S.O.S. Ciudadano

el-mercurio-contra-fachadaRafael Cárdenas / Para Observatorio /  “Lo que sí hay que reconocer es que en El Mercurio se da una singular esquizofrenia editorial entre su versión impresa y el blog, donde se brinda amplia acogida a las más variadas opiniones. Ello, en tanto no critiquen a la primera o al blindado Hermógenes Pérez de Arce, cuyas panfletarias monsergas pinochetista de los días miércoles, en las que semanalmente insultaba a medio mundo, han pasado ha sere reemplazado por un actuar clandestino en el blog bajo el alias de Sergio (Hermógenes) Feliú Justiniano.”Al margen de que aún no hayamos alcanzado una democracia en serio, en que se dé el gobierno de la mayoría y no el cogobierno de aquélla con una minoría sobre representada -merced a una institucionalidad ad hoc legada por la Dictadura y cuya llave maestra es el antidemocrático sistema binominal-, hay que recordarle a nuestra autocomplaciente y extraviada clase política que tampoco resultará posible una situación de Estado de Derecho y democracia plena mientras no exista un verdadero pluralismo en un escenario de la más amplia libertad de prensa, lo que estamos muy lejos de cumplir.

Como bien destaca el investigador norteamericano Ken Dermota en su trabajo traducido al castellano como “Chile Inédito” (Ediciones B Chile S.A., 2002), mientras en Estados Unidos (así como en las principales democracias occidentales) la libertad de prensa y el pluralismo constituyen basamentos fundamentales e imprescindibles de la democracia y el Rule of Law, en nuestro país, en cambio, se los considera como “la guinda de la torta”, i.e., como un plus deseable, pero que no representa un pre requisito o conditio sine qua non de la democracia.

Quisiera destacar aquí lo que a mí me significa la pobreza extrema de nuestra prensa duopólica de derecha, a la que he motejado en varias ocasiones como la más pobre del Continente Americano, con la sola excepción de Cuba, como una forma de ejemplificar desde un punto de vista muy personal, conocido por experiencia propia, el grave problema de falta de pluralismo y libertad de prensa que sufrimos en esta democracia de mentira o Transición eterna en que vivimos prisioneros desde 1990.

Puedo testimoniar que sufro de dicha situación de pobreza en forma muy directa a través del rechazo permanente para mis envíos de comentarios a los diversos medios nacionales.

Efectivamente, no obstante haber dirigido siempre simultáneamente dichos comentarios a todos los diarios impresos de Santiago (salvo La Cuarta), junto a otras publicaciones periódicas y a El Sur de Concepción, es éste el único diario que, de vez en cuando, publicaba mis cartas (cosa que ya no ocurre), aunque casi siempre reducidas a no más de un tercio de su extensión original. También han acogido mis envíos las publicaciones periódicas El Periodista, Punto Final y The Clinic, lo que agradezco.

En El Mercurio de Santiago, hace ya 8 años que no se me publica nada, no obstante haber reclamado en forma explícita por ello en varias ocasiones, sin siquiera recibir un acuse de recibo al respecto. Como buena prueba de la grosera censura que sufro en dicho medio, puedo agregar que el desaparecido Diario Siete, durante su corta existencia de poco más de un año, me publicó más de 50 cartas, todas las cuales, fueron simultáneamente enviadas a El Mercurio (de hecho, varías de ellas daban respuesta o se referían a cartas o artículos publicados por dicho diario), así como al resto de los medios mencionados, sin que el decano publicara ninguna. Lo más exasperante de esta situación, es que no tengo explicación alguna de esta actitud discriminatoria hacia mí de parte de “la Tribu”, y sólo puedo especular acerca de un capricho de nuestro Rupert Murdoch criollo, lo que dista de ser un consuelo.

Lo que sí hay que reconocer es que en El Mercurio se da una singular esquizofrenia editorial entre su versión impresa y el blog, donde se brinda amplia acogida a las más variadas opiniones. Ello, en tanto no critiquen a la primera o al blindado Hermógenes Pérez de Arce, cuyas panfletarias monsergas pinochetista de los días miércoles, en las que semanalmente insultaba a medio mundo, han pasado ha sere reemplazado por un actuar clandestino en el blog bajo el alias de Sergio (Hermógenes) Feliú Justiniano.

En el caso del diario La Nación, éste tampoco me publica nada desde hace años, pese ha haber reclamado el año 2006 directamente ante Jorge Olave por recomendación de Felipe Portales, sin resultado alguno. Lo último que recuerdo publicado, eran cartas que decían relación con el caso Spiniak y sus protagonistas, tales como Longueira y el abogado Espejo (el mismo que pretendió ser nombrado Fiscal Nacional). Ello coincide con el término de la dirección de Alberto Luengo en La Nación, quien entiendo fue despedido por presión de la UDI, en uno más de los tantos actos de amedrentamiento que abundaron durante dicho período.

La Tercera no recuerdo que me haya publicado nunca una carta, con excepción de una de ya muy antigua data, en que sugería, entre otros aportes a nuestra Transición, negociar con el Gobierno de Su Majestad británica el destierro de Pinochet en Santa Elena, para beneficio y satisfacción de todas las partes involucradas, incluido el ex dictador. Las Últimas Noticias, en tanto, me ha publicado muy esporádicamente una que otra carta.

Como le ha de constar a cualquiera que haya leído páginas web, la ausencia de mis cartas en la prensa nacional, no tiene su explicación en que yo no las escriba.

Finalmente, pregunto: ¿es que no hay nadie entre nuestros representantes que pueda influir en alguna forma para poner fin a esta situación de censura de que doy cuenta, si no en el duopolio El Mercurio-Copesa, al menos en el diario La Nación?; ante tal situación de miseria periodística, ¿cómo puede nuestro actual Gobierno, a través de su Ministro de Economía, tener el desparpajo para afirmar que se dispone a pedir la nulidad del fallo de CIADI -cuyo cumplimiento conllevaría la anunciada aparición de un nuevo medio que nos signifique un mínimo de pluralismo- “por una cuestión de principios”?

S.O.S. Ciudadano

Al margen de que aún no hayamos alcanzado una democracia en serio, en que se dé el gobierno de la mayoría y no el cogobierno de aquélla con una minoría sobre representada -merced a una institucionalidad ad hoc legada por la Dictadura y cuya llave maestra es el antidemocrático sistema binominal-, hay que recordarle a nuestra autocomplaciente y extraviada clase política que tampoco resultará posible una situación de Estado de Derecho y democracia plena mientras no exista un verdadero pluralismo en un escenario de la más amplia libertad de prensa, lo que estamos muy lejos de cumplir.

Como bien destaca el investigador norteamericano Ken Dermota en su trabajo traducido al castellano como “Chile Inédito” (Ediciones B Chile S.A., 2002), mientras en Estados Unidos (así como en las principales democracias occidentales) la libertad de prensa y el pluralismo constituyen basamentos fundamentales e imprescindibles de la democracia y el Rule of Law, en nuestro país, en cambio, se los considera como “la guinda de la torta”, i.e., como un plus deseable, pero que no representa un pre requisito o conditio sine qua non de la democracia.

Quisiera destacar aquí lo que a mí me significa la pobreza extrema de nuestra prensa duopólica de derecha, a la que he motejado en varias ocasiones como la más pobre del Continente Americano, con la sola excepción de Cuba, como una forma de ejemplificar desde un punto de vista muy personal, conocido por experiencia propia, el grave problema de falta de pluralismo y libertad de prensa que sufrimos en esta democracia de mentira o Transición eterna en que vivimos prisioneros desde 1990.

Puedo testimoniar que sufro de dicha situación de pobreza en forma muy directa a través del rechazo permanente para mis envíos de comentarios a los diversos medios nacionales.

Efectivamente, no obstante haber dirigido siempre simultáneamente dichos comentarios a todos los diarios impresos de Santiago (salvo La Cuarta), junto a otras publicaciones periódicas y a El Sur de Concepción, es éste el único diario que, de vez en cuando, publicaba mis cartas (cosa que ya no ocurre), aunque casi siempre reducidas a no más de un tercio de su extensión original. También han acogido mis envíos las publicaciones periódicas El Periodista, Punto Final y The Clinic, lo que agradezco.

En El Mercurio de Santiago, hace ya 8 años que no se me publica nada, no obstante haber reclamado en forma explícita por ello en varias ocasiones, sin siquiera recibir un acuse de recibo al respecto. Como buena prueba de la grosera censura que sufro en dicho medio, puedo agregar que el desaparecido Diario Siete, durante su corta existencia de poco más de un año, me publicó más de 50 cartas, todas las cuales, fueron simultáneamente enviadas a El Mercurio (de hecho, varías de ellas daban respuesta o se referían a cartas o artículos publicados por dicho diario), así como al resto de los medios mencionados, sin que el decano publicara ninguna. Lo más exasperante de esta situación, es que no tengo explicación alguna de esta actitud discriminatoria hacia mí de parte de “la Tribu”, y sólo puedo especular acerca de un capricho de nuestro Rupert Murdoch criollo, lo que dista de ser un consuelo.

Lo que sí hay que reconocer es que en El Mercurio se da una singular esquizofrenia editorial entre su versión impresa y el blog, donde se brinda amplia acogida a las más variadas opiniones. Ello, en tanto no critiquen a la primera o al blindado Hermógenes Pérez de Arce, cuyas panfletarias monsergas pinochetista de los días miércoles, en las que semanalmente insultaba a medio mundo, han pasado ha sere reemplazado por un actuar clandestino en el blog bajo el alias de Sergio (Hermógenes) Feliú Justiniano.

En el caso del diario La Nación, éste tampoco me publica nada desde hace años, pese ha haber reclamado el año 2006 directamente ante Jorge Olave por recomendación de Felipe Portales, sin resultado alguno. Lo último que recuerdo publicado, eran cartas que decían relación con el caso Spiniak y sus protagonistas, tales como Longueira y el abogado Espejo (el mismo que pretendió ser nombrado Fiscal Nacional). Ello coincide con el término de la dirección de Alberto Luengo en La Nación, quien entiendo fue despedido por presión de la UDI, en uno más de los tantos actos de amedrentamiento que abundaron durante dicho período.

La Tercera no recuerdo que me haya publicado nunca una carta, con excepción de una de ya muy antigua data, en que sugería, entre otros aportes a nuestra Transición, negociar con el Gobierno de Su Majestad británica el destierro de Pinochet en Santa Elena, para beneficio y satisfacción de todas las partes involucradas, incluido el ex dictador. Las Últimas Noticias, en tanto, me ha publicado muy esporádicamente una que otra carta.

Como le ha de constar a cualquiera que haya leído páginas web, la ausencia de mis cartas en la prensa nacional, no tiene su explicación en que yo no las escriba.

Finalmente, pregunto: ¿es que no hay nadie entre nuestros representantes que pueda influir en alguna forma para poner fin a esta situación de censura de que doy cuenta, si no en el duopolio El Mercurio-Copesa, al menos en el diario La Nación?; ante tal situación de miseria periodística, ¿cómo puede nuestro actual Gobierno, a través de su Ministro de Economía, tener el desparpajo para afirmar que se dispone a pedir la nulidad del fallo de CIADI -cuyo cumplimiento conllevaría la anunciada aparición de un nuevo medio que nos signifique un mínimo de pluralismo- “por una cuestión de principios”?
rcardenas@adsl.tie.cl
Rafael Cárdenas
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