Seis presidenciables exigen cambios a los debates en TV

debate-presidencialPamela Aravena Bolívar  / El Mercurio / Piden enfrentamientos directos, aceptar preguntas del público y dar más poder a los medios. “Las condiciones las pone el candidato que va ganando”. Así resumió el dos veces candidato a la presidencia de Chile, Joaquín Lavín, la forma en que se hacen los debates presidenciales en Chile.Esta semana Eduardo Frei le dio la razón. El candidato DC, que ya cuenta con el respaldo del Partido Socialista y el PPD, se negó tajantemente a que el debate de las primarias ante su oponente de la Concertación, el radical José Antonio Gómez, fuera transmitido a todo el país.

“Nosotros no pusimos condiciones. Lo único que queríamos era un debate lo más amplio posible, que se transmitiera, ojalá, a nivel nacional, con libertad absoluta de los canales para elegir sus periodistas y preguntas”, explica Gómez.

Sin embargo, contra la opinión del comando radical, sólo los electores de las regiones VI y VII podrán conocer las posturas de ambos candidatos.

El tema abrió otra vez la discusión. A pesar de que Chile tiene una amplia cultura de debates presidenciales -desde que en 1989 se enfrentaron Patricio Aylwin y Hernán Büchi- nunca se ha legislado en torno al tema y en cada elección presidencial, las preguntas se repiten: ¿Habrá debates? ¿Cuántos? ¿Participarán todos o sólo algunos candidatos? ¿Se permitirán enfrentamientos directos entre los contendores? ¿Quién pondrá las reglas?

Bernardo Donoso -moderador de los debates de 1993 entre Eduardo Frei y Arturo Alessandri, y de 1999 entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín- afirma que “legislar sería imponer reglas forzadas, y este tipo de temas no se puede forzar”.

Sin embargo, no todos están de acuerdo. De partida, tres de los candidatos o precandidatos presidenciales consideran imperioso regular el tema (ver recuadro).

La experiencia internacional

A nivel internacional, lo normal es que no exista o que sea mínima su regulación.

Estados Unidos es el país con mayor cantidad de normas electorales, administradas por la Comisión Federal de Elecciones. En ellas se explicita que los debates pueden ser organizados por una ONG sin fines de lucro y que no apoye ni se oponga a algún candidato o partido (en este caso, la Comisión para los Debates Presidenciales). Los medios de comunicación también pueden hacerlo, siempre que no sean de propiedad o estén controlados por un partido político o candidato.

En 2007 México aprobó el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, donde se establece que deben realizarse dos debates entre todos los candidatos. Éstos deben ser transmitidos en vivo por las radios y canales de televisión públicos, señales a las que pueden “colgarse” gratuitamente los concesionarios privados de televisión.

En Colombia, en cambio, se cauteló el derecho de los candidatos a dar a conocer sus planteamientos antes que el de los electores a estar informados. Así, si hay segunda vuelta, los presidenciables, a petición conjunta, tienen derecho a realizar dos debates, con las reglas y sobre los temas que ellos señalen.

Varios otros países desarrollados no se han molestado en legislar. En Francia, por ejemplo, sólo se explicita que, de realizarse un debate, los presidenciables deben tener igualdad de tiempo.

Extrañamente, en el Reino Unido los políticos se han negado constantemente a medirse. Así, los británicos sólo pueden contentarse con sintonizar en la BBC el popular programa “Question time”, donde los candidatos comparecen, pero individualmente.

Aquí en Chile, invitamos a los candidatos y precandidatos presidenciales a opinar sobre el tema. Sebastián Piñera, José Antonio Gómez, Tomás Hirsch, Adolfo Zaldívar, Alejandro Navarro y Jorge Arrate respondieron. En el comando de Eduardo Frei afirman que aún no es tiempo para discutir. Sin embargo, el propio candidato asegura: “En las campañas tienen que haber debates y estoy dispuesto”. Respecto de cambiar los formatos, afirma que “para eso hay equipos especialistas que discutirán las fórmulas”.

Los candidatos opinan

¿Debería legislarse sobre el tema? ¿Qué aspectos debería considerar dicha legislación?

PIÑERA: No me parece que sea necesario. No todas las cosas se resuelven con una ley. Creo que hacer debates amplios, interesantes y útiles tiene que ver más con nuestra madurez democrática que con una ley.

ZALDÍVAR: No. Sólo debe hacerse una exigencia moral a los medios para que cumplan su papel de informar en forma plural, democrática y profesional. Sólo hay que evitar que sean objeto de presiones desde el oficialismo o los poderes fácticos.

GÓMEZ: No. Debe ser un acto voluntario.

ARRATE: Hay que hacer más democrático el sistema político en general. Soy partidario de legislar en muchos ámbitos: partidos, pluralismo en los medios, encuestas y eventualmente en éste también, para garantizar a todas las opciones un espacio en la TV.

NAVARRO: Creo que no es un tema prioritario hoy en día, no obstante se podría avanzar en la materia, tal como existe hoy la franja televisiva. Esto permitiría regular y transparentar su organización y desarrollo.

HIRSCH: Sí. La legislación debería contemplar que el derecho a estar informados es de los electores y no de los candidatos.

¿Cuántos debates presidenciales televisados deberían realizarse?

PIÑERA: Una campaña presidencial debe considerar dos o tres debates.

GÓMEZ: Depende mucho de las condiciones: un par de debates abiertos, me parece bien. En la segunda vuelta debería haber uno más.

ZALDÍVAR: A lo menos, dos nacionales y uno por macrorregiones. Luego, uno nacional para la segunda vuelta.

ARRATE: Al menos uno por región y dos nacionales.

NAVARRO: Al menos tres nacionales. También deberían incorporarse debates regionales.

HIRSCH: Tres.

¿Qué cambios propondría a los formatos que conocemos hasta ahora?

PIÑERA: Me parece bueno todo lo que permita conocer al candidato y su pensamiento: preguntas de público, repreguntas y contrapreguntas, etcétera.

GÓMEZ: Debe haber preguntas del público.

ZALDÍVAR: El formato debieran fijarlo los canales sólo velando por el pluralismo, la calidad del debate y que éste sea realmente una confrontación de ideas entre los candidatos.

ARRATE: Incorporaría preguntas del público y me gustaría que los candidatos puedan debatir directamente con sus contendores.

NAVARRO: Valoro incorporar preguntas de organizaciones sociales, sindicales, ciudadanas, empresarios, microempresarios, académicos, religiosos, etc. Además, debe haber un espacio de preguntas y contrapreguntas entre los contendores.

HIRSCH: Incorporaría preguntas del público. Permitiría el debate entre los candidatos, no impondría tiempo fijo por cada pregunta, sino que tiempo general asignado.

¿Debería quitársele a los comandos tanta injerencia en la definición de los formatos?

PIÑERA: Como casi todas las cosas en la vida, el mejor resultado se consigue mediante la conversación y no a través de la imposición. Los canales de televisión y los comandos presidenciales deben trabajar juntos para concordar en la mejor fórmula.

GÓMEZ: No. Es importante que existan personas del comando que participen en las conversaciones.

ZALDÍVAR: Los canales deben organizarlos, resguardando que lo hagan con total imparcialidad y buen criterio. En esta ocasión, por eso mismo, debiera marginarse de la organización a Chilevisión si Piñera es en definitiva el candidato de la Alianza.

ARRATE: El objetivo de los debates presidenciales es entregar información, para intentar un voto informado. Es la sociedad organizada la que debiera poner condiciones a los postulantes, no ellos a los canales.

NAVARRO: El formato y estructura deben otorgar garantías homogéneas a todos, y no pueden quedar a merced de un determinado comando.

HIRSCH: Eso pasa porque acá los medios se “entregan” a los dictámenes de los que tienen el poder político o económico.

A su juicio, ¿deben participar todos los candidatos o quienes obtengan un porcentaje mínimo en las encuestas?

PIÑERA: Creo razonable considerar que los candidatos que se inviten a un debate tengan un mínimo de representatividad. Esta opinión no tiene que ver con el ánimo de excluir a nadie, sino que con la intención de dar a la ciudadanía una oportunidad más amplia de conocer a aquellos candidatos con mayor probabilidad de triunfo.

GÓMEZ: Difícil pregunta. Si hay diez candidatos es un poco complejo. Pero yo, que he sido parte de la discriminación en este proceso, en principio pienso que lo razonable es que participen todos.

ZALDÍVAR: Las encuestas en Chile dejan demasiado que desear; no son instrumentos en los cuales se deban depositar las definiciones de nuestros procesos democráticos.

ARRATE: Todos los candidatos.

NAVARRO: Creo en la inclusión. Las minorías y mayorías deben tener espacios garantizados en un sistema democrático.

HIRSCH: Todos. A mí me impidieron participar en el debate de la campaña del 1999.

Enfrentamientos con historia e histeria

La barba de Nixon

S. Oyarce y G. Villavicencio

Richard Nixon llegaba con ventaja sobre John F. Kennedy al primer debate de la televisión estadounidense de 1960. Pero venía saliendo del hospital, por lo que lucía desganado; además, no se afeitó y no quiso maquillaje. Kennedy, en cambio, preparó el foro como si fuera su gran oportunidad.

La particularidad radica en que quienes vieron el debate por televisión dieron por ganador a Kennedy, y aquellos que lo siguieron por radio, a Nixon. La TV triunfó y Kennedy salió electo.

El “Ojo” de la polémica

Alberto Fujimori y el escritor Mario Vargas Llosa se enfrentaron en 1990. Era el primer debate presidencial transmitido por la televisión peruana. El ambiente ya estaba caldeado y se puso ardiente cuando Fujimori sacó, entre sus papeles, la portada del diario “Ojo” del día siguiente, que rezaba con el título “Mario Presidente noqueó a Fujimori en primer round”. Nadie entendía nada. Finalmente, trascendió que Fujimori habría inventado esa portada.

El sandwich de Ollanta

Cuando en 2006 el moderador dio comienzo al debate entre Alan García y Ollanta Humala, sabía que algo no andaba bien, pero siguió adelante. La testera de Humala estaba vacía. El candidato no había llegado y todo Perú lo veía por televisión. Quince minutos después apareció Ollanta, excusándose de que unos adherentes lo habían retrasado. Pero luego trascendió otra razón: “Los sándwiches en el Bar Queirolo son sabrosos, pero no hay que hacer esperar al pueblo peruano quince minutos por un sandwich”, le recriminó Alan García.

El “torpedo” de Bachelet

En Chile no nos destacamos precisamente por lo confrontacional de los debates, sin embargo las primarias de la Concertación de 2005 entre Michelle Bachelet y Soledad Alvear quedaron marcadas por la acusación de la candidata DC de que su contendora tenía un “torpedo” en su testera. “Niego enfáticamente ese infundio”, diría después la actual Presidenta. La estrategia ofensiva de Alvear sacó más críticas que otra cosa, lo que habría perjudicado su candidatura.