TVN y televisión pública: el debate no estaba muerto

Sebastián Montecino / La Nación / Telémaco / Debatir sobre la televisión pública en Chile siempre es interesante. Sobre todo si consideramos que, en la práctica, ésta es casi inexistente. El único canal del espectro actual que puede cumplir esa función es TVN, pero encuadrado en un marco legal que lo obliga ser su propia fuente de financiamento, está amarrado a los mismos compromisos comerciales que el resto de las estaciones de TV.Seamos francos: la televisión que vive de los comerciales, se debe a sus avisadores, no a sus televidentes. Por muy estatal que sea su propiedad, son los privados los que pagan las cuentas y los sueldos a fin de mes. El poder de los particulares sobre el “canal de todos” se nota demasiado: por algo, por ejemplo, una poderosa empresa puede vender carne semipodrida por años sin que nadie la denuncie.

La alternativa, el financiamiento estatal, implica una pérdida de independencia que no todos están dispuestos a aceptar. Darle poder al Estado, ¡qué espanto, niña por Dios!

Confundir a la televisión pública con una herramienta política es un error comprensible hace 15 años, cuando veníamos saliendo de la dictadura, cuando el número de canales comerciales era limitado y el modelo de desarrollo privado aún no estaba maduro. Hoy, con la oferta programática pobre de contenidos, diversidad y creatividad, el sistema pide a gritos una modificación profunda.

El Gobierno envía esta semana al Congreso sendos proyectos sobre televisión, uno sobre TV digital y otro que modifica el funcionamiento en TVN. Ambos serán fundamentales, sobre todo porque tras la definición de la norma digital (dilatada hasta el cansancio), la industria de la pantalla chica sufrirá cambios profundos. No hablo del aspecto netamente tecnológico, que de por sí promete un salto cualitativo importante, sino de la potencial y dramática ampliación del espectro actual: en palabras simples, donde cabe uno, ahora cabrán 4 canales.

Con ello la competencia se intensifica. También las opciones para los televidentes. Y aunque no conocemos el contenido del proyecto de ley en su totalidad (apenas algunos adelantos dados la semana pasada) no hay que ser pitoniso para pronosticar un intenso y apasionado debate, uno que desnudará toda la gama de intereses que se mueven en torno a la industria. Por lo demás, la tele es como el fútbol y todos tienen una opinión.

La pregunta que nos queda no deja de ser interesante. ¿Profundizaremos el actual modelo de desarrollo para TVN, o modificaremos el camino hacia un verdadero canal de todos? La respuesta, más temprano que tarde, saldrá del Parlamento.