“Sin Anestesia”: Para todo hay receta

aravenaFrancisco Aravena / Wiken / Tenía que pasar. Tradicionalmente las series sobre médicos (con eso de “¡también son personas con sentimientos!”) han sido exitosas. La médicamente rigurosa “ER” y la inverosímil pero entretenida “Doctor House” son los últimos casos. Pero la serie con moral de teleserie “Grey’s Anatomy” dejó la pelota dando botes. Alguien iba, tarde o temprano, a hacerla aterrizar en el campo clínico de las teleseries chilenas. Es probablemente parte del proceso, pero en ese camino en que la ficción en televisión chilena copia cosas de una serie o película extranjera hasta que se transforma derechamente en un cliché o una fórmula estándar, es difícil evitar un ataque de vergüenza ajena que causa dolor abdominal agudo. Desde la intimidad de ascensor (un cliché por sí solo, pero llevado a un nuevo nivel en la serie gringa) hasta el coro de internos compartiendo, pelando, enamorándose y hasta viviendo juntos, pasando por la situación “odio a mi padre pero ahora me lo encuentro en el box de urgencia”, esta teleserie toma muchos delantales prestados de “Grey’s Anatomy”. Es dudoso que sea un problema de salud pública -considerando el 34% de la penetración del cable en Chile-, pero es un detalle a considerar en las próximas semanas de evolución.

El conflicto central pasa por una historia de venganza: Pepe Quiñones (un gordo barbón) era un interno cuando un error médico del que culpa a quien era su jefe, Alfonso Valenzuela (Héctor Noguera), terminó con la muerte de su hermana y su autoexilio, cargando con la culpa. Diez años más tarde regresa flaco (Néstor Cantillana), usando el nombre de un colega muerto para colarse en el hospital y en la vida de Valenzuela, con el propósito de vengarse. Enamorar a la hija del villano, Antonia (Ángela Prieto), es parte central de su plan, pero ¿será que se está enamorando de verdad? ¡Oh! De fondo, conflictos adaptados de la realidad -el episodio “Wena Naty” acá es “Grande Brenda”-, personajes populares con música tropical de fondo y amores inter-clase (versión chilena de los romances interraciales en las series gringas). La historia urdida por el equipo encabezado por los ex TVN Patricio González (director) y Larissa Contreras (guionista) garantiza conflictos, acción y personajes suficientes para una teleserie que en sus primeras emisiones resulta entretenida (con detalles interesantes, como el paralelo entre médicos y carniceros de la historia), aunque la reiteración y verbalización de las motivaciones de los personajes parece a ratos insultar la inteligencia del espectador. Además, la sucesión de eventos parece algo excesiva. Ejemplo: la protagonista (Ángela Prieto) se pelea con su novio, se enamora de otro, vuelve con el original y decide casarse ¡en UN mes más!, todo eso dentro de los primeros tres capítulos. Las partes de la receta no son originales, pero el total muestra potencial, complementado por el aporte de talentos como el de Cantillana. Suele pasar con teleseries de Chilevisión que el ritmo no sólo decae al poco tiempo; prácticamente se estanca, como haciendo hora esperando los episodios finales. La gran pregunta es cómo evolucionará este paciente. NOTA 5,5.