Todos somos Charlie Hebdo

Compartimos editorial de La Segunda en torno a la libertad de expresión contra la que se atentó en el ataque ocurrido en Francia.

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“Fue un ataque contra las sociedades que defienden la tolerancia y la libertad de expresión, y contra la gran mayoría de los musulmanes europeos que son acogidos por esas sociedades y respaldados por esos derechos”.

El ataque de ayer en París contra la revista satírica Charlie Hebdo que dejó un saldo de 12 muertos y 20 heridos fue el más grave atentado terrorista en Francia en más de medio siglo. François Holland, Barack Obama, Angela Merkel y otros líderes expresaron su indignación al atentado, y miles de franceses participaron en vigilias en que manifestaron su apoyo a las víctimas, donde rezaban “je suis Charlie”.

Con lo que pareció precisión militar, dos hombres con pasamontañas entraron al semanario durante una reunión editorial y asesinaron a su director, Stéphane Charbonnier (“Charb”), los caricaturistas Jean Cabut (“Cabu”), Georges Wolinski, Bernard Verlhac, y dos policías, uno de ellos el guardaespaldas de Charbonnier. Antes de escapar gritaron que Mahoma había sido vengado. En las primeras horas de hoy, un sospechoso se entregó a la policía, y otros dos, hermanos nacidos en Francia, eran buscados por las autoridades. Posteriormente, una policía fue abatida a tiros en el sur de París.

Los dibujantes y periodistas de Charlie Hebdo se dedicaban a ofender a todas las religiones, así como a políticos y artistas, con humor crudo y vulgar. Una portada mostró tres rollos de papel higiénico identificados como la Biblia, el Corán y la Torá, bajo el titular “En el wáter todas las religiones”. La publicación ha recibido numerosas demandas en años recientes, 14 de ellas de la Iglesia Católica.

Pero el Islam es el blanco de su humor que más ha llamado la atención. El 2006 reprodujo doce caricaturas de Mahoma, publicadas por el diario danés Jyllands-Posten, que generaron protestas con cientos de muertos. En 2011, publicó una edición en que declaró a Mahoma como su “editor visitante”, y sus oficinas fueron atacadas con bombas incendiarias. La portada de la siguiente edición mostró a un hombre musulmán besando a un caricaturista con el titular “El amor: más fuerte que el odio”.

Muchas de las caricaturas de Charlie Hebdo son intencionalmente ofensivas. El 2011, el gobierno francés cerro embajadas, centros culturales y colegios en 20 países para prevenir ataques tras su publicación de caricaturas vejatorias de Mahoma. El ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, cuestionó si era “sensato o inteligente verter aceite sobre el fuego”. El editor Charbonnier respondió: “No creo estar matando a alguien con una lapicera. No estoy arriesgando vidas. Cuando activistas necesitan un pretexto para justificar su violencia, siempre lo encuentran”.

Como lo han dicho muchos musulmanes, la violencia contra ofensas no representa los verdaderos valores del Islam. En 628, el mismo Mahoma les extendió protección a los monjes del monasterio de Santa Catalina en el Sinaí. Tras el ataque incendiario del 2011, un musulmán norteamericano escribió que Mahoma había prohibido que se lastimara a quienes se burlaban de él y, en vez de eso, rezaba por ellos.

También se debe tener en cuenta que la gran mayoría de las víctimas de actos terroristas llevados a cabo por musulmanes son otros musulmanes. Y muchos otros grupos, religiosos y laicos, han cometido barbaridades. Fueron europeos quienes protagonizaron la más violenta persecución religiosa al intentar exterminar a los judíos durante el holocausto, y cristianos ortodoxos los que masacraron a más de 8 mil musulmanes en la ex Yugoslavia en 1995.

La distinción relevante no es por religión o etnicidad, sino entre quienes imponen sus valores por violencia y quienes respetan los derechos de otros. Los asesinatos de ayer no fueron dirigidos sólo contra los editores de una publicación y quienes se encontraban cerca de ellos. También fue un ataque frontal contra todas las sociedades que defienden la tolerancia y la libertad de expresión, y especialmente contra la gran mayoría de los musulmanes europeos, que son acogidos por esas sociedades y respaldados por esos derechos.

Efectivamente, todos somos Charlie Hebdo, y todos debemos defender su derecho a expresarse y también a ofender.

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