Series de televisión: enojo por los estereotipos.

Daniela Sol Gutiérrez.

Hace ya tres semanas que cada domingo Canal 13 presenta la serie “Soltera otra vez”, la cual repite la fórmula de producciones extranjeras como «Sex and the City», «Bridget Jones», o la argentina «Cita a ciegas». La serie, al igual que sus hermanas extrangeras, relata la historia de una mujer de 35 años que, tras ser abandonada después de 8 años de noviazgo, vuelve a “las pistas” de soltera.

Desde los primeros minutos al aire, la serie tuvo alto impacto en las redes sociales y altos niveles de sintonía. Y no es de extrañar. Efectivamente había un nicho dramático que explotar: mujeres de más de 30 años, con trabajo que no les gusta, solteras, y que (algunas) buscan novio. Son muchas las revistas, películas y libros de autoayuda que abordan estos temas y siempre con mucho éxito,  y en Chile, irrumpió en los medios de comunicación masivos con esta serie.

Pero el éxito y la audiencia nunca ha sido sinónimo de aceptación general. Cada día,  mujeres y hombres manifiestan en sus blogs y medios personales lo denigrante del estereotipo femenino de la mujer soltera a los 30 años que esta serie refleja. Y si, efectivamente se retrata un tipo de mujer que en ningún caso sería la heroína moderna: es dependiente, influenciable, mediocre laboralmente e incapaz de retomar su vida luego de un abandono amoroso. Y es verdad: a ratos el personaje principal es patético y siempre torpe. En lo personal,  no veo en ello un afán de denigrar “lo femenino”, sino que un recurso de caracterización extrema del personaje principal,   muy típico y recurrente en las series de televisión gringas estilo Sitcom, pero eso no significa que la molestia de parte de muchos no exista.

Creo que la crítica apunta a la representación social que se hace de la mujer, por medio de estereotipos. Y efectivamente, la molestia por los estereotipos es algo que generalmente se produce y reproduce en la televisión chilena.

Recuerdo haberme molestado con la caracterización de “los personajes populares” en las teleseries de los noventa, donde abundaban las palabras mal pronunciadas, las ropas de mal gusto, la falta de cultura: personajes  siempre  relegados a roles secundarios, en contraposición con los personajes adinerados que junto con verse y escucharse mejor, eran los protagonistas de las teleseries. También me molesta el humor de ciertos programas de televisión como el emblemático caso de “Morandé con compañía” de Mega, donde el “patrón de fundo” (Kike Morandé) hace y deshace a su pinta, denigra a sus compañeros de trabajo (mujeres con poca ropa u hombres feos), se ríe de todos, no deja que se rían de él, y peor aún, al final del día paga sueldos miserables. Y finalmente lo que más me molesta: la infantilización que sufren de parte de periodistas de matinales y programas misceláneos, personas comunes y corrientes que pasan por la calle, presentadas y caracterizadas como “humildes” o “trabajadoras”, a los que se les hablan como si su capacidad de comprensión fuera la de un niño de 5 años, haciendo muecas y poniendo voces lamentables.

Me parece bien que como espectadores nos molestemos ante los estereotipos presentados en la televisión, pues esta molestia, creo, responde a que como ciudadanos esperamos una cierta relación e identificación de la televisión chilena con nuestra realidad nacional, y no la imposición de estereotipos forzados y decididos por un editor general o por lo que indique la moda. De cierta manera, me parece que el enojo expresa un entendimiento implícito de la relevancia que tiene la  televisión en la representación de la realidad nacional, la cual reclamamos y exigimos cuando la TVmuestra  lugares comunes y clichés que poco y nada tienen que ver con quienes estamos detrás de la pantalla.

Es cosa de observar las producciones nacionales. Hoy, por ejemplo, asistimos a la moda de las polaridades. Junto con el reality de Canal 13 “Mundos opuestos”, las teleseries “Dama y obrero” y “Pobre Rico” de TVN recurren a la fórmula de contraponer mundos sociales. En el Chile de hoy, en el que la desigualdad y desintegración social son fenómenos sociales  preocupantes, la televisión los expone de manera liviana y sin mucha reflexión. No se trata que la televisión reflexiones y haga conlusiones por nosotros,  pero sí entiendo la molestia que puede nacer en cierto grupo reflejado (o estereotipado) en estas oposiciones, y la constante invisibilización de la televisión ante los problemas reales que  conllevan estas situaciones. Los problemas y las causas de la desintegración social ¿Dónde están reflejadas en la televisón? Me atrevería a decir que la televisión ha contribuído de manera preocupante con la naturalizar de todas las realidades que presenta, y con ello, se ha marginado del debate político y social que tan fuertemente se desarolla en otros medios como Internet.

Todo lo anterior decanta finalmente en la responsabilidad de la televisión con su comunidad. No estamos hablando de producciones extranjeras sino que producciones chilenas, y nosotros como representados debemos y podemos demandar contenidos, calidad, pluralidad y diversidad, porque la televisión al mismo tiempo que nos entretiene e informa, nos conecta y refleja, y no es justo que favorezca a unos, y estereotipe y desfavorezca a otros.  Los alcances sociales de los estereotipos que se hacen en televisión pueden afectar la vida diaria de cada uno de nosotros, y atentar o promover reivindicaciones de distintos tipos como, por ejemplo, las de género, para muchos denigrado por el personaje principal de “Soltera otra vez”.