Toda la comunicación… toda

señal 3 de la VictoriaClaudio Avendaño Ruz /  Director magíster internacional en Comunicación Universidad Diego Portales / Poco conocimiento sobre los medios a nivel local y comunitario ha sido sistematizado. Siendo parte constituyente del sistema infocomunicativo, falta camino por recorrer para entenderlos.

La comunicación -por definición- es poliédrica, es decir, tiene varias dimensiones y espacios de acción, que van desde nuestros propios ensimismamientos hasta las relaciones grupales, desde ver una película a las interacciones virtuales. En el ámbito específico de la comunicación mediada conviven medios locales, regionales, nacionales y globales que, junto con las TI (tecnologías digitales), forman la “convergencia comunicacional y cultural de nuestros días”, como dice Henry Jenkins.

La investigación en comunicación -tanto la académica como aquélla derivada de las necesidades de la industria- tiende a centrarse en lo regional/nacional/global. Poco conocimiento sobre los medios de comunicación que funcionan a nivel local y comunitario ha sido sistematizado. Siendo parte constituyente del sistema infocomunicativo, falta camino por recorrer para entender su funcionamiento, la interacción con sus usuarios, las líneas programáticas y, en especial, las dificultades y desafíos para mantenerse en el aire.

Un esfuerzo interesante en esa dirección es el trabajo desarrollado por Cristian Cabalín (http://web.upla.cl/revistafaro/n11/art11.htm) publicado en la revista Faro, de la Universidad de Playa Ancha, de Valparaíso. El autor analiza el impacto de dos medios en las comunidades donde están insertos: se trata de dos poblaciones emblemáticas de Santiago. La radio en la Población La Bandera y el Canal 3 de La Victoria. Ambos sectores sociales con alta densidad política (en especial en los ’80) y con destacable resistencia a la dictadura, aunque en la actual democracia esas características se han visto eclipsadas.

¿Y qué dicen los pobladores sobre estos medios? En primer lugar, expresan una alta valoración de su existencia y función social. Son medios de comunicación que dan cuenta de la realidad cercana y, por tanto, mucho más matizada y menos estereotipada que las representaciones que entregan los medios industriales masivos. Sin embargo, aunque todos la conocen, la radio San Ramón FM muestra bajos niveles de audiencia. Esta situación contrasta con el Canal 3 de La Victoria, que mantiene una alta valoración y amplio visionado. Esto se debería -según el autor- a que los pobladores tienen un alto uso, valoración y credibilidad de la televisión, lo que se extendería al canal comunitario, más allá de su calidad endógena. En nuestro país la televisión es el medio informativo central para los individuos, tanto a nivel nacional como comunitario.

Un segundo aspecto es la función identitaria de los medios comunitarios. La identidad es básicamente un concepto relacional, define el “nosotros” y, al mismo tiempo, distingue la “otredad”. Esta función de los medios comunitarios es vital en una sociedad líquida como la actual, en que los sentidos sociales, y por lo tanto también la subjetividad, tienen un carácter nómade. Las propuestas simbólicas y los macrorrelatos del mundo que vivimos han cambiado y están en constante mutación. De allí que necesitemos (lo que Berger y Luckmann llaman) las “comunidades de vida”; es decir, aquellos “depósitos” de sentido a partir de los cuales nos vamos construyendo como sujetos. He aquí uno de los valores más destacables de los medios comunitarios: ayudan a sentirse parte de una comunidad, con todo el claro/oscuro que esto significa. Son las anclas simbólicas desde donde nos proyectamos y de las que también renegamos en algún minuto, aunque siempre estarán con nosotros. No se trata sólo de verse reflejados en un medio comunicativo y reconocer lugares, voces, situaciones; también -quizás lo más relevante- es concebirlos como espacios donde nos vamos construyendo como individuos y miembros activos de ciertos colectivos.

Un tercer aspecto que destacan los pobladores respecto de sus medios comunitarios es que reflejan en forma mucho más matizada y cercana la vida en la población, en comparación con los medios masivos. Ellos suelen ser bastante críticos respecto de la representación que se les hace, en términos de “encajonarlos” o maquetearlos, lo que como sabemos afecta la imagen de sí mismos que tienen los grupos sociales, independientemente de cómo los ven otros sectores de la sociedad. No es inocuo que se tenga una imagen negativa de uno mismo por vivir en una determinada comunidad, aparte de la exclusión de los “otros”.

Debemos defender y promover la comunicación propia del tercer sector de la comunicación, porque existen instrumentos que dan cuenta de los individuos en sus localidades y comunidades, lo que significa que para estos medios no hay “receptores” ni “audiencias”, hay seres humanos reconocidos por largo tiempo. Son los mismos que compran en el almacén al lado de la casa del comunicador y que encarnan esa indispensable sensación de “nosotros” en estos tiempos de fluidez.

El Estado y los gobiernos tienen una indiscutible responsabilidad al respecto: en ellos recae la misión de mejorar la calidad comunicacional de sus habitantes, incluyendo la permanencia de los medios comunitarios como parte del derecho a la comunicación.