TV y política: un debate necesario

tv chileDaniel Fernández / Director de TVN / La TV actúa como conexión diaria entre la política y los ciudadanos. Las personas deciden masivamente sus preferencias por lo que ven en TV, y los actores políticos construyen su posicionamiento a través de sus apariciones en TV.

Es posible constatar empíricamente, a través de la medición de las audiencias, que al público, de buenas a primeras, no le atrae la política. Las entrevistas, los programas políticos y las notas sobre política en los noticiarios tienden a alejar a las audiencias de la pantalla, en forma bastante sistemática. Es tal vez un reflejo más de aquello que muchas encuestas indican: la gente ve a la política cada vez más alejada de sus intereses cotidianos.

En este contexto, realizar un debate presidencial por TV que realmente convoque audiencias es una tarea difícil. No se trata simplemente de organizar un coloquio; se trata de hacer un programa de televisión que permita un intercambio ágil de ideas, de modo que las audiencias se formen una opinión sobre las propuestas de cada uno, pero por sobre todo, una impresión del carácter y de la confiabilidad de los candidatos para gobernar el país (la TV es más impresionista que analítica; más emocional que reflexiva).

El debate organizado por TVN es un esfuerzo concreto para reposicionar a la política como una actividad fundamental, sin la cual no hay democracia posible. Por primera vez en Chile los candidatos pudieron confrontarse; se pudo ver (literalmente) las reacciones de los candidatos ante los emplazamientos de sus contendores, y hubo participación del público: dentro del set del programa, a través de sus opiniones en la encuesta CEP y mediante preguntas directas a los candidatos (llegaron más de 3.000).

Todas las críticas son bienvenidas, y permiten mejorar el formato hacia el futuro, pero llamar “barras bravas” a la expresión de adherentes mediante la aprobación o el rechazo representa una infravaloración de la participación de los ciudadanos partidarios. Y decir que no hubo debate, cuando todos los medios sin excepción llevan días informando y analizando las consecuencias de los emplazamientos entre los candidatos, representa un comentario al menos equivocado.

Respecto al horario programado para el debate, éste corresponde al horario prime, en el cual el encendido de televisores es el mayor diariamente, esto es, entre las 22 y las 24 horas. Antecederlo con la exhibición de la teleserie nocturna más exitosa que haya habido nunca en el prime en la historia de la TV chilena no es desmerecer el debate; por el contrario, es un importante aporte, ya que en la TV los trenes programáticos (la entrega de audiencia como posta entre un programa y otro) realmente existen, aun con el control remoto en la mano. La entrega de 42 puntos de rating de “Donde está Elisa” al debate apalancó su éxito en el desempeño de audiencias: 26 puntos promedio con un peak de 32 puntos. Más de 4 millones de personas vieron el debate.

Y tal rating no es comparable con debates anteriores transmitidos por múltiples canales; éste tuvo competencia directa de 6 canales de TV abierta, más el cable, y sin embargo ganó en su horario.

Queda mucho por debatir sobre este tema, pero nadie puede negar que este debate marcó la pauta de lo que serán estos programas a futuro, dejando atrás formatos añejos que no le hacen ningún favor a la democracia ni al acercamiento de las audiencias con la política.