TVN y los cambios

Columna de Luis Breull

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La reciente renuncia del abogado Mauro Valdés al cargo de Director Ejecutivo de Televisión Nacional “por razones personales” solo puede sorprender a quienes no conocen las lógicas de la industria televisiva en general, ni del canal público en particular, además de su núcleo incondicional dentro de Bellavista 0990. Hasta hace muy poco los ejecutivos y funcionarios de su confianza seguían sosteniendo que sería confirmado en la continuidad del cargo, más allá de su mala relación con el Directorio de TVN y de las críticas hacia su gestión, estilo de liderazgo y propuesta de contenidos.

Valdés se aleja antes de ser destituido por el directorio -donde ya había consenso- y la estación pública queda con un interinato en manos del director de gestión, Enzo Yacometti. Él suma a sus responsablidades la dirección ejecutiva y también las decisiones de programación, por la falta de un director del área. Marcelo Bravo, el último ejecutivo que desempeñó ese cargo renunció en diciembre pasado para integrarse hace pocas semanas a Mega como gerente de márketing (una vez terminado su bloqueo contractual de seis meses).

¿Cómo entender la etapa actual de TVN y el nuevo remezón interno? Ya el 2011 publiqué en este blog una columna sobre la crisis conceptual del canal público. Entonces daba cuenta de un diagnóstico que se ha agudizado con el tiempo. Hacer televisión con un sentido público, desde el Estado, con calidad y diferenciación en el entorno competitivo actual es prácticamente imposible si no se cuenta con recursos propios, directrices claras, más convicción y conocimiento en la generación de contenidos que agreguen valor en este desafío.

TVN no es un canal más en el mercado. Tiene por sentido atender a ciudadanos y no a meros consumidores de retail televisivo. Su norte no está en la rentabilidad creciente, junto con la permanente baja de costos, ni en los bonos –cuadruplicados en una década- por metas que inspiran una gestión radicada solo en la racionalidad económica.

Quien dirige TVN debe ser un hermeneuta de lo social y un articulador de sentidos que representen las múltiples identidades de los públicos que integran el país. Alguien que sepa dar cuenta de modo diferenciados de los desafíos de construir y representar coherentemente un relato sobre el espacio público que hoy congrega a las personas.

La gestión de Mauro Valdés fue compleja desde el inicio. Primero porque debió anticipar su llegada a la estación debido a que con el ingreso de Luksic a la propiedad de Canal 13, fue precisamente David Belmar, entonces director de gestión de TVN, quien es reclutado para dirigir ese proyecto. Belmar partirá llevando consigo a tres directores claves -comercial, prensa y estudios- junto a un grupo de rostros y realizadores.

A los pocos meses renuncia la directora de programación y al cumplir un año debe enfrentarse al accidente de Juan Fernández, donde fallecen Felipe Camiroaga y un grupo de periodistas y camarógrafos del Canal.

Lo que parecía un inicio duro va plasmando además una relación compleja con el mundo político. Desde el oficialismo se critican las coberturas de las marchas estudiantiles en los informativos de TVN y tampoco cae en gracia el debut de la serie Los Archivos del Cardenal. Para el recuerdo quedará la iracunda reacción de diputado Alberto Cardemil denunciando que la pantalla de TVN era reflejo de una verdadera mafia concertacionista enquistada en sus estructuras.

Si hay algo que caracterizó la gestión de Valdés fue sostener hasta el final sus decisiones y lealtades. Por lo mismo, defendió esta serie en su pantalla, así como también buscó innovar en otros contenidos como El Reemplazante, la apertura del horario de sobremesa para teleseries nacionales con Esperanza, amparar proyectos ligados a la cultura como Do-Re-Mix y ¿Con qué sueñas?, entre muchos otros. Se agrega a esto la inauguración del centro de noticias, la potenciación del sitio 24Horas.cl y la creación del programa El Informante.

Todo lo anterior se complementa con una serie de fracasos y frustraciones en pantalla como el docurreality Las Argandoña, el tono de entretención facilista que adquirió la programación de entretención –a veces degradante y vulgar-, más el giro de las teleseries vespertinas hacia constantes comedias. Un tiro de gracia fue la partida a Mega de la directora del área dramática, María Eugena Rencoret, acompañada de casi todo su equipo de productores, realizadores, guionistas y buena parte de los actores protagónicos.

La presión por competir llevó a TVN a tener una pantalla de lunes a viernes que casi durante veinte horas emite solo teleseries, noticiarios y magazines de conversación light y farándula en refritos.

Aquí es donde se plasma el jaque al proyecto de televisión pública que hoy requiere nuevas vías de financiamiento directo. La renuncia a la diversidad de contenidos en pro de la rentabilidad de lo vendible. El abandono de la programación infantil y juvenil. La escasa oferta de programas de calidad orientados a audiencias más informadas en horarios de alta audiencia. No asumir el riesgo de la innovación permanente para jugar a contener a los telespectadores fieles (envejecidos y poco diversos).

Todos estos son enclaves o nudos que la nueva administración de TVN deberá enfrentar, incluyendo el desafío de crear nuevas señales para fomentar la integración multicultural y de los nuevos grupos sociales para ampliar las miradas sobre el espacio público. Hacer TVN no es solo programar acertadamente o ser rentable en la distribución de productos en una góndola de retail, sino construir parte del rostro y del ethos de Chile.

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