Televisión: lo que callas, lo que gritas.

denunciaPor Sebastián Montecino / La Nación / Cable a tierra /Con una técnica y un formato que ya fue usado por la TV en Estados Unidos, una periodista se disfrazó de adolescente y se dedicó a recorrer la web en busca de los pedófilos, que en las formas del programa se convirtieron en una especie de “viejo del saco 2.0”.

 Si no sale en la tele no existe. O al menos, carece de esa dimensión especial de realidad que le entrega a una situación determinada el estatus de “tema”.

Esta semana, la frase encontró algo de sentido con la investigación de “Informe especial” sobre los potenciales pedófilos en la red, que además de asquerosos y degenerados dignos de las penas infernales, demostraron ser una amenaza sombría y eficiente para vender kits de seguridad informáticos.

Son pocas las ocasiones en las que la televisión asume de manera autoconsciente sus responsabilidades sociales. En los programas de investigación periodística, por sus características, esta noción es más común y suele tentarse con todas las formas del escándalo para acentuar su discurso.

En el caso del ya legendario “Informe especial”, el efecto es aun más notorio. Usando una técnica y un formato que ya fue usado por la TV en Estados Unidos (imágenes que alguna vez incluso aparecieron en un reportaje de “Contacto”), una periodista se disfrazó de adolescente y se dedicó a recorrer la web en busca de los pedófilos, que en las formas del programa se convirtieron en una especie de “viejo del saco 2.0”.

Los encontró (dicen que el que busca, siempre encuentra), se masturbaron y exhibieron frente a la cámara web de la supuesta niña y terminaron en una cita clandestina que resultó ser una trampa para encararlos.

De ahí empezamos a hablar del “vacío legal” (los supuestos pederastas salieron por la suya de la “escena del crimen”, siendo que en otros países habrían sido arrestados sólo por ir a la cita), y de un hecho televisivo, el reportaje, nos pasamos a un “tema”, provocando diversas reacciones y acciones, incluso en el mundo político.

Somos animales rumiantes de imágenes. Hay diputados que llevan años trabajando este asunto, pero resaltan poco. Muchas de las modificaciones legales recientes en la materia han encontrado motivación suficiente para su aprobación gracias al escándalo y la sensación de emergencia promovida desde la TV.

No quiero juzgar la investigación. Mi interés está en verla como un ejemplo: la TV no nos dice qué es lo que debemos pensar, no nos programa como autómatas, ni cambia profundamente nuestras creencias, pero nos dice sobre qué pensar y sobre qué debemos tener opinión.

Quizás por eso hay que detenerse en lo que calla, como el conflicto mapuche o los problemas medioambientales, por poner sólo ideas.

La lista de temas tratados y los que son silenciados es dinámica. De la pedofilia y el abuso de menores poco se hablaba hace 10 años. Hoy es un debate abierto.

Los detenidos desaparecidos y las atrocidades de la dictadura fueron tema hace 10 años, hoy están silenciados y apenas afloran en juicios emblemáticos como el de Víctor Jara. La televisión dice mucho con lo que se ve en ella, pero también dice, y bastante, con lo que no aparece.