosos, para qué otro”. Luego afirma que el asunto de los remedios se dio por efecto natural. “Lo hicimos porque la gente lo pedía”.
“La gente de Santiago no tiene idea lo que está pasando acá”, afirma sin aire recriminador. “Cuando la Presidenta dice que se va a dar la orden de abrir los supermercados, uno se pregunta qué van a abrir, si ya no queda nada. Acá hubo dos terremotos, el que botó los edificios y un segundo que es la barbarie social, el pillaje y todo eso”, agrega.
-¿Cómo califica el actuar de la autoridad?
-No diré que la autoridad no ha hecho nada, porque sería injusto. Pero ha hecho un cuarto de lo que debería. Mira, anoche en Coronel no había ni un solo militar.
-Cuente un poco de la radio.
-En la radio lo único que estamos tratando de hacer es trabajar no más, tratar de calmar a la gente que está muy asustada. Esto es parte de nuestro trabajo, pero ojalá esto nunca hubiera ocurrido.
-Hay desabastecimiento acá. ¿Qué podemos hacer?
-En toda la región hay petróleo en los servicentros, pero como se cortó la luz no se puede bombear. ¿El Estado de Chile no tiene cuatro motobombas? La gente acá tiene mucha rabia.
“Acá hubo dos terremotos, el que botó los edificios y un segundo que es la barbarie social”
El terremoto hipócrita
27/Febrero/2010
Rafael Gumucio / Letras Libres / En Chile lo llaman el terremoto hipócrita. Y ciertamente un visitante distraído puede pasear por el centro de Santiago y sus zonas residenciales de clase media y alta sin notar apenas que aquí tembló la tierra como pocas veces lo ha hecho en la historia de los registros sismográficos. Años de entrenamientos, varios terremotos importantes anteriores y un desarrollo innegable nos hicieron creer a los chilenos que este sería una catástrofe casi sin victimas, un desastre natural que se saltaría del todo el factor humano. Como muchas, como demasiadas cosas en Chile, el desastre es sutil y muchas veces invisible pero esta ahí, agazapado en nuestra ansia de ser y parecer normales, es decir de primer mundo.
Es justamente su invisibilidad el mayor peligro que encierra este desastre a la chilena. Así, muchos de los edificios que conservan sus fachadas intactas abrigan dentro grandes grietas que los hacen inutilizables. Lo mismo se puede decir del país en general: la fachada ha quedado más o menos intacta, la estructura no se ha desmoronado, pero muchas de las grietas ocultas del país se han hecho más profundas e inevitables ahora.
Vivir, como me tocó hacerlo, las secuelas de los dos más importantes terremotos de lo que va del siglo es recorrer la amplitud de un arco. Si en Haití todo es imagen, evidencia, horror, asombro, en Chile todo es sutileza, rumores, cifras y paradojas. Si en Haití, donde me toco ver familias enteras espantando las moscas lejos de los muñones de sus familiares, el horror hizo lo posible para mostrarse en toda su magnitud desde el primer día, en Chile todo ha sido extrañamente lento, oculto, tanto que cuesta a veces recordar la magnitud del desastre. Si en Haití todo lo antiguo cayó para siempre en el primer segundo del terremoto, en Chile es justamente lo nuevo, los edificios para la clase media ascendente, el aeropuerto y su orgullosa decoración que quería ser moderna e internacional, las carreteras recién inauguradas, lo primero en caer.
Los contrastes se multiplican en todos los aspectos de ambos terremotos. Si en Haití fue la capital la que quedó devastada, en Chile es justamente la provincia, la olvidada provincia donde el desarrollo apenas ha permeado la población, la que sufre sin ser capaz aún de contar sus muertos. Si los supermercados de Puerto Príncipe fueron verdaderas trampas mortales, los de Concepción son hoy el objeto de extraños saqueos donde los ladrones se llevan televisores y comida mostrando a la cámara que los enfoca que tienen el dinero en sus manos para pagar lo que se llevan pero no encuentran quién se los venda.
Chile no es Haití, pero tampoco es Suecia o Suiza como quisiera creer. Esta entre medio, en un purgatorio particular donde las estructuras resisten pero los adornos caen peligrosamente, en el que las fachadas quedan en pie pero los muros interiores dejan aparecer grietas profundas. En Chile hay regiones enteras olvidadas a las que nunca se les dio ni hospital ni carretera pero también edificios nuevos que prometen el mismo estilo de vida de la clase alta con materiales de segunda categoría. Como sucede con los ingresos y los impuestos, el miedo, la paranoia y el hambre no son moneda corriente a la hora del desastre, pero están innegablemente mal repartidos. Mientras gran parte de Santiago recupera ya la luz, el agua y sus casas medianamente intactas, muchos de los que intentaron replicar ese estilo de vida ven encarnada en sus casas la profunda desprotección en que viven. Desabrigados en edificios que tienen la apariencia del lujo, viviendo demasiado lejos de donde se toman las decisiones, el terremoto les ha recordado no sólo la fragilidad de nuestra vida, sino la particular fragilidad del llamado “milagro chileno”.
Reflexión sobre poder estatal y amenazas a la libertad de expresión en Latinoamérica.
24/Enero/2010
Observatorio de Medios / Las noticias aparecidas en estos días con respecto al cierre de algunos canales en Venezuela por incumplimiento de la ley de cableoperadores y el informe de Human Rights Watcher sobre la Ley de Medios Argentina (ver notas en este sitio), seguramente servirán para que ciertos sectores adviertan en cualquier forma de regulación de los medios de comunicación social una eventual amenaza para la libertad de expresión.
La polémica se produce justo cuando en Chile la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados ha aprobando, en primera instancia, la ley que regirá las nuevas concesiones de TV digital. Esta normativa, una vez que cumpla su trámite en la Sala de la Cámara baja y posteriormente en el Senado, establecerá las bases de un modelo de concesiones por muchos años en el país. De acuerdo al seguimiento que el Observatorio ha podido hacer al trámite legislativo, parecen insuficientes e inaceptables algunas de las disposiciones aprobadas y, por lo tanto, estima urgente informar a los parlamentarios sobre el alcance de dichas indicaciones. En la actual coyuntura es preciso aclarar, también, que, incluso si se aprobaran en su totalidad las propuestas del Observatorio para la nueva ley de concesiones, el proyecto no representa de ninguna manera una amenaza para la libertad de expresión.
Dado lo anterior, nos preocupa que las legítimas y necesarias polémicas que las legislaciones de Venezuela y Argentina puedan suscitar, pongan en riesgo las propuestas discutidas en nuestro Parlamento que debieran permitir un acceso igualitario a la TV en nuestro país superando las barreras de entrada y garantizando una oferta diversa y plural en la TV abierta.
Creemos que Chile requiere de un Estado que actúe para hacer del medio de mayor influencia un instrumento de conocimientos, información y entretención, que no esté dominado exclusivamente por grandes intereses económicos.
Es importante señalar que la situación de cada país es particular y que los conflictos en torno a la regulación mediática en otros países latinoamericanos no ponen en cuestión la necesaria intervención del Estado en la política de medios, sino las formas que esta adopta de acuerdo a cada realidad. Considerando que en Chile existe una democracia estable y equilibrada, no creemos que deba existir ninguna preocupación en este plano.
Los últimos acontecimientos señalados, lejos de poner en entredicho las argumentaciones que el Observatorio ha esgrimido para exigir el perfeccionamiento de los proyectos de ley en trámite en el Parlamento, nos llevan a reafirmarlas, haciendo presente las siguientes consideraciones y matices:
a) El Observatorio estima que es necesario generar espacios en la televisión abierta para las campañas de interés público y aboga, en este aspecto, por la difusión de un mensaje único y centralizado. Sin embargo, creemos que estos mensajes no pueden ser el fruto del capricho de la autoridad del momento, sino de la reflexión de un órgano independiente que analiza las propuestas de la autoridad pública y las canaliza hacia las estaciones de televisión.
b) El Observatorio exige que los procesos de asignación de concesiones televisiones sean transparentes y que se consideren elementos programáticos, y no sólo técnicos, que permitan asegurar el pluralismo informativo. Por tanto, manifestamos un enérgico rechazo a cualquier sistema de asignación que busque perpetuar el status quo de los actuales operadores. Una legislación hecha a la medida de los intereses de los concesionarios pierde legitimidad por no considerar las necesidades superiores del país en materia de libertad de expresión y derecho a la información.
c) Reafirmamos que el espectro radioeléctrico es un bien público y nacional que debe ser tratado y asignado en base a criterios de bien común y servir como espacio para la concreción de la libertad de expresión y el derecho a la información. Son estas finalidades superiores las que deben inspirar todo el modelo regulatorio, ya que las meras consideraciones de eficiencia tecnológica no son suficientes para concebir la televisión que queremos para los próximos veinte años.
d) A nuestro juicio la regulación debe crear las condiciones para garantizar que la televisión sea de verdad un servicio público a la ciudadanía y que contribuya al perfeccionamiento de la democracia. El desafío para nuestro país es construir un marco jurídico que permita alcanzar los objetivos y la misión de servicio público de la televisión con el adecuado resguardo a la libertad de expresión.
Que quede claro: regular no es sinónimo de censurar.
El complejo escenario informativo que se viene
24/Enero/2010
José Morgado / La Nación Domingo / La coalición política que gobernará los próximos cuatro años, además del poder político y el poder económico, tendrá el control mediático. A la línea editorial de derecha o centroderecha que tienen los diarios del duopolio Copesa-El Mercurio y los canales de televisión privada se podrían sumar “La Nación”, por su incierto futuro, y TVN, por el nuevo presidente del directorio que Piñera, que aún tiene Chilevisión, debe elegir.
Había pasado inadvertido. Ninguno de los candidatos le dio mucha importancia en sus respectivas campañas y, salvo el arrebato de Sebastián Piñera al decir que cerraría La Nación, del futuro de los medios de comunicación no se había hablado mucho.
Actualmente, en prensa escrita existen dos grandes consorcios periodísticos: El Mercurio S.A. y Copesa. Según un estudio del Observatorio de Medios Fucatel, en 2005, ambos controlaban más del 90% de los medios escritos y recibían el 77% del avisaje estatal. Esta situación, que hace compleja la entrada de nuevos medios por la falta de aporte económico vía publicidad pública, tiene otra particular característica: la homogénea línea editorial.
María Olivia Mönckeberg, autora de “Los magnates de la prensa” y docente de la Universidad de Chile, explica a LND que “la magnitud de la concentración existente en Chile de los medios de comunicación es paradigmática”, asegurando, además, que “no es una concentración cualquiera, es una concentración en manos de la derecha, en manos de grupos financieros económicos”.
Esta situación de monopolio ideológico, según lo explican Esteban Geoffrey y Guillermo Sunkel en el libro “Concentración económica de los medios de comunicación”, se debe a que el empresario chileno es “ideológicamente homogéneo, educado en una matriz económica neoliberal y en un conservadurismo moral”. Los autores concluyen que este modelo de empresario no sólo se ve en los dueños de los diarios (excelentemente retratados en “Los magnates de la prensa”), sino que también en los avisadores, los que en general prefieren a los medios afines a su ideología para promover sus productos.
Según Marcelo Contreras, presidente del Observatorio de Medios Fucatel, cabe preguntarse: “¿Hasta qué punto los medios de comunicación que apoyaron la campaña de Sebastián Piñera van a ser condicionales en su gobierno, negándose al rol esencial que la prensa debe cumplir en democracia, que es fiscalizar a las autoridades e informar de forma amplia, veraz y oportuna sobre los hechos?”. La pregunta tiene gran importancia, sobre todo si analizamos el futuro que podrían llegar a tener algunos de los pocos medios de comunicación que hasta ahora han tenido una línea editorial distinta a la del denominado duopolio Mercurio-Copesa, como TVN o La Nación. Contreras es tajante en explicar que el panorama tendrá un vuelco a la derecha, básicamente “porque ellos (la derecha) controlan todos los canales comerciales privados y ahora van a tener un mayor control del canal estatal (TVN) al designar al presidente de su directorio”. En el caso de este medio escrito, el presidente de Fucatel recuerda que Piñera amenazó con cerrarlo y que, además, “existe la posibilidad de que se transforme en su diario de gobierno”, tal como en los tiempos de Pinochet, cuando La Nación difundía los quehaceres del régimen.
Uno de los primeros síntomas de preocupación sobre la pluralidad informativa fue la exigencia, por parte de Sebastián Piñera, de pautear que nadie le consultara sobre sus empresas recién electo Presidente. El hecho de que Iván Núñez se haya negado a hacer una entrevista condicionada generó buenos comentarios de él como periodista, pero reveló otro problema más de fondo: la sumisión. Según el presidente de Fucatel, “Iván Núñez fue muy digno y profesional por negarse a hacer una conferencia pauteada, pero también llama la atención que los demás canales hayan aceptado (…) habla muy mal de ellos”. Si a esta situación se suma que “el pauteo” vino desde el hombre que ejercerá la presidencia en un par de meses, y que además aún tiene el control de Chilevisión, que tampoco planea vender (dijo que lo dejaría en manos de una fundación), la situación se ve compleja.
Mönckeberg, Premio Nacional de Periodismo 2009, añade que en este panorama de monopolio informativo, donde el candidato no sólo tiene la simpatía de medios como La Tercera y El Mercurio, sino que es dueño de su propio canal de televisión “a Sebastián Piñera le basta y le sobra”, aclarando que “todos sabemos que las fundaciones son identidades que serán de él mismo. Y que va a haber gente de sus socios no me cabe duda”.
Más allá de la privilegiada situación mediática del futuro Presidente de Chile, la derecha está en un momento de control total comparable con la época del gobierno militar: “Estamos frente a un cerco que afecta a la libertad de expresión. Si eso era grave en los gobiernos de la Concertación, creo que hoy día es mucho más complejo. La misma gente que controla los medios de comunicación es la que controla el poder económico y político al estar un Presidente que los representa en La Moneda”, sentencia Mönckeberg.
Los dueños de los medios escritos más influyentes en nuestro país, La Tercera y El Mercurio, tuvieron un rol activo en la dictadura. Según María Olivia Mönckeberg, que ha estudiado minuciosamente a estos personajes, “Álvaro Saieh (dueño de La Tercera y La Cuarta, entre otros medios) es un economista que fue asesor de Pinochet y fue de los que aconsejaba la privatización de las empresas estatales en tiempos de dictadura”.
Por otro lado, y mucho más conocido, está el papel que desempeñó El Mercurio en la misma época. “Si El Mercurio no hubiera existido, los Chicago Boys lo hubieran tenido que inventar porque necesitaban un medio para transmitir la ideología neoliberal”, explica Mönckeberg.
Tal es la cercanía de la derecha política con “el decano”, que el propio fundador de la UDI, Jaime Guzmán, llegó a declarar en 1980 al diario de Agustín Edwards: “Coincido totalmente con los editoriales de El Mercurio en todas las materias en las que tengo opinión formada; en las que no tengo opinión propia, adopto la de El Mercurio”. Esta cita, rescatada por Ken Dermota en su libro “Chile inédito”, muestra el poder e influencia de este medio en ese sector político y en la sociedad chilena en general.
Hay que asumir que la poca diversidad en los medios no es algo que sólo esté relacionado con la dictadura, pues desde la vuelta de la democracia no ha existido una política importante respecto al tema. Según Faride Zerán, Premio Nacional de Periodismo 2007 y directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, el problema se debe a que “los cuatro gobiernos concertacionistas no hicieron nada durante 20 años para fomentar el pluralismo, la diversidad y la existencia de medios independientes al duopolio”.
El director de Fucatel aclara que “existió una coalición que gobernó por 20 años y que no tuvo representación de un medio de comunicación a nivel de la prensa escrita o la televisión”. Si bien La Nación, con 70% de acciones a cargo del Estado, podría ser considerado (hasta ahora) como una contraparte al duopolio, las diferencias en la cantidad de circulación hacen que sea una competencia absolutamente desigual (ver recuadro).
Zerán, que conoció de cerca la situación con el cierre de la revista Rocinante, explica que “el tema de los medios en Chile es serio, su alto grado de concentración económica e ideológica atenta contra nuestra fortaleza democrática, y debe ser enfrentado con visión de país a través de políticas públicas que fomenten la libertad de expresión”.
LOS DESAFÍOS
Ante el condicionado panorama mediático que se prevé, la necesidad de crear un nuevo medio de comunicación que pueda realmente fiscalizar al gobierno y sea la voz de la población que tiene una ideología política contraria a la nueva coalición gobernante aumenta. Sin embargo, no es una tarea fácil. Si en dictadura pudieron subsistir medios de comunicación, no era sólo por el gran coraje que tenían los periodistas (que fue fundamental), sino que también era porque desde el extranjero llegaba dinero destinado a financiar “la causa”. Al ir desapareciendo progresivamente ese capital, y bajo la desprotección del Estado, una a una fueron desapareciendo emblemáticas publicaciones como APSI, Análisis o La Época. Siguiendo esa lógica, Loreto Rebolledo, periodista y doctora en Antropología explicó a LND que se hace muy complejo que hoy en día nazcan medios como los anteriormente citados porque ya no llega plata desde el extranjero y el costo de mantener un medio de comunicación es muy alto. María Olivia Mönckeberg, por su parte, cree que esta situación, que ella califica como “preocupante”, puede tener su lado positivo: “A lo mejor hay que hacer un remezón para que por fin surjan medios que no sean de derecha, medios sustentables que no sean de derecha. Esa es una visión optimista, pero que no se puede descartar”.
Dentro de esta búsqueda de crear un medio con las nuevas tecnologías está Gabriel Jara, creador del sitio www.piñeramiente.cl. Como el nombre es bastante sugerente, desde Nick Chile (empresa que vende los dominios) le llegó un mail que decía que el propio Sebastián Piñera quería quedarse con el sitio. La situación, que será llevada a arbitraje el 1 de marzo, no apaciguó las ganas de Jara por crear un nuevo medio de comunicación dedicado a hacer oposición al gobierno. La idea, que surgió luego del éxito de su página, que según el autor “logró demostrar que Piñera es un mentiroso”, en primera instancia funcionará con los aportes de los propios lectores, pero la idea a futuro es tener un propio staff de periodistas dedicados al tema.
Concentración de medios
Agustín Edwards Eastman es el dueño de la empresa El Mercurio S.A., que controla los siguientes medios: El Mercurio, Las Últimas Noticias, La Segunda y otros 20 medios regionales, dentro de los que destaca La Estrella (con distintos apellidos por región).
Según datos del Observatorio de Medios Fucatel, este consorcio recibe el 48% de la publicidad estatal. El diario más importante, El Mercurio, de lunes a viernes tiene un tiraje promedio de 153.468 ejemplares. La cifra crece considerablemente el domingo, donde la cantidad de diarios sube a 253.649 (Datos extraídos de “Los magnates de la prensa”).
Álvaro Saieh Bendeck es accionista mayoritario del Consorcio Periodístico S.A. (Copesa), que agrupa a los siguientes medios: La Tercera, La Cuarta, La Hora, revista Qué Pasa, revista Paula, Icarito, Radio Carolina, Radio Duna, Beethoven, Radio Zero y Paula FM. Según Fucatel, este consorcio recibe el 29% del avisaje estatal. Su diario más emblemático, La Tercera, tiene un tiraje promedio semanal de 83.378 ejemplares por día. La cifra asciende a más de 200 mil el domingo (datos extraídos de “Los magnates de la prensa”).
Estas cifras contrastan con la circulación del semanario The Clinic, que tiene una circulación neta de 20.775 ejemplares, o el diario La Nación que tiene un tiraje promedio semanal de 14.000 ejemplares por día. La Nación Domingo tiene un tiraje de 28.292.


















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