telechilito

Marco Antonio de la Parra / El Ojo bizco/ La Nación / Aquí estamos, en el fin del mundo. Lo compruebo cada vez que intento informarme de algo por la televisión. Mi mujer intenta saber algo de México o de España y hay que jugar a las adivinanzas o leer la cinta que rueda debajo de la imagen para tener alguna vaga idea de que hay otro mundo donde suceden otras cosas. La fuga a la CNN permite ciertos vistazos, pero siempre se produce esta sensación de aislamiento.  Nuestros telediarios le dan duro de partida a la delincuencia con todo el morbo posible y detallando cuidadosamente como se roba un cajero automático, cosa de que los rateros aprendan a hacerlo sin error alguno. El inocente y seguro cajero automático, nuestro confesionario, nuestros minuto de reflexión esperando a ver si nos concede su absolución financiera la tarjeta de débito o de crédito. Ya eso lo roban con un auto robado, todo es robado, a todos les roban. El otro día no más, pido una pizza y me dicen que han cerrado porque los acaban de asaltar. Ni siquiera se puede pedir una pizza. Lo grave es que eso se coma además un tercio de las noticias, otro tercio de política local y localista donde nos damos vuelta en que si hay o no presidenciable en la Concertación, si quieren o no tanto a Piñera como dicen las encuestas y dale que suene. El tercio final, como era de esperar, lo ocupan las noticias deportivas lo más locales posibles. Parece que no existiera otra cosa que nuestro intrascendente campeonato local y la trayectoria de nuestros jugadores en el extranjero. La crisis económica mundial toma algunos minutos, pero tampoco hay nadie que explique, comente o reflexione sobre este tremendo tema. Sigo buscando dónde comprender cómo es que llegamos a lo que llegamos y, sobre todo, como es que se va a producir este nuevo capitalismo que han anunciado post recesión. Un nuevo sistema de libre mercado en el momento en que ya nadie discutía que había otro posible modelo. La inquietud es más que absoluta y necesitamos un manual para ubicarnos en el mapa. Los telediarios, provincianos por fidelidad a su público, nos explican cuánto subió el dólar por acá y que, de una manera que no entiendo, todavía estaríamos a salvo de una demolición completa de la que no se salvan ni los dioses del Gran País del Norte. Extraño las épocas en que había comentaristas de política internacional como los hay todavía de deportes. Comentaristas de economía también hubo y hasta de cultura, se los juro. María Romero contaba las películas, cierto, pero era un signo de que el noticiero era algo más que delincuencia, politiqueo, fútbol, fútbol, fútbol y tenis. Además, como se han puesto de acuerdo para hacer los cortes comerciales al unísono, no hay posibilidad de fuga y nos quedamos esperando el pronóstico del tiempo que, más encima, no es exactamente igual según el canal de turno; las temperaturas varían hasta en cuatro grados según cada adelanto. No hay caso, la endogamia y el ombliguismo nacional no tienen vuelta. Seguiremos más preocupados del “Chupete” Suazo yo estoy muy preocupado que de la recesión ad portas que me tiene histérico y de otros países ni hablar. No existen. Chile habla de Chile, sólo le importa Chile y el resto queda muy lejos.